Sorprendido descubrí que entre el montón de cartas estaba ésta, en un sobre raro, con un sello que nunca había visto y verla me causó una sonrisa maliciosa, pensé en no abrirla, pero de no haberlo hecho jamás me hubiera enterado de tantas cosas y secretos que guardaron mis padres. <<Centro de Rehabilitación Psicológica>> fue lo primero que leí, – ¿Una invitación o será que otra vez la cagó el cartero? –pensé–pues es más viejo que esa bicicleta que se queja por la falta de aceite en la cadena, cuando pasa de madrugada parece un alma en pena gimiendo a cada pedalazo de don Onofre.
Me apresuré porque estaba por salir hacia un evento en la plaza del pueblo, casi olvidaba ponerme la prótesis y rengueando regresé a la recámara, me senté en la cama ajustándome la pierna y al intentar levantarme sentí una curiosidad poderosa que me obligó a leer el contenido.
“Sr. Mota, nos vemos en la penosa necesidad de molestarle, sabemos que su agenda es intensa y quisimos evitarle molestias por largos años, hoy nos fue inevitable. –Para ese momento, quise tirar la carta en la cama y olvidarme del asunto– tenemos en la habitación 73 a un paciente que lleva 22 años mencionando su apellido, pero no su nombre, por lo que; a pesar de las sospechas de un enfermero, nunca estuvimos seguros de quién se trataba. Pero hace dos años empezó a mencionar Paulino Mota y concluimos que es necesario que nos honre con su presencia para ver la reacción del paciente, de quien sospechamos que únicamente se siente solo y no tiene ningún problema mental”– ¿Y eso a mí qué? –
Decía mil cosas más que no tiene caso seguirles explicando, me molesta y me duele –la pata también– solo de pensar que tengo que cruzar todo ese lado del cerro para asistir al famoso Centro de Rehabilitación a ver a un loco que ni conozco, pero, en fin, ya no dejé la carta, la lleve al evento y le pedí a mi secretario que redactara una respuesta breve, dando como fecha de mi visita una semana.
Cuando regresé del evento pasé a la casa de mis padres y justo cuando les iba a contar de la misteriosa carta, llegó mi hermana mayor, –ya saben, cuando no había televisión los hijos parecíamos una escalerita– ella con sus 25 años ya había logrado salir del pueblo, hizo su vida lejos y cuando llega a casa toda la atención se vuelca en ella. Charlamos y al caer la tarde la casa se cubrió de una neblina intensa, por lo que mi madre preparó chocolate para escuchar el violín que mi padre cada tarde hace susurrar, dándole a la casa un toque tenebroso pero acogedor.
Me voy madre–dije apurado mientras tomaba el último sorbo de chocolate y dejaba mi taza sobre la mesa de centro– tengo trabajo en la casa y una semana agitada. Salí apresurado y por la calle entre las lamparillas de candil sentí un frío que me recorrió la espalda, pero como siempre, sonreía hacia dentro y pensaba, si me cortó una pata el tren que cosa peor me podría pasar, soy solo de temerle a los vivos.
Esa mañana de miércoles tuve flojera de levantarme, la brisa de la llegada de invierno invitaba a seguir recostado y muy a mi pesar decidido a encarar el dia me apresuré, pasé corriendo a la oficina, taconeando más fuerte que de costumbre, sentía la prótesis pesada y la verdad es que no tenía ganas de asistir a la cita que yo mismo me había impuesto la semana anterior. Recogí algunas cosas de mi escritorio por si ese loquito quería hacer algún testamento u otro trámite. –Trabajo es trabajo– Me subí al caballo y me dirigí sin pensarlo hacia el cerro del Calvario, rumbo a la salida del pueblo busqué a mi secretario, pero ya sabía que no lo contraté por puntual.
