Igor Stravinsky nació en San Petersburgo (Rusia) en 1882 y falleció en Nueva York (EEUU) en 1971. Fue uno de los compositores más destacados del siglo XX. Su padre fue un cantante famoso. De joven no mostró especial talento para la música y le obligaron a estudiar derecho. A los veinte años conoció a Rimsky-Korsakov que fue un segundo padre para él y le animó a estudiar composición.
Stravinsky era un hombre delgado, de poco cuerpo. Le gustaba ir muy abrigado porque le daba miedo resfriarse. Le encantaba ordenar sus pertenencias y no le gustaba nada la gente que chillaba al hablar. Vivió en diferentes países, donde dirigía orquestas, daba conferencias y conciertos como pianista, pero allá dónde iba necesitaba encontrar orden. Su rincón de trabajo debía cumplir una serie de requisitos: numerosos recuerdos y los útiles para escribir debían estar a la vista y en su sitio.
Era muy presumido e hipocondríaco. Le daba miedo contagiarse de cualquier cosa. Aguantaba mal las críticas hacia su música y se tomaba muy mal que los intérpretes no hiciesen caso de sus indicaciones. Valoraba mucho el dinero e intentaba ahorrarlo de cualquier manera. Esto quizá era debido a que durante y después de la Primera Guerra Mundial le quitaron sus posesiones en su Rusia natal. Esto fue un asunto muy duro, ya que tenía a su cargo a su esposa Catherine, cuatro hijos y muchos más familiares. Catherine era su prima y crecieron juntos. Se casaron antes de que Stravinsky fuera famoso.
Stravinsky era un hombre religioso, devoto de la Iglesia ortodoxa rusa. Su segunda esposa era una pintora de gran talento. Entre todos sus amores, el más grande fue la música.
Es conocido por grandes obras orquestales como el Scherzo Fantástico (1908), Fuegos Artificiales (1910), El Pájaro de Fuego (1910), Petrushka (1911) y La consagración de la primavera (1913). Todos ellos con claras influencias de la Escuela Rusa y del folklore de su país.
En sus obras recupera recursos musicales de los siglos XVII y XVIII homenajeando a compositores como Bach (Concierto en Re), Haydn (Sinfonía en Do) o Mozart (La carrera del Libertino).
En su últimos años, Stravinsky desarrolla el dodecafonismo heredado de Schoenberg pero lo hace convivir, a su manera, con elementos propios de nuevos estilos y tendencias, como el jazz o el music-hall. A este periodo pertenecen las obras Ebony Concerto (1945), Canticum sacrum (1955) y el ballet Agon (1957) entre otras.
Su gran habilidad como compositor residía en su capacidad de desarrollar, evolucionar y convertir en suyas las técnicas compositivas innovadoras tanto de su tiempo como de otros pasados.
Las obras de Stravinsky reflejan fuerza, espíritu revolucionario y racionalidad. Además influyeron mucho en las corrientes más importantes de la música del siglo XX.