A partir de diversas conversaciones acerca de las necesidades socioemocionales que observamos en nuestros contextos: encontramos que en la generalidad a nuestros chicos, niños y niñas carecen de auto-reconocimiento puesto siempre buscan encajar en las etiquetas que les plantea el contexto olvidándose de sí mismos, sus habilidades y fortalezas que los hacen únicos e increíbles. Desde allí evidenciamos la importancia de abordar la conciencia de sí mismo desde la individualidad, para fomentar el amor propio, el autoestima, la creatividad y la confianza, habilidades sumamente importantes para poder establecer vínculos saludables en un contexto social específico.
Loris Malaguzzi
Realizando un ejercicio de retrospectiva con el equipo y analizando diversas realidades evidenciamos la necesidad de todo ser humano, por ser reconocido dentro de un espacio social, llámese colegio, universidad o equipo de trabajo, a fin de reafirmar el autoestima y la confianza sobre las habilidades y capacidades que se tiene para poder aportar y crear con el otro; partiendo de la premisa de que el reconocimiento se da a partir de la relación e interacción con el otro, el reflejo juega un papel vital desde la primera infancia, desde el primer momento en que el niño se reconoce a través del espejo comprendiendo que es un sujeto independiente y autónomo , diferente y diverso a sus padres y a su contexto, desde allí surge esa necesidad de sentirse parte de algo, ya sea desde los gustos, acciones o formas de pensar, que nos permitan reconocernos a través de la interacción con el otro, la diferencia y la empatía. Allí la educación juega un papel fundamental en el ejercicio de crear y diseñar ambientes de aprendizaje donde se conviva a partir de la diferencia y se de la posibilidad de ser y estar desde las múltiples posibilidades del pensamiento.
Teniendo en cuenta lo anterior, partimos de la importancia de la conciencia de sí mismo, como sujeto autónomo e independiente, capaz de reconocer sus habilidades y fortalezas como sus aspectos por mejorar y potenciar en un espacio social, desde la interacción constante con agentes y factores externos que nos permitan evaluarnos de manera constante en función a fortalecer la confianza, el autoestima y la seguridad, habilidades que reafirmen la imagen que tengo de sí y permita una mejor interacción con los otros. Por ello, decidimos enfocarnos desde la individualidad que nos refiere el disfrute y aceptación de quienes somos y de ese modo apreciar el ser autentico en un espacio social, donde la diversidad de pensamiento y habilidades puedan confluir en función a un objetivo en común o un interés colectivo.
A partir del árbol de problemas determinamos que la baja autoestima, inseguridad y miedo surge de la ausencia de ese ser reconocido como individuo capaz, creativo y valioso, dentro de un espacio social, por ejemplo el colegio es un espacio donde muchas veces caemos en querer que todos los niños sean iguales y piensen del mismo modo, invalidando la individualidad, la libre expresión y diferencia como elementos principales para la construcción de conocimiento, de allí deviene la frustración por no encajar en los estereotipos establecidos y el “debe ser” que se nos ha impuesto desde el contexto y la cultura.
Por ello como agentes educativos debemos diseñar espacios donde la diversidad pueda co-existir de manera orgánica permitiéndoles a los niños y niñas ser desde sus emociones, sentires y pensamientos, fortalecer el autoestima desde experiencias que les permitan crear desde la diferencia y convivir a partir de diferentes estrategias de comunicación libres de etiquetas y estereotipos, a su vez acompañar las emociones de los niños desde el reconocimiento de estas mismas, validándolas y gestionándolas de manera asertiva a fin de garantizar vínculos sanos y un bienestar emocional para todo el ambiente escolar, de esta manera el autoestima y la autoimagen se verán beneficiados de un espacio donde no exista prejuicios, ni etiquetas, promoviendo el libre desarrollo de la personalidad y la individualidad.
Es así, como el arte aparece como vehículo dentro de nuestra estrategia para focalizar las emociones, encontrar un modo de expresión, además de diversas herramientas para potenciar y fortalecer el autoestima, desde las distintas propuestas que nos brindan los lenguajes del arte, donde los prejuicios y etiquetas queda fueran, pues en el arte solo es importante el disfrute, la pasión y la posibilidad de ser desde la emoción.
Por eso mismo, nuestra población objetivo son los niños de 3 a 7 años, quienes están en un proceso bastante importante de reconocimiento y gestión emocional, pues están iniciando a reconocerse como sujetos independientes y autónomos, capaces de aportar desde su ser y hacer aun contexto especifico, partiendo de su personalidad e individualidad.
Consideramos importante focalizar estos procesos desde la primera infancia pues es la raíz de cualquier proceso de aprendizaje y de socialización, donde los miedos no son tan grandes y hay posibilidades de jugar con un sinfín de oportunidades de crear y jugar sin etiquetas y prejuicios que el adulto empieza a detonar en los niños.
A todos los educadores que nos leen, invitarlos a conectarse con ese niño interior que no tenía miedo de la lluvia, o de la oscuridad, a ese niño temerario que escalaba arboles o montañas de almohadas, a ese niño que le encantaba jugar con los otros, sin importar quien era o de donde venia, es el único modo de re conectar con la primera infancia y sanar este mundo que tanto caos trae para nuestra realidad... Por que el arte y el juego son las herramientas más importante para transformar la realidad....Tomémoslo muy en serio.
Promover diversas experiencias inspiradas en el arte que potencien el auto-reconocimiento desde la individualidad y la exploración en niños desde los 3 a los 7 años.