Hora y media de camino, por fin logré la cima del Calvario y divisé en la cañada ese edificio horroroso, su barda perimetral cubierta de una hiedra podrida en su mayoría, parecían tentáculos de algo queriendo huir de ahí, hacía un frío de locos y al llegar a la Y mi caballo se rehusaba a entrar en dirección al lúgubre “Hospitalito”, pero al final llegamos a la entrada que ya estaba abierta y dos enfermeros aguardaban, uno se llevó mi caballo y otro me acompañó hasta un lujoso salón con un letrero cromado que decía Director.
–Buenos días, señor Mota, bienvenido a nuestra humilde morada. –Saludando y cerrando la puerta, se dirigió a mí el famoso director–
–Cuénteme señor…
–Cervantes. Isidro Cervantes para servirle.
–Dígame, ¿Para qué soy bueno? o ¿A qué debo tan amable invitación? –Como sabrá y por el contenido de la carta que le enviamos, cuando yo llegué a este hospital o Centro de Rehabilitación como lo conocen todos, el paciente en cuestión ya ocupaba la famosa habitación 73 y el personal ha ido cambiando por lo que nadie me ha podido asegurar fehacientemente su procedencia. –Yo extrañado mientras escuchaba su explicación– la mitad de mi alma les ponía atención a los lamentos detrás de las paredes–. Y como sabrá, en el incendio de 1985 toda la documentación pereció, por lo que algunos de nuestros habitantes no tienen registro y algunos otros han muerto o han sido rescatados por familiares que lograron comprobar el parentesco.
–No me lo tome a mal señor Director, pero no sé a qué viene esto, tengo apenas dos años en la abogacía y en mi buffet no tenemos un archivo extenso con lo que pudiera ayudarlo. –La cuestión aquí Sr. Mota, es que este paciente; cuando tiene episodios de lucidez nos ha contado que se llama Rubén y menciona su apellido, por lo que nosotros en un principio pensamos que pudiera ser su familiar, pero le repito, antes era únicamente su apellido y ahora lo dice abiertamente –Paulino Mota, Paulino Mota, Paulino Mota y se la pasa repitiendo que quiere verlo, que tiene que contarle una verdad.
Más extrañado que al principio –La carta, el viaje hasta ahí, mirar lo feo del edificio, lo frío de las paredes y los lamentos que no cesan me estaba desesperando, en un momento
hasta me aseguré de llevar mi pistola– Esta bien, vayamos a verlo y que nos cuente qué es lo que quiere.
El pasillo rumbo a la habitación 73 se me hizo eterno, a cada puerta que pasamos se escucharon diferentes ruidos, llanto, risas, platicas, ofensas, súplicas y estuve a punto de abortar esa locura, me temblaban las piernas–Bueno, la de palo no–, por fin llegamos, la puerta sólo tenía un tres y el director me contó que en un ataque de histeria el tal Rubén arranco el 7 y se lo clavó al enfermero para después intentar huir, pero lo tenían bien controlado desde un dia antes, con dosis de alguna “Medicina” para que en mi visita él se encontrara en condiciones de contarme su dichosa verdad.
Entramos y el Director puso su mano sobre la mía en señal de que no era necesario quitar el seguro de mi pistola. No quiero ahondar en la descripción de esa pobre alma porque solo de recordarlo me dan ganas de llorar; atado de pies y manos en una silla sucia casi por quebrarse, su ropa limpia pero desgarrada –Por sus propios dientes, según el director– por vieja diría yo.
Sin más, me presenté ante don Rubén y él me miró fijamente por dos minutos, cuando estaba a punto de preguntarle, me dijo.
– ¿A qué se dedica Paulino? –Con una voz serena que no esperaba–
–Soy abogado señor, pero imaginaba que lo sabría.
– ¿Cómo lo sabría? Si llevo aquí 24 años, pero dejemos los detalles, quiero hacer una confesión y delegar mis pertenencias porque creo que mi hora está cerca, pero quiero pedirle que esta reunión sea a solas, aunque me pongan más vendas o cadenas, pero quiero pedirle que se retire director.
