Rechazamos la idea de que la sociedad sea una suma de intereses individuales en competencia permanente. Ese modelo fragmenta al pueblo, destruye la solidaridad y convierte la vida en una lucha de todos contra todos.
Rechazamos un sistema económico organizado alrededor del dinero, la renta y la especulación financiera. Una economía que produce exclusión, dependencia y desigualdad estructural no puede ser reformada: debe ser superada.
Rechazamos toda forma de dependencia política, económica o cultural frente a poderes externos. Ninguna Nación es libre si no controla sus recursos, su producción y su destino.
Rechazamos la improvisación, la falta de responsabilidad y la ausencia de jerarquía. El caos no libera: debilita. Sin organización y disciplina colectiva, no hay justicia social ni proyecto nacional posible.
Rechazamos la política reducida a consignas, marketing y promesas coyunturales. No creemos en soluciones superficiales ni en discursos diseñados para ganar elecciones sin transformar la realidad.
Rechazamos los modelos que reemplazan el trabajo por la dependencia. La provisión material debe garantizar la dignidad, no la pasividad. El trabajo organizado es la base de una comunidad fuerte y soberana.