La leyenda de “El duende” en Santa Cruz trata sobre un hombrecito pequeño de poderes sobrenaturales no considerado humano y de personalidad muy traviesa. Su aspecto es como de un niño de 4 a 7 años, usa un sombrero de saó enorme que apenas se le puede ver la cara. Los que aseguran haberle visto el rostro, aseguran que tiene los ojos muy grandes y de agresiva expresión.
Su oficio favorito es raptar a los niños pequeños de preferencia rubios y no bautizados que se encuentran descuidados. Los atrae ofreciéndoles dulces y juguetitos para luego hipnotizarlos, trenzarles el cabello y se divierte con ellos hasta hacerlos llorar.
Si los padres se movilizan con rapidez y asistidos de un cura, encuentran al secuestrado incapaz de moverse por estar rodeado de matas y espinas y que al tratar de llegar a él muchas de las veces, son repelidos a piedrazos, palazos y cuanto objeto pudiera el duende arrojar.
La mejor manera de espantar al pernicioso ser, era echarle excrementos, pues detesta sobremanera la emanación olorosa. Al final cuando lo han espantado, no se va sin hacer de sus travesuras amarrando todo lo que puede a su paso.