Herramientas necesarias: Destornillador, pasta térmica (si es necesario), pulsera antiestática (opcional).
Consulta el manual de la placa base para verificar compatibilidad del nuevo procesador.
Apaga la computadora y desconéctala de la corriente.
Desconecta todos los cables y periféricos.
Retira los tornillos o usa los mecanismos de cierre para abrir la carcasa.
Encuentra la placa madre y ubica el socket del microprocesador.
Desconecta el ventilador del procesador (desatornilla y desconecta el cable).
Si hay un disipador de calor, retíralo con cuidado. Es posible que necesites girar o desatornillar.
Abre el mecanismo de bloqueo del socket (puede ser una palanca o un tornillo).
Levanta el microprocesador antiguo con cuidado.
Alinea el nuevo procesador con el socket (hay una muesca que te ayudará a orientarlo correctamente).
Coloca el procesador en su lugar y cierra el mecanismo de bloqueo.
Si el nuevo procesador no tiene pasta térmica preaplicada, aplica una pequeña cantidad (del tamaño de un grano de arroz) en el centro del procesador.
Coloca el disipador sobre el procesador y asegúralo según las instrucciones.
Conecta el ventilador al conector correspondiente en la placa madre.
Vuelve a poner la carcasa y atornilla todo en su lugar.
Conecta todos los cables y periféricos nuevamente.
Enciende la computadora y verifica que todo funcione correctamente.
Si es necesario, entra a la BIOS (generalmente presionando F2 o Del al encender) para verificar que el nuevo procesador sea reconocido y ajustar cualquier configuración.