Miguel Ángel Camero Martínez
En las primeras décadas del siglo XX, Ciudad Madero -entonces Villa Cecilia- surgía entre la bruma salina del Golfo de México y el aliento turbio del Río Pánuco y los vapores de las refinerías. Una ciudad de madera alzada sobre el susurro de muchas lenguas - del inglés, alemán, italiano, del español, del grito obrero. Una ciudad de migrantes.
Casas vestidas con techos de dos aguas y corredores largos, como si estuvieran a la espera de algo.
Las noches olían a aceite y sal, mientras que la luna se reflejaba en los charcos negros dejados por las compañías: El Águila, Waters Pierce, la Corona, las dueñas del subsuelo. Noches con olor a huelga.
El día llegó y los extranjeros se fueron. Y los que se quedaron construyeron la ciudad, madera por material. Ese día trajo promesas y futuro.
Textos de Estefanía Montserrat Delgado Nava y Miguel Ángel Camero Martínez.