El 18 de mayo se ha emitido el fallo de nuestro concurso, siendo las ganadoras:
1º Premio: "Los cambios significativos vividos por las mujeres en la sociedad" de Dª Trinidad García Lorenzo
2º Premio: "No solo golpes" de Dª Victoria Flores Barros
1º PREMIO
Los Cambios Significativos Vividos por las Mujeres en la Sociedad
En los tiempos antiguos las mujeres eran consideradas propiedad de un hombre, primero de su padre, y luego de su marido, dejándolas a ellas sin poder ejercer más rol que el de ama de casa.
Pero también es verdad que en algunas casas existía la excepción de la regla y ese fue el caso de “María”, una mujer que nació en el año 1906 en una familia humilde. Su padre era campesino y su madre ama de casa, pero a pesar de que en aquella época la mayoría de los niños no iban al colegio, los padres de María si se preocuparon de que en su casa, tanto los niños como las niñas sin distinción de sexo, aprendieran como se decía entonces, “las cuatro reglas”. Primero a leer y a escribir, y una vez aprendido esto, tocó lo siguiente, que fue aprender un oficio. A María le hubiese gustado ser maestra, ya que le gustaba mucho la enseñanza, pero no pudo ser porque la situación económica no se lo permitía a sus padres.
Cuando María cumplió once años, sus padres la apuntaron a un taller de alta costura que había en Motril y que por cierto, la maestra de costura era tía de, don Juan Rodríguez Pintor, el señor que le dio nombre a nuestro querido centro de adultos y al que tanto nos gusta venir ahora a recibir nuestras clases.
A los diecisiete años, María conoció al amor de su vida, que según contaba ella, era un joven muy guapo, formal y un gran trabajador que era lo más importante. A su familia le encantó por todas esas virtudes que poseía, pero como todo no podía ser perfecto, el hombre era un poco machista, aunque para ser más suave porque esa palabra a ella no le gustaba pronunciarla, decía que era un hombre de la época y yo no entiendo por qué lo justificaba, cuando ella en su casa no había vivido eso. En fin, son cosas que pasan.
A los veintiún años, después de cuatro de relaciones, se casaron y todo muy bien en el hogar, todo perfecto. Vino el primer hijo y a los tres años siguientes, el segundo.
-¡Muy bien!-dijo ella.
Pensaba que ya con dos hijos podían estar tranquilos y hacer una vida normal, pero el plan del marido era muy diferente, ya que él quería muchos hijos y por tanto, ella siempre estaba en casa. De hecho tuvo doce, de los cuales le llegaron a mayores siete, así que imaginaros lo que la pobre María sufrió para superar todos aquellos trances y él lo que tuvo que trabajar para alimentar a tanta familia, pero era como él veía la vida. Decía que las mujeres no podían llevar dinero a la casa porque entonces querían mandar más que el marido y eso no estaba bien. ¡Pobre hombre! ¡Qué equivocado estaba entonces!
Los años fueron pasando y los hijos mayores de María se habían casado, pero todavía quedaban en la casa tres pequeños cuando un buen día, María se levantó con una idea fija y se dijo así misma:
-¡Ésta no me la cambia nadie!
Decidió poner una tienda pequeña de comestibles y sin pensarlo dos veces se fue al ayuntamiento a pedir la licencia de apertura, a buscar a los proveedores para que le sirvieran el género y todo lo tramitó ella sola, como la mujer valiente que era.
Su marido atónito observaba todo lo que su mujer hacía y su modo de pensar cambió de la noche al día. Entonces comprendió lo equivocado que había estado toda su juventud y agradeció que su mujer fuese tan valiente
Por eso, afortunadamente hoy, la mayoría de las mujeres tienen claro lo que quieren y a dónde van, y aunque todavía queda mucho por conseguir, lo importante es seguir en la lucha y sobre todo formarse lo máximo posible. Ojalá que María estuviera viva para ver el progreso en las mujeres de su familia, ya que algunas han cumplido el sueño que ella tuvo de ser profesora, otra farmacéutica, y doctora. Pero lo más importante de la vida no es el título, sino poder hacer lo que se desee, sin que nadie te lo prohíba, ya que lo más hermoso de este mundo es poder elegir en libertad.
Trinidad García Lorenzo
2º PREMIO
No solo golpes
Cuando conocí a Roberto tenía diecisiete años y él veintitrés. Mi vida a esa edad estaba llena. Era niña única y mis padres tenían una economía desahogada.
Roberto estudiaba arquitectura y era un buen estudiante. Nada más terminar la carrera encontró trabajo, y al poco tiempo nos casamos.
Al principio era amable y muy cariñoso. ¡Me sentía tan feliz! ¡Lo amaba tanto! Que decían mis amigas cuando nos veían juntos que éramos la pareja perfecta. Nunca me podía imaginar que al poco tiempo de casarnos mi vida ya no sería la misma.
Cuando llevábamos un tiempo conviviendo, un día llegó a casa tarde y de mal humor, y cuando le pregunté qué le pasaba, de pronto empezó a darme voces y a insultarme, pero al mirarme a la cara se dio cuenta que estaba aterrorizada, y me pidió perdón. Ese fue el comienzo de mi calvario.
Nunca me pegó, pero psicológicamente me destrozó.
Al principio los insultos eran suaves y, con una sonrisa disimulaba lo cruel que era. Eso fue la antesala de lo que vendría después.
Llegó el día que ya no se controlaba y me hacía la vida imposible.
Cuando llegaba a casa siempre tenía algún reproche, nada de lo que hacía o decía le parecía bien, y empezaba a insultarme y a decirme que no servía para nada y tantas barbaridades y humillaciones que siento vergüenza al recordar. Y así era el pan de cada día, no tenía ni un momento de tranquilidad, ni siquiera cuando se encontraba en el trabajo, que me llamaba por teléfono y me amenazaba. Me prohibió que saliera a la calle. Cuando me forzaba a estar con él, y me negaba, me violaba. Llegó un momento que era tan grande el dolor que sentía, cuando me decía gritando todas esas barbaridades que yo no era, y lo peor de todo es que sin ser culpable me hacía creer que todo de lo que me acusaba me lo merecía. Llegó un día que ya no podía soportarlo más, y pensé en suicidarme. Todos las noches pensaba que al levantarme por la mañana sería todo diferente, pero que equivocada estaba.
Cómo pueden cambiar las personas en tan poco tiempo, con lo felices que éramos, pero la vida a veces le da la vuelta a todo, unas veces para bien, y otras para destrozarte el alma. Muchas veces me atormentaba pensando y, me preguntaba, ¿cambió o siempre fue así?. ¿Y no me lo demostró hasta que me tuvo segura?
El tiempo transcurría lentamente, y mi agonía aumentaba y, me atormentaba de ver que no tenía remedio, todas mis ilusiones desaparecieron y me encontraba en un callejón sin salida.
Pero un día vino la policía a comunicarme que mi marido había tenido un accidente con el coche y había fallecido, y la mujer que lo acompañaba murió también.
Después me enteré que la fallecida era su amante. Me quedé tan destrozada, que mi vida era un desastre, no sabía por dónde tirar ni qué camino seguir. Así estuve mucho tiempo, hasta que decidí ir al psicólogo y me puse en tratamiento. Tardé bastante en recuperarme, pero me recuperé.
Un día por casualidad conocí al que ahora es mi marido, rehice mi vida y tuve un precioso niño. Roberto siempre me echaba en cara que ni siquiera para eso servía. Ahora me río al pensar que si abriera los ojos y me viera lo feliz que soy. Bueno...
Lo mejor es que no lo abra. Que Dios lo haya perdonado y que en paz descanse.
La vida me dió una segunda oportunidad, y la voy a aprovechar.
Le agradezco a todos los que me ayudaron y sobre todo a mis padres que estuvieron ahí en cada momento que los necesité. Y a mi verdadero marido que me ayudó a olvidar y a salir del infierno donde me había sepultado aquel hombre que después del maltrato psicológico a que me sometía todos los días, me decía que yo era el amor de su vida.
Victoria Flores Barros