Históricamente, los Valles Centrales han sido territorio zapoteco. Las evidencias arqueológicas y toda la información documentada dan cuenta de una gran cultura. Se cree que las primeras tribus nómadas que llegaron a poblar los Valles Centrales de Oaxaca datan de hace unos 10 mil años, vivían en las cuevas de las montañas y se dedicaban a la recolección. Los estudiosos del pasado zapoteco, como M. Winter (1988) y J. Whitecotton (2004), señalan que Monte Albán fue el sitio donde los zapotecos desarrollaron una cultura tan compleja como la azteca y la maya. Según estudios arqueológicos, pueden distinguirse cinco periodos del desarrollo de Monte Albán. El primero de ellos de 700 a 300 a.C. corresponde a Monte Albán I, que se caracterizó por el sedentarismo y el desarrollo de la agricultura. En la fase de Monte Albán II, los habitantes de los valles sufrieron la invasión de grupos del sur, aunque no llegaron a ser sojuzgados. Entre los años 100 y 800 d.CMonte Albán III recibió gran influencia de Teotihuacán, principalmente en la cerámica, la arquitectura, la escultura y la pintura de murales. Desde el siglo XII, los mixtecos comenzaron a invadir los Valles Centrales, y para el siglo XIV se proclamaron conquistadores de esta región. A pesar de su decadencia, los zapotecos lograron no sólo continuar siendo independientes, sino ganar varios enfrentamientos contra grupos vecinos, así como defenderse de la amenaza del dominio azteca. No fue sino hasta la época de la Conquista en las primeras décadas del siglo XVI cuando los zapotecos perdieron su autonomía como grupo, al aliarse con Hernán Cortés para combatir a los aztecas. El año de 1910 marcó una nueva etapa en la historia de México: la Revolución, una lucha de rebelión campesina por la tierra. Los conflictos en los Valles Centrales se presentaron de manera dispersa y duraron poco tiempo. Los más relevantes se suscitaron en Etla y en Zimatlán, donde un grupo de rebeldes se apoderaron de la hacienda de Gertrudis y más tarde intentaron hacer partícipes a los campesinos de las haciendas vecinas para levantarse en armas. Sin embargo, estas rebeliones fueron sofocadas sin mayor dificultad. La lucha por la tierra en la región se inició en 1916 y la perseverancia de sus demandantes a pesar de la renuencia de los acaparadores de grandes extensiones de tierras inconformes con perderlas permitió que en 1934 obtuvieron 77 de las 117 dotaciones ejidales que se llevaron a cabo en el estado. De todos, los más beneficiados fueron los distritos del Centro con 24, Etla con 19 y Ocotlán con 15 dotaciones, en donde algunas de las comunidades indígenas resultaron favorecidas.
Por lo tanto, la importancia de su permanencia y desarrollo autónomo, se debe a que se trata de un patrimonio histórico-cultural de la humanidad, pues los zapotecas destacan en más de un ámbito: artes, ciertas ciencias, sistemas de escritura y lenguaje, sistemas gubernamentales y sociales, y no es menos importante hacer referencia en lo que toca a las bases, fundamentos y posteriormente el funcionamiento de la economía zapoteca, que pudiera en un principio considerarse básica y sencilla, pero en el fondo, fue producto de análisis y estudios previos para lograr un efectivo desarrollo.
Ubicado en el sur de México, el estado de Oaxaca reclama una identidad indígena, una y otra vez afirma su composición multicultural formada por catorce pueblos indios, entre ellos, el más importante numéricamente es el zapoteco, los zapotecos se subdividen en zapotecos de los Valles Centrales, de la Sierra Norte, de la Sierra Sur y del Istmo. Además, debido al incremento migratorio, se localizan núcleos importantes de esta etnia en otros estados de la República Mexicana, sobre todo en Veracruz, Baja California, Sinaloa, Chiapas y Sonora, la ciudad de México, así como en Estados Unidos. El censo de 1990 daba la cifra de 403 475 hablantes de zapoteco, el conteo nacional de población y vivienda de 2005 da un total de 41 O 901 hablantes de zapoteco, son también uno de los grupos más dinámicos del país: pese a los cambios estructurales, han mostrado una gran capacidad para reconstruir y reafirmar su identidad a partir de sus prácticas y habilidades tradicionales.
