En mi propia historia junto a mi perro muchas veces he sentido que ya no podía más, me he sentido frustrada, con miedo, y con culpa, mucha culpa. He sentido que soy una mala tutora. A momentos también me he sentido incomprendida, sola, y perdida, no sabiendo qué hacer ni de dónde venía todo esto, o si es que era normal. Por eso te entiendo. Porque yo también he estado ahí.
No nacemos sabiendo cuidar de un perro. Y cuando ese perro llega a nuestra vida todo esto nos cae de golpe. Y a veces es mucho.
Por lo mismo quiero brindarte un espacio seguro y respetuoso (contigo, no solo con tu perro), en donde puedas explorar, comprender y transitar todo lo que despierta la convivencia con él. Un espacio donde puedas expresarte libremente, a tu ritmo, sabiendo que estaré ahí para escucharte sin juicios, y para sostener tu proceso desde el cuidado y la compasión.
No puedo prometerte solucionar nada, pero sí puedo ofrecerte algo que para mí ha sido esencial: atravesar lo que haya que atravesar, pero acompañada. Porque quienes acompañamos también necesitamos ser acompañadas.