Josefa Ortiz de Domínguez tuvo un aporte histórico fundamental al movimiento independentista. Su aviso permitió que la conspiración de Querétaro no fuera desmantelada, facilitando que líderes como Hidalgo y Allende escaparan y organizaran el levantamiento que dio inicio a la Guerra de Independencia, demostrando que las mujeres podían ser decisivas en momentos cruciales. Su figura se convirtió en un símbolo de valentía femenina, compromiso con la justicia y desafío a los roles de género establecidos, sirviendo de inspiración para generaciones de mujeres en luchas sociales y representando la resistencia contra la opresión. Además, su historia abrió la puerta para visibilizar a otras heroínas, cuestionando la narrativa histórica centrada en hombres y demostrando la capacidad política e intelectual de las mujeres; su reconocimiento tardío sentó un precedente para reivindicar otras figuras femeninas. En términos de construcción nacional, Josefa es parte del relato fundacional de México, y su imagen en monumentos y billetes refuerza la identidad nacional, representando valores como libertad, justicia, sacrificio y participación ciudadana más allá del género.