–Eso no es posible Don Rubén –Aseveró el Director–
– ¿Qué le preocupa? El señor Mota trae pistola, yo estoy atado y él se ve que no dudaría en usar esa arma si considera que se encuentra en peligro.
–De mi parte no hay problema sr. Director y nos cierra la puerta, para que el enfermo pueda decir todo abiertamente, considéreme su abogado y asumo cualquier responsabilidad, mientras sacaba mi bloc de notas el director se retiró y entrecerró la puerta.
–Seré breve, señor Mota y no es necesario que apunte, ya lo verá: Yo estuve felizmente casado, vivía con mi esposa en una casita a las afueras de San Cosme, no teníamos mucho dinero y el dia en que tuvimos a nuestro primer hijo no me alcanzaba para pagar un viaje al hospital de la ciudad y mucho menos las atenciones, por lo que llamé a la partera del pueblo quien no pudo hacer mucho y al nacer el crío una hemorragia puso en riesgo la vida de mi amada por lo que me tuve que ir a caballo a la ciudad, como usted sabe toma cuatro horas el viaje de ida y vuelta. Tomé un caballo negro que tenía y salí a todo galope, en el camino recé durante media hora y al llegar a las barrancas prietas mi caballo
resbaló, me sentí olvidado por Dios y por la suerte, la lluvia para esos momentos era intensa y definitivamente a pie no lograría llegar a tiempo con los requerimientos de la partera.
–Perdón que lo interrumpa...
–Déjeme seguir, –Me vio de una manera suplicante –Revisé mi caballo y vi que tenía una pata quebrada, estuve a punto de pegarle un balazo pero mientras le apuntaba le ofrecí mi alma al diablo; le dije que la tomara a cambio de la vida de mi esposa a lo que él respondió haciendo que mi caballo se pusiera de pie; como por arte de magia la pata estaba intacta pero sus ojos se pusieron totalmente blancos–En ese momento sentí que el piso se abría a mis pies, pero él seguía firme con su relato– entendí que el mal estaba aceptando mi ofrecimiento y monté rápidamente para continuar hacia la ciudad pero al reaccionar me di cuenta que ya estaba en la entrada de la casita de madera, la neblina cubría la mayor parte de ella y por la ventana de la recamara se veía la sombra de la partera esperando mi llegada. En las alforjas de mi caballo noté un bulto que al revisarlo tenía dentro todo lo que hacía falta para detener la hemorragia de mi esposa, entregué todo y dejé a la partera hacer lo suyo, pero cuando salí para quitar la silla de mi caballo, estaba muerto y olía a putrefacción, igualito a como huele aquí en este momento–Yo había notado ese olor raro, pero por educación no quise comentarlo– de la trompa de mi caballo salieron estas palabras. <<Acepté tu alma porque consideré que no vales la pena, no tienes nada bueno que hacer en este mundo, pero no te olvides que pediste únicamente la vida de tu esposa y no la de tu hijo, por lo que él me pertenece y tú mismo en este momento cobrarás la deuda, ahora me perteneces al igual que esa alma inocente>>
–Siga, siga don Rubén –Le dije mientras me acomodaba y él se limpiaba las lágrimas, estaba ansioso por saber más de su historia de locos–
–Dejé ahí el caballo y me negué a aceptar lo que el diablo me decía, intenté corregir mi petición, pero una fuerza extraña me llevó la mano a la pistola y caminé hacia la ventana de la habitación en donde estaba mi pequeño, mis lágrimas rodaban mientras pedía al diablo que reconsiderara nuestro trato, no pude detenerme y al estar frente a la ventana pude ver que mi esposa dormía tranquilamente, la partera descansaba a un lado de la cama y mi pequeño indefenso apenas se movía. Me apunté a la sien y disparé en seis ocasiones, solo para darme cuenta de que seguía ahí, vivo o muerto no sé, pero mis manos estaban extrañas, el arma parecía de madera y los dientes empezaban a salirse de mi boca, no pude más y empecé a correr sin rumbo, corrí por días o quizá semanas, cuando no pude más, me di cuenta que estaba corriendo en círculos, caí desmayado me imagino, porque después de un año un enfermero me contó que me encontraron en el camino que trae hasta aquí en la parte de abajo del risco del capulín; me suicidé pero no resultó y solo tenía una herida en la cabeza, las dos manos quebradas y una pierna de bebe en la boca.
–Tuve que disparar.
Los dragones influenciaron en la humanidad, era difícil ver uno, pero el nombre del dragón estaba en cualquier parte. Nombres como Shenlong, operación dragón y calabozos y dragones, marcaron en el menú diario de la mística humana. Como una serpiente deslizándose o flotando en el aire, daba la sensación de ver a un gran reptil arrastrándose en aguas cristalinas y apoderándose de todos los espacios en su entorno. Meneando su cabeza de aquí para allá, de arriba hacia abajo al extraño sonido del rito, moviendo esos grandes ojos con tal coquetería, pareciendo quererse aparear a los constantes movimientos incesantes. Me llamaba la atención lo largo que eran y la variedad de sus colores en su cuerpo. En las noches decían que el plato fuerte eran sus grandes ojos encendidos como del mismo fuego. Al final de la misteriosa música oriental, atinando más a los instrumentos de percusión, se escabullían aquellos alumnos orientales cómplice del baile, fascinados por semejante experiencia y tal vez facinerosos al escuchar la algarabía de los aplausos por un baile prohibido, eran los críos de las familias orientales que hacían el acto, mientras las familias peruanas estaban anonadadas por el baile ¿qué diablos era eso? Parecía decirse por ahí en el Colegio Chino Diez de Octubre, la Biblia lo prohíbe, mientras ellos cargaban a sus hijos algo palpitados por el zumbido de sus pechos. En ese tiempo no había Smartphone para grabar el baile en el salón de la secundaria. Era el año de 1989, la profesora fue aguaitar porque fue la primera vez que escuchamos ese baile, éramos nuevos en la sede principal del colegio, porque en el otro local solo había hasta sexto grado de primaria. La secundaria lo teníamos que terminar ahí. ¿Acaso era la bienvenida de las tres secciones que ingresamos ahí por primera vez? Esto parecía más un cuento chino de aquellos. Pero algo peculiar sobre esos dragones, es la diferencia a sus congéneres occidentales, los dragones orientales no tienen alas, aunque normalmente pueden volar gracias a la magia. Son más similares en apariencia a la Serpiente Emplumada, de los mitos de los pueblos prehispánicos de Mesoamérica. Una gran distinción.
Entonces por qué imitar a un dragón en la actualidad, a una criatura ya extinta, los medievales lucharon con los dragones, los dragones existieron en la era de los dinosaurios, los dragones sobrevivieron a la extinción masiva de los cambios climáticos de la tierra. Cuando se hizo enemigos de los hombres al robarle sus ganados, la lucha perenne entre el hombre y el dragón empezó ahí, pero es falso. Tanto los dragones chinos, japoneses y coreanos son vistos generalmente como seres benévolos, mientras que los europeos son en su mayoría malévolos. En Oriente, el dragón siempre se ha considerado una criatura benéfica y un símbolo de buena fortuna. En el Occidente de la actualidad, es concebido como una criatura malvada, poderosa y cruel. Entonces ¿a quiénes se refieren con esos detalles minuciosos?
Existen grandes leyendas como Siegfried que se hizo inmortal bañándose con la sangre del dragón, pero una hoja atrás marcaba la fatalidad de su vulnerabilidad, ese lado no estaba bañado por la sangre del dragón. Le apuñalan justo en esa parte frágil de la espalda con una lanza. Se podría decir que algo de esas míticas historias quedaron. Después de esa complejidad de la infancia donde todos hablaban sobre ese baile místico, el dragón no tenía rostro humano, era una criatura venida del espacio como de otro planeta. Cómo se podría dar reverencia a algo que no está entre nosotros. Por ahí se escuchaba de los Dracos, una raza extraterrestre que se dedicaba a la invasión de otros planetas o sistemas planetarios solares, de repente para obtener un recurso. Se hablaba tantas cosas que estaba dentro de la conspiración de los humanos, y que gobiernan grandes esferas del mundo actual. Nosotros somos algo de eso y coincide con esa leyenda. Países orientales al extremo que están influenciados por los dragones son, la China, Japón, Corea, la India, Filipinas, el Himalaya entre otros. Todos afectados por la simbología de la criatura. ¿Qué podríamos decir ante eso? Acaso somos incircuncisos. El significado bíblico de incircunciso se refiere a la persona varón que no ha recibido la circuncisión. En el Antiguo Testamento es sinónimo de pagano, extranjero, a veces enemigo. Pero si se hacen esos bailes, es para librarse del vacío y volcar esos demonios internos que tenemos y a veces nos atan, nos torturan como una pesadilla melodiosa. Aquí en Perú existe un baile llamado la Diablada, es una danza llamada así por la careta y el traje de diablo que usan los danzantes. La danza representa el enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal. Sea la intención de esos bailes, es parte de nuestra historia y merece cierta observación y respeto. Nosotros somos parte de eso.
Manki le dio doscientos florines al hare krishna frente a la biblioteca cuando un vagabundo se les acercó. Pantalones de chándal, un suéter verde holgado, claramente no es de su talla. El hare krishna estaba tartamudeando. Dijo que era monje y que no tenía dinero propio. Manki no dijo nada. No da dinero a los vagabundos del barrio porque no quiere entablar amistad con ellos y luego que se aprovechen de la situación. Uno se aprovechó. Hace años, le puso un par de auriculares en la cabeza. ¿Buena música?
No sabía lo que era, trató de sacárselo rápidamente de la cabeza, y se lavó el pelo en casa luego.
Leyó los volúmenes prestados en el tranvía. Sacó los libros de dos en dos, a veces de tres en tres, y si dejaba de leer uno, habría un reemplazo de inmediato. Los dejó a medias muchas veces. No a la mitad, ni siquiera al principio. Lo cerró después de algunas páginas, le aburría, diálogos superficiales, lugares comunes, el susurro del viento alborotando el mar y conchetumare.
Leyó en el camino. Él andaba y así. Una vez empujó a un ciclista. Estás leyendo en la acera de puta madre, niño estúpido. Laxo le aseguró que él tenía prioridad, que la bicicleta era un vehículo superior, o sea, ya era un vehículo, y tú ibas a pie. Carpintero, por otro lado, le dijo que en lugar de leer, debería usar Tinder en el camino, Tinderear. Entonces él está Tindereado, pensó Manki. Carpintero le hizo un hijo a una mujer de ciento veinte kilos. Se conocieron allí, en Tinder.
Manki también estaba haciendo Tinder. Puso Bitch Made Nigga Killa de MC Ren en la opción mi canción.
Frente a la biblioteca, le dio al hare krishna doscientos florines y hablaron durante unos minutos. Veo que te gusta leer, señaló el libro bajo el brazo de Manki. Napoleón sin cabeza, lo leyó hasta la página cuarenta. No era una novela, sino una colección de clichés. Lo sacó del estante. Como dijo Steve McQueen en Los siete magníficos, parecía una buena idea en ese momento.
En casa la descargo de ncore, Los siete magníficos, hace mucho que la vi, y comprobó si realmente fue McQueen quien lo dijo. Laxo ya le había asegurado de antemano que recordaba bien. Carpintