Durante los siglos, bajo los reinados de los Borbones, la Guardia Real de España experimentó una profunda transformación, adaptándose a las necesidades militares y políticas de la época.
Con la llegada de Felipe V al trono, se emprendió una reestructuración de las fuerzas de la Casa Real inspirada en el modelo francés. En 1702, se disolvieron los antiguos cuerpos reales y se creó un nuevo Cuerpo de Casa Real compuesto por 6000 hombres, incluyendo dos regimientos de infantería (uno valón y otro español) y un regimiento de caballería para el servicio directo de la familia real. Se mantuvo la Guardia de Alabarderos, mientras que la influencia francesa introdujo los mosqueteros de la Guardia de la Persona.
En 1704, se establecieron las Reales Guardias de Corps, una unidad de élite de caballería encargada de la escolta personal del monarca, inspirada en la Garde du Corps francesa.
Manuel Godoy, joven Guardia de Corps (1788), pintado por Francisco Folch de Cardona, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Idealización de un Abanderado de la Guardia Valona
Durante el siglo XVIII, la Guardia Real se consolidó como un cuerpo de élite al servicio directo del monarca, desempeñando funciones tanto de escolta como de combate. Podríamos destacar las siguientes unidades dentro delas reformas borbónicas:
Reales Guardias de Corps: creadas en 1704, integraban compañías de caballería compuestas por nobles españoles, flamencos, italianos y, posteriormente, americanos. Estas unidades actuaban como escolta personal del rey y participaban activamente en campañas militares.
Guardias Valonas: establecidas en 1703, eran un cuerpo de infantería compuesto inicialmente por soldados católicos procedentes de los Países Bajos del sur (actual Bélgica). Junto con las Guardias Españolas, formaban la élite de la infantería de la Guardia Real, participando en importantes campañas como la Guerra de Sucesión Española y en acciones destacadas como el sitio de Gibraltar (1779–1783).
Carabineros Reales: unidad de caballería pesada encargada de la escolta real y de misiones de choque en el campo de batalla.
Artillería Volante: establecida en 1796 por Vicente María de Maturana, esta unidad de artillería móvil fue diseñada para acompañar a la caballería, destacándose por su rapidez y eficacia en el desplazamiento y en el combate. Que quedó encuadrada en el Real Cuerpo de Guardias de Corps, bajo el mando directo de Godoy.
Grandes fueron las exigencias para estas tropas durante los reinados de Felipe V, Carlos III y Carlos IV, y hasta bien entrado el siglo XIX, cuando por orden del general Espartero y como consecuencia de los avatares políticos y carencias económicas de la época fueron prácticamente disueltas en 1841.
Entre 1824 y 1825, Fernando VII emprendió una profunda reorganización de la Guardia Real, estableciendo dos cuerpos principales:
Guardia Real de Línea: Dividida en Guardia Interior y Guardia Exterior. La Guardia Interior, compuesta por Alabarderos y Guardias de la Real Persona, se encargaba de la seguridad dentro del Palacio Real. La Guardia Exterior incluía una división de infantería con dos brigadas de línea, una división de caballería, una batería de artillería montada, una compañía de zapadores-minadores y una Compañía del Tren, encargadas de la protección exterior del palacio y de la familia real en sus desplazamientos.
Guardia Real Provincial: Creada para recompensar la lealtad de las milicias provinciales, esta unidad se estructuró en dos brigadas —Granaderos y Cazadores Provinciales— que se alternaban anualmente en el servicio de guardia.
Tras la muerte de Fernando VII en 1833, su viuda, María Cristina de Borbón, asumió la regencia en nombre de su hija, la futura Isabel II. Durante este periodo, marcado por la primera guerra Carlista, la Guardia Real mantuvo su estructura, pero su número de efectivos comenzó a disminuir.
En 1841, una vez finalizada la guerra, se decretó la disolución de la Guardia Real Provincial y del Real Cuerpo de Guardias de la Persona del Rey, así como de la Batería Real Montada. La Guardia Exterior de infantería y caballería se incorpor al ejército regular en diciembre del mismo año.
Durante el reinado de Isabel II, la Guardia Real experimentó varias reorganizaciones significativas:
1841: El regente Baldomero Espartero redujo la Guardia Real al mínimo, manteniendo solo el Cuerpo de Alabarderos y creando el Escuadrón de Guardias de la Reina para la escolta de la monarca.
7 de octubre de 1841: Se produjo un intento de secuestro de la joven reina Isabel II y su hermana Luisa Fernanda, liderado por el general Diego de León y el general Manuel de la Concha con el objetivo de deponer a Espartero y restaurar la regencia de María Cristina.
Los conspiradores lograron acceder al Palacio Real con la complicidad de la guardia exterior, pero fueron detenidos por los alabarderos de la Guardia Real dirigidos por el coronel Domingo Dulce y Garay, quienes defendieron las escaleras que conducían a los aposentos reales.
El enfrentamiento duró hasta las cinco de la mañana y culminó con la captura de Diego de León, que fue ejecutado el 15 de octubre de 1841 en la Puerta de Toledo de Madrid.
1852: Tras un atentado contra Isabel II perpetrado por el cura Martín Merino, en el que la intervención de un alabardero salvó la vida de la reina, se ampliaron las compañías de alabarderos y se reforzó la seguridad de la monarca.
Son unas reformas que reflejan la transición de la Guardia Real hacia un modelo más ceremonial y simbólico, adaptado a las nuevas circunstancias políticas del país.
Los Alabarderos que salvaron la vida de Isabel II el 7 de octubre de 1841