Despedida en el jardín
¿Ya te vas?
otra vez
y ahora ¿Por qué?
Ah sí, porque tengo esencia de gato.
Y
¿todas estas flores?
¿El lirio del patio?
¿Lo helechos que cuelgan en el balcón?
¿El pequeño cactus de la mesa de te?
Me dejas el ciclamen
y no te lleves la lengua de vaca
Si te llevas la Lady está bien
sé que la amas al igual que a las orquídeas,
llévate tus orquídeas.
Llévate todo, al fin de cuentas te llevas todo.
Mas por no ver las paredes vacías
y las esquinas ofendidas,
déjame el tomillo, el jengibre y la valeriana,
para adornar el arco de la sala
y aromatizar el ambiente anaranjado
que queda entre mis dedos.
Despedida en la cocina
Tu pocillo descansa en el mismo lugar
seco con olor a café
y las mil historias
que nos contamos en su presencia,
con el recuerdo de tus labios
bien porque sonreías,
bien porque besabas.
Todo lo que aquí ves
es de por si un montón de trastos inútiles,
puedes llevártelos todos,
al fin de cuentas te llevas todo.
Déjame solo una olla, un plato,
una cuchara y un cuchillo,
lo demás ya no tiene espacio en mí.
No dejes el delantal bordado con estrellas
que ocultaba tu desnudez los días festivos,
ni la cucharita de plata que lamias
luego de ponerle azúcar al café.
Y no olvides llevarte la miel y la canela
que te visten antes de la ducha.
Pero déjame un par de vasos de cristal
uno para mi y otro para poner lápices
o las flores marchitas de la terraza
¿Quién sabe?
Despedida en la terraza
Es media tarde
y menos mal el cielo está nublado.
Las cuerdas del tendedero están vacías,
al igual que las sillas plásticas.
Las flores que atraían a las abejas yacen marchitas,
parece que no hubiéramos estado aquí hace años
cuando tan solo ayer jugábamos con el agua del lavadero,
cuando tan solo anoche mirábamos la luna creciente
acompañada de venus y marte.
Sé que te vas a llevar algo
al fin de cuentas te llevas todo
¿Vas a llevarte la calefacción?
¡Qué importa!, nunca la usamos.
Llévate el brasero con todo el carbón,
el enorme parasol y la caja de herramientas.
Igual lo que quiero
no puedes llevártelo
de tanto en tanto
volverán los charcos
con cada lluvia.
Despedida en la sala
Aun veo algunas de las visitas recibimos aquí.
También a ese gato loco al que bautizamos SORIN
y al perro que cuidamos por unos días,
si mal no recuerdo fue en octubre.
Tantas cosas que coleccionamos.
Recuerdos de nuestros viajes.
Como la balalaica o el osito paddington
Recuerdos de nuestros viernes de música a media luz
con tu preciso set list de baladas (discos que ya empacaste)
lejos de mis poco agradables “elepes” que dejas apilados en una caja.
Noté que te llevas la lámpara de lectura y la alfombra,
al fin de cuentas te llevas todo, no me dejes nada,
ningún testigo de nuestro idilio.
Ya no los quiero.
Ni el mueble de las siestas
ni la mesa de centro en la que ahora reposa una cinta junto a una tijera y un guante.
¿Por cuánto tiempo quedará la huella en la pared de ese cuadro que tanto te gustaba?
El polvo en los estantes vacíos sin las figuritas que pusiste para presumir tu rareza,
y las cortinas...
las cortinas.
Y las telarañas.
Despedida en la habitación
¿Ves la forma de la almohada?
Ya no la verás más.
Conservaré el plato de cristal
que compramos en Bagdad
en aquel viaje que nunca hicimos.
Espero que te lleves todos los zapatos
no dejes ni uno sólo,
al fin de cuentas, te llevas todo,
como las medias sin par
-Augurio para este día-
¿Qué dirás mañana?
¿Que nos perdimos en la lavadora?
Voy a quemar las sabanas
porque han de abrazarme
con la forma de tu cuerpo
de hecho, voy a cambiar la cama,
el frio ha de encontrarme sin espacio para quedarse.
No sé que pensarán los muebles cuando noten tu ausencia,
cuando me envuelva en ceniza en la noche
y al despertar, a primera hora, camine sobre la alfombra cubierta de escarcha
donde tus huellas se desvanecen lentamente.
volver
Despedida en el baño
Lo inamovible de este cuarto:
Un lavamanos blanco,
Un inodoro blanco,
un par de aplicaciones blancas
para colgar la toalla y poner el jabón.
Testigos de nuestra soledad,
de nuestras particularidades.
Testigos de nuestro idilio,
de nuestros cuerpos, de nuestras pieles
con sus tonalidades marcadas por el sol
o guardadas por la sombra.
¿Contarán la historia algún día?
¿Hablarán de alguna forma con lo efímero de este cuarto?
¿Los rollos de papel,
el champú,
las cuchillas de afeitar?
¿Hablarán de nosotros?
¿De tu aroma?
¿De las veces que lavamos nuestros dientes frente al espejo circular
donde dejamos una promesa guardada bajo el vapor?
De las mil y un cosas, tan solo nueve son mías,
al fin de cuentas te llevas todo, aunque no lo necesites.
¡Oh!, si pudieras llevarte este terrible y brillante lugar, yo mismo lo empacaría.
En ningún otro lado se siente tanto la soledad como aquí.
Este santuario de lo humano,
esta maquina del tiempo
donde todo va a preguntarme por ti
y no sabré que responder
completamente indefenso
ante el acoso de tanto silencio.
Vete también de este cementerio.
Despedida desde el umbral
¿Es esta nuestra última cita?
Te pregunto
Ahora que dejaremos de vernos en el espejo,
ahora que dejaremos atrás esta casa para que se derrumbe
y no quede nada, ni escombros, ni recuerdos.
Si vas a llevarte algo más
esta es tu oportunidad,
voy a quemarlo todo.
Si aún quieres los libros
o la sobrecama estampada con soles dorados,
es tu oportunidad,
porque voy a inundarlo todo.
Todo va a convertirse en fuego y en ríos.
Esta es nuestra última cita,
te vas y te llevas todo,
me voy y lo dejo todo.
Y en este umbral me dejo llevar por el agua,
me dejo llevar por el agua
y también por el fuego.
MARIO DELGADO ARTE
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Colombia
2022