La vegetación que predomina en estos valles es la xerófita (como el guamúchil, el mezquite, las cactáceas, los agaves y los pastos) y algunas especies de árboles caducifolios (el fresno y el zapote, por ejemplo). En las montañas aún quedan bosques de pinares y encinos, a pesar de que se encuentran severamente afectados por el proceso de deforestación. Éste es, pues, el entorno geográfico y ecológico donde habitan los zapotecos, quienes viven en las llanuras, laderas y montañas. Gran parte de los pueblos de las llanuras concentran sus caseríos en áreas rodeadas de terrenos agrícolas, en tanto que los de la sierra tienden a establecer caseríos semidispersos debido a sus condiciones geográficas.
Aun cuando muchos pueblos de la misma región han perdido su lengua nativa, existen diversos aspectos culturales que los hacen formar parte del mismo grupo. El idioma es el indicador más importante de la identidad de los pueblos: contiene tanto la cosmovisión de las culturas y los ritos de cada sociedad como sus conocimientos y valores.De acuerdo con los datos del censo de 2000, Oaxaca es el estado de la república mexicana con mayor diversidad lingüística y más hablantes de lengua indígena: 1 120 312 personas hablan, al menos, una de las 15 lenguas originarias de la entidad, lo que constituye 37 por ciento de su población total mayor de cinco años de edad. De todas, la lengua zapoteca es la que más se habla. El grupo etnolingüístico zapoteco ocupa el tercer lugar entre la población indígena de México, con alrededor de 407 458 hablantes distribuidos por todo el territorio nacional, en Oaxaca, donde tradicionalmente habita, este grupo es el más numeroso y extendido; alcanzó una cifra de 377 936 hablantes, lo que representa 33.7 por ciento de la población indígena del estado
La lengua zapoteca está considerada actualmente como una de las 10 familias lingüísticas que conforman el grupo otomangue, junto con el amuzgo, el chatino, el chinanteco, el cuicateco, el mazateco, el mixteco, el otomí, el tlapaneco y el triqui, a más de ser una de las lenguas con mayores variantes interregionales.
El pueblo zapoteco tenía como principal medio de subsistencia la caza, la pesca y la recolección, procedimientos estos heredados de sus antepasados y que siempre mantuvieron como base primaria del sustento diario. Ya en el período clásico, el consumo de productos agrícolas se hace más acentuado: incorporan el cultivo de maíz, frijoles, calabazas y tomates, frutas como los zapotes y piñas, siembras de cacao y algodón, hechos estos que dan un gran vuelvo al sistema económico zapoteca. La transformación en agricultores con variedad de productos, permite nuevas bases dentro de la economía de los zapotecas, sin límites para una mayor expansión en el intercambio y la recolección de bienes. Logra perfeccionar sistemas de riego y cultivo en las laderas de las montañas, para los frijoles y el maíz, así como canales en los terrenos llanos para las frutas y algunas legumbres; y lo que fue un leve complemento en la economía zapoteca, cambió a un negocio de alta rentabilidad.
De consumidores se transforman en altos productores, lo que posibilita llevar a la práctica real otra serie de actividades, también a mayor escala, como son el intercambio de productos que ellos no producen, así como la comercialización, de nuevo engrosando el sistema económico zapoteca. Por ello se observa que la economía zapoteca cumplió a cabalidad con los principios para un verdadero sistema económico: consumo de bienes, producción de bienes, distribución y la consecuente comercialización, no obstante, aun cuando se combinen estas dos formas de producción con el trabajo asalariado y el pequeño comercio, la calidad de vida en la mayoría de los hogares sigue siendo precaria.
En 2000 registraron 878 132 habitantes, es decir, 25.5 por ciento de la población estatal.
Sin embargo, sólo el distrito Centro reúne a más del 50 por ciento de los moradores; la ciudad de Oaxaca y su área conurbada absorben la mayor cantidad.
Entre tanto, los seis distritos mantienen un rango bajo de población, pues tienen menos de 12 por ciento del total de la región
La reducida población zapoteca convive con otros grupos étnicos del estado que se han incorporado en un proceso migratorio desde tiempos antiguos. Tal es el caso de los mixtecos y de otras etnias que han migrado a la ciudad de Oaxaca en décadas más recientes atraídos por razones de carácter laboral.
Por la privilegiada ubicación geográfica, la vigorosa actividad comercial, los antecedentes históricos y el desarrollo turístico que ha alcanzado la región en las últimas décadas, la red de carreteras y el sistema de transporte se han multiplicado. Sin embargo, los avances más importantes en la infraestructura de comunicaciones se ubican en el área cercana a la ciudad de Oaxaca, mientras que en las localidades asentadas en la sierra siguen predominando los caminos estrechos y sinuosos. Las principales vías terrestres que comunican a los Valles Centrales con otras regiones son: a) la supercarretera Oaxaca-Ciudad de México; b) la carretera Panamericana, que recorre el estado de noroeste a sureste y atraviesa la capital del estado y los valles de Etla y Tlacolula; c) Oaxaca-Puerto Escondido, que cruza Zimatlán; d) Oaxaca-Puerto Escondido, que pasa por los distritos de Ocotlán y Ejutla; e) Oaxaca-Tuxtepec, que atraviesa algunos poblados del distrito Centro, y f) la vía rápida Oaxaca-Istmo de Tehuantepec, que cruza Tlacolula. Estas carreteras comunican con otras pavimentadas o de terracería que unen a las poblaciones con los principales centros económicos. De los 2 007.40 kilómetros de carretera con que contaba la región en 2000 (12.45 por ciento del total estatal), 611.70 estaban pavimentados, 1 088.60 revestidos y 307.10 eran de terracería Operan diversas líneas de autobuses, taxis y camionetas que trasladan a los pasajeros y llevan toda clase de carga; de este modo, llevan a la ciudad productos agropecuarios y fuerza de trabajo. En varias comunidades cuentan con transporte comunitario, y en otras, los particulares proporcionan el servicio, el transporte foráneo de pasajeros consta de varias líneas de autobuses que abarcan diferentes rutas y comunican los valles con otras regiones del país.
Los zapotecos guardan valiosos conocimientos sobre la medicina tradicional: cada pueblo y cada familia tienen sus propias creencias y sus fórmulas mágicas para prevenir y curar ciertos padecimientos. Para muchas personas, algunas enfermedades, como el “susto”, desaparecen solamente gracias al tratamiento de los curanderos. De acuerdo con Whitecotton el susto común entre los zapotecos y otros grupos étnicos es resultado de un encuentro repentino y atemorizante, ya sea con seres humanos, animales, objetos o espíritus. Agrega que se le atribuyen una serie de síntomas como falta de atención, depresión, timidez, pérdida del apetito y de fuerza, sueño intranquilo, fiebre, dolores musculares, cambios en la piel, náuseas, perturbaciones estomacales, vértigo, sed intensa y hemorragias rectales. Asimismo, el uso de diversas hierbas medicinales y de técnicas empleadas en casa o recomendadas por especialistas adecuados entre los que se cuentan curanderos, parteras, hueseros-sobadores, adivinos y rezadores es bastante común. Hasta años muy recientes constituían la única alternativa de tratamiento para los pueblos que se hallaban incomunicados y carentes de servicios médicos. La construcción paulatina de los caminos ha permitido a tales poblaciones acceder a los centros de salud públicos y privados más cercanos, aunque éstos, en su mayoría, se concentran en la ciudad de Oaxaca.
A pesar de que todos los municipios de la región cuentan con escuelas de enseñanza básica, la infraestructura aún es precaria y el número de analfabetos es alto, lo cual constituye una fuerte limitación para el desarrollo de estos pueblos.
En 2000, la población analfabeta en los 43 municipios con importante presencia zapoteca reunía a 27 274 personas, lo que representa 20.8 por ciento de la población total de 15 años en adelante. Los municipios con mayores carencias educativas son Coatecas Altas, donde 54.3 por ciento de la población es analfabeta; San Miguel Tilquiapam reúne 47.1 por ciento; Santa Inés Yatzeche, 46.1 por ciento; San Miguel Mixtepec, 45 por ciento; Magdalena Teitipac, 43.4 por ciento y San Lucas Quiaviní, que tiene 42.1 por ciento de analfabetos.
La región en su conjunto tiene una amplia zona de suelos aluviales, disfruta de un clima templado y además está articulada a un sistema de mercados que opera en varios lugares. Sin embargo, los campesinos enfrentan el problema del minifundio y de una agricultura de subsistencia. La posesión y la conciencia territorial les dan un fuerte sentido de identidad a los pueblos indígenas de Oaxaca; ambas constituyen un ámbito físico y social de organización, reproducción y supervivencia. Entre las localidades zapotecas, las tierras de propiedad comunal prevalecen sobre la ejidal y la pequeña propiedad. Además, hay otras formas de acceso al uso de la tierra a través de la minería, el empeño y el arrendamiento. La mayor parte de la superficie agrícola es de temporal, sujeta al régimen de lluvias y, en menor proporción, están los terrenos de riego. Los suelos más pobres se encuentran en el distrito de Tlacolula, donde se asienta el mayor número de localidades indígenas de la región. Además, gran parte de las unidades familiares tienen muy poca tierra y presentan una fuerte fragmentación. Los sistemas de cultivo difieren de acuerdo con la geografía: tanto en las llanuras como en los suelos de poca inclinación, el empleo del arado y la yunta es común; además, se combina con el uso del tractor; en las laderas empinadas, en cambio, se utilizan instrumentos muy rudimentarios, como la coa, la azada y el machete. El cultivo principal continúa siendo el maíz, pero suele alternarse con el del frijol y la calabaza. Aunque el uso de fertilizantes químicos se ha generalizado entre los pueblos de la región, la producción es baja, ya que el promedio es menor a 500 kilogramos de maíz por hectárea. Ante la escasez de tierras agrícolas, los zapotecos han ideado una serie de estrategias acordes con las condiciones ecológicas y su ubicación geográfica. Las localidades favorecidas con la humedad de los suelos, con disponibilidad de riego y con buena comunicación terrestre manejan el sistema de policultivo, en el cual combinan la producción para el autoconsumo (maíz, frijol, calabaza, garbanzo, forraje) con los cultivos destinados al mercado regional. En este sentido destacan las comunidades hortícolas, como San Antonino Castillo Velasco, San Pedro Mártir, Santiago Apóstol, San Jerónimo Tlacochahuaya, San Sebastián Abasolo, San Francisco Lachigoló, entre otras. Dichas comunidades intensificaron su producción agrícola y sus relaciones con el sistema de mercado regional desde hace mucho tiempo. Sin embargo, los suelos donde aún conservan cierta humedad son sometidos a periodos intensos de producción, lo que ha generado que el terreno se erosione y disminuyan los nutrientes.
En cuanto a la ganadería, los zapotecos tienden a comprar y criar unos cuantos animales como forma frecuente de inversión. La cría de ganado bovino, caprino, porcino y aves de corral en pequeña escala son comunes entre las familias y, aun cuando no proporcionan beneficios sustanciales de capital, sí representan una forma de ahorro. El cuidado del ganado varía entre los pueblos de las llanuras y los de la sierra. Los primeros acostumbran tenerlos en el solar de la casa, así como alimentarlos allí mismo o en los escasos agostaderos; en tanto que los serranos los sacan a pastar cotidianamente.
La transformación de la vestimenta ha sido más rápida entre los hombres que entre las mujeres. La indumentaria masculina más antigua y similar que aún usan algunos ancianos se compone de un calzón de manta, una camisa de mangas largas del mismo tipo de tela o de otro material, una faja de lana o algodón, huaraches y sombrero. La mayoría de los hombres usan ropa y calzado industrializados que adquieren en la misma región o que los migrantes llevan, mientras que entre los jóvenes se ha difundido el uso de pantalón de mezclilla, playera y tenis; incluso es frecuente que porten gorra con visera.
El atuendo de las mujeres tiende a ser más conservador que el de los hombres, pero el diseño varía de una localidad a otra. Entre las prendas más comunes están la falda, la blusa bordada o el vestido de una sola pieza, todos confeccionados con telas industrializadas en las mujeres ha cobrado importancia en ciertas localidades donde la migración se ha difundido, como puede observarse entre las jornaleras de Asunción Ocotlán.
Las prácticas políticas y religiosas de los pueblos indígenas tienen sus orígenes en la Colonia; luego se adaptaron elementos de la herencia cultural indígena. Cada tradición local realizó durante siglos su propio proceso de producción de significados que produjo peculiares logros culturales.
Las comunidades se organizan en función de las categorías político-administrativas que ocupan. Así, el municipio se compone de una cabecera y una serie de localidades o unidades administrativas menores llamadas agencias y rancherías (aunque varios de los municipios de los valles conforman sólo una unidad administrativa), cuyo gobierno local lo constituye el ayuntamiento.La organización religiosa cuenta con responsables de cargos religiosos, pues todos los municipios tienen sus respectivas iglesias católicas y celebran a su santo patrono.
Coronel Ortiz, D. (2006). Zapotecos de los valles centrales de Oaxaca. Pueblos Indígenas del México Contemporáneo.