Ni nube ni mar, responde a la necesidad de contarme a mí mismo lo que voy viviendo (siempre fragmentario e imprevisible) y de comunicarlo.
Es duda, juego, relato, pero también deseo de pureza, simplicidad y perfección.
Sé bien que no me espera Ítaca pero combato personal y socialmente por dar vigencia a la utopía.
Ni nube ni mar es mi forma de ser libre aquí y ahora: compromiso con la Naturaleza que me da la vida, responsabilidad para con el gozo y el sufrimiento de las personas que me cuestionan y completan, huella en el agua y sombra en el Misterio.