Museo de la Herramienta de Mano - MuHeMa
– Villa Atuel, San Rafael. Mendoza –
Una reflexión situada
Un registro de la memoria colectiva a través de las herramientas cuyos oficios y saberes posibilitaron la formación y el desarrollo de la comunidad
Un espacio creado para preservar y ejercitar la memoria del hacer de hombres y mujeres; de los sentires que acompañaron su devenir y los esfuerzos que forjaron el lugar para vivir: la casa propia, las escuelas, las iglesias y sus cultos, los comercios, las fábricas y sus obreros, los sembradíos y sus trabajadores.
En el Mu.He.Ma. reunimos y exhibimos herramientas con la intención de aprender y reaprender lo que tienen para seguir enseñándonos. Al sacar la herramienta de su medio de origen y del contacto con la mano creadora, exponiéndola a su vez en un espacio de memoria y revalorización - “extra ámbito”-, el museo le confiere a la misma cierto halo simbólico.
Alentamos así, la innata capacidad de simbolizar lo cotidiano que posee la identidad popular colectiva.
El trabajo como ordenador social historiado y propuesto, con sus medios, como patrimonio cultural comunitario
Es posible entonces que la recuperación de muchos artefactos -ya caídos en desuso- vehiculice algo más que el obvio “avance del progreso” en las tareas manuales que fueron sustituidas por la tecnología (la nostalgia de otro tiempo y contexto productivo, las necesidades salvadas a costa de invención y cooperación mutua etc.), y que esa carga de subjetividad ─al ser compartida por la comunidad─ constituya un factor importante en la autoafirmación del sentido de pertenencia y el potencial de desarrollo cultural comunitario.
No resultaría adecuada, ni veraz, una puesta en valor del patrimonio colectivo sin una permanente revisión del pasado. De todos los pasados, los remotos y los más cercanos, pues a los hombres y mujeres ─que ahora llamamos: originarios─, olvidados y cercenados de nuestra historia, se agregan actualmente pueblerinos y pueblerinas de origen y mixtura diversa, pero con similares destinos.
Entonces, inevitablemente, una colección de herramientas de mano nos interpela sobre las manos/persona que partiendo de los recursos naturales (la tierra y el agua), desarrollaron las técnicas para su aprovechamiento, fomentaron los distintos tipos de trabajo y construyeron con “ires y venires” un contexto social por desgracia desparejo y todavía injusto, que es susceptible de mejorar y hasta resulta perentorio hacerlo, para demostrar que el progreso no es algo privativo de la tecnología
Digresión hacia lo intangible
Al rescate del valor de oficios que tienden a desaparecer o que desaparecieron tal como se conocían hace 50 años (ej: la relojería, la imprenta, la zapatería etc.), se puede agregar el de la relación entre la mano hábil y la herramienta que la pone de manifiesto.
En el mundo del trabajo manual abundan los casos de quienes tienen o han tenido una “debilidad” respecto de una herramienta determinada, que amerita cuidados especiales; los mismos que en ciertos casos parecieran “animarla”, y conferirle casi categoría de ser sensible, susceptible de responder fielmente a esos cuidados y dedicación.
Esto es, posiblemente, una característica más propia del trabajo artesanal (el pincel preferido, la gubia favorita) que de las labores más arduas del tipo rural; sin embargo es bastante común ver al podador que prefiere su tijera añosa y gastada a la nueva que le pudiera proveer su empleador; al obrero abriendo surcos o cortando malezas con su azadón, el cual limpia y afila cada vez que termina una tarea… Antes que una exigencia impuesta por patrones o asimilada en el trabajo bajo cualquier relación de dependencia, parece una tendencia a cierta autodisciplina para mantener o perfeccionar una técnica en el hacer, que le demande a la vez, menos fuerza (menor gasto de energía), y mayor precisión y rendimiento.
Aún la labor más tediosa puede provocar un grado de satisfacción a quien la realiza si se consigue que la misma trascienda la simple obligación. Ciertas categorías político sociológicas, aplanan la acción creadora de quien vive de su trabajo, caracterizándolo como simple víctima de la explotación del capital, factor que está presente y no pretende ser disimulado, pero que no contiene la totalidad de los sentidos que se ponen en juego.
Cada pueblo, cada ciudad, en todos sus detalles, es producto de un hacer herramental
Propender modestamente a estos rescates, estos pequeños motivos de orgullo invisibles, es un intento de contrarrestar en algo la impiadosa mirada y acción que el llamado progreso le ha propinado a los pueblos chicos, sindicados generalmente como espacios de atraso e imposibilidad, de los que todo mundo debiera irse, y que solo son eventual y relativamente ensalzados cuando la mirada pasajera del turista repara en lo “curioso” de alguna de sus costumbres y adquieren por un instante cierta “exoticidad” exógena y postiza, o cuando el hastiado habitante de las grandes ciudades, generalmente cerca de su jubilación o retiro, lo elige para vivir el resto de sus días.
Hasta aquí algunos de los pensamientos en los que fundamentamos nuestro deseo de que el Museo de la Herramienta de Mano se constituya, a su vez, en una importante herramienta social, cultural y comunitaria.
Muchas Gracias
Hugo Fernández Panconi
(Director)