Llamamos gramática normativa al conjunto de reglas o normas creadas para etiquetar a las construcciones gramaticales como "correctas" o "incorrectas". Es decir, la buena ortografía.
Claro que la gramática tiene muchas otras ramas y que, si bien todas son importantes para el desarrollo de la escritura, hoy nos centraremos en la acentuación diacrítica.
Existen tres tipos de acentuación, la primera y la más fácil de identificar es el acento ortográfico, el cual se puede distinguir por el uso de la tilde, la cual se coloca en la vocal de la sílaba que presenta mayor intensidad de la voz cuando se pronuncia una palabra.
Ejemplo: camión, árbol, máquina.
Por otro lado, tenemos el acento prosódico. Aquel se identifica con la sílaba que presenta mayor intensidad, pero a diferencia del acento ortográfico, el prosódico no lleva tilde.
Ejemplo: Bello, comer.
Al dominar el acento prosódico, logramos clasificar las palabras en agudas, graves, esdrújulas y sobresdrújulas.
El acento diacrítico: Se utiliza para diferenciar el uso de palabras que se escriben igual pero que tienen diferente significado.
No es lo mismo decir:
La perdida de su hija. – que decir– La pérdida de su hija. ---- En la primera frase identificamos la palabra "perdida" como un insulto (refiriéndose a algo similar a una "cualquiera"), mientras que la "pérdida" con la acentuación diacrítica, nos refiere a la acción de perder, a un daño o quebranto.
Sí, lo envió –que decir- Sí, lo envío. ---- En la primera frase estamos afirmando que alguien hizo la acción de enviar alguna cosa, mientras que en la segunda estoy afirmando que seré yo quien me responsabilice de realizar la acción de enviar.
María te invitó a tomar el té. - que decir- María, te invito a tomar el té. ---- En este caso encontramos el "te" que es un pronombre y el "té" con tilde que nos indica una bebida caliente. La palabra "invitó" nos señala que María es quien hace la invitación, mientras que en la segunda frase, es María a quien se le está haciendo una invitación para tomar el té.
Video complementario sobre la actuación diacrítica que nos muestra los casos en que debemos usarla.
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— ¿Por qué ya casi no te veo? — preguntó el niño, sentado sobre el regazo de su abuela.
— La muerte no nos deja —respondió la anciana sobre la mecedora.
La ofrenda era una pequeña montaña de veladoras y papel maché. Las flamas temblaban de frío. La noche envejecía rápido.
— Pero yo quiero verte todos los días, abuela —insistió el niño.
— Lo sé, pequeño. Pero la muerte es inflexible, rara vez hace excepciones. Pero descuida, siempre te veré en estas fechas.
Y transcurrieron las horas, y el niño abrazó a su abuela para recordarla todo el año. La escuchó cantarle y sintió su mano acariciándole el cabello.
Al amanecer, la luz iluminó la ofrenda y la fotografía del niño en el centro. Un rastro frío quedó en el regazo de la anciana.
Autor: Antonia de la Luna
Ella me observa todo el tiempo, no importa si estoy en casa o en el trabajo, me sigue a todas partes.
Ella posee cautivadores ojos verdes, una boca seductora que me invita a besarla, un cabello largo y sedoso que quisiera acariciar, un cuerpo con curvas exquisitas. Pero su actitud me perturba y me inquieta.
Es verdad que yo la observaba primero, que la quería para mí, que se me hacía apetecible y por eso un día la seguí.
Para un caníbal como yo, es difícil sobrevivir con tan extravagantes gustos.
¡Ya no me observes de ese modo!
¡No puedo regresar tu cuerpo!