El trauma de ver y reconocer los cuerpos de sus seres queridos fue un momento devastador que la marcó para toda la vida. Cada recuerdo, cada canción, revive ese dolor, dejando claro que la violencia no sólo destruye cuerpos, sino también almas.
El trauma de ver y reconocer los cuerpos de sus seres queridos fue un momento devastador que la marcó para toda la vida. Cada recuerdo, cada canción, revive ese dolor, dejando claro que la violencia no sólo destruye cuerpos, sino también almas.
La pérdida de su hermano no sólo quebró su núcleo familiar, sino también su percepción del mundo. Aunque la vida continuó, siempre existió un vacío imposible de llenar. Las relaciones familiares y comunitarias cambiaron; muchos vecinos y personas nuevas desconocen los hechos o los miran con indiferencia, lo que aumenta la sensación de soledad de quienes vivieron directamente el horror.
Si bien recibió una ayuda humanitaria simbólica, siente que los procesos de reparación han sido ineficaces y que las verdaderas víctimas han sido olvidadas. Este abandono estatal refuerza el dolor y la sensación de injusticia que ha acompañado a las familias afectadas.
La transmisión de la memoria histórica también se ha visto afectada. Sandra considera que las nuevas generaciones no comprenden ni valoran lo ocurrido. Para los jóvenes, la masacre es apenas una historia lejana, y no existe un interés real por recordar o aprender de ella, lo que amenaza con el olvido total de las víctimas y sus luchas.
A pesar de los intentos de memoria, siente que ningún esfuerzo podrá reparar el daño sufrido. El dolor permanece intacto, y aunque la vida sigue, la herida emocional que dejó la violencia permanece abierta y latente en quienes vivieron el conflicto en carne propia.