LUNES
Todo comenzó un lunes de ventanas empañadas con pecas en el marco.
No podía distinguir nada en medio de esa eternidad,
solo al viento que recubría las montañas,
que sonaba como una disonante canción sobre las rocas.
Entonces lo supe, ahí estabas.
MARTES
El sueño colateral que surgió al encontrarte ahí,
entre las enredaderas que envolvían
los pilares de ese templo etéreo en el primer día,
aún lo recuerdo.
Llevabas el sol en tus labios,
también versos bordados en tu vestido
que me envolvían con un susurro,
mientras metías tu dedo anular en mi boca.
MIERCOLES
Guardé tus memorias en un jarrón de color rojo,
por si alguna inundación de eventos desafortunados llegara,
por si en algún momento aquella águila que me enviaste
deseara volar hacia los abismos de la desesperanza,
por si tu nombre se hiciera polvo en mi boca,
por si decidieras ya no volver a cobijarnos
bajo la ruana hecha con lluvia y vidrios rotos.
JUEVES
Aquel día estábamos sentados en el pasto
rodeados de dientes de león y restos de serpentinas de colores.
Fue una eternidad de tres horas que disfruté
resolviendo las constelaciones en tu espalda
hasta encontrar las formas ondulantes de un adiós.
VIERNES
El calor intenso dibujaba las grietas en el cemento
que rodeaba el sepulcro donde duermen las últimas palabras que nos dijimos.
Delicadamente nos desvanecimos entre voces,
las mismas que vinieron sobre los lirios y la manzanilla
que sembramos junto al sepulcro
donde duermen las últimas palabras que nos dijimos.
SÁBADO
Aquél rostro con el que viniste
se veía como en los sueños de un gato de porcelana.
El incidente ocurrió y todo se llenó de polvo,
los espejos se opacaron
y los montes bañados con la luz de la tarde,
se hicieron valles nublados.
DOMINGO
Tu aroma se evaporó del único recuerdo que me dejaste.
De la última vez en el parador del bus.
Calles de luz dorada y tibia, vacías.
Las nubes parecían pintadas de un rosado claro
y los edificios cristalizados tenían el vaho que deja el medio día.
El viento era un continuo do menor.
Así crucé las calles, pasando los días de fiesta,
botando los conchos del café,
para ver que una tarde de domingo,
por fin ya no estabas.
MARIO DELGADO ARTE
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Colombia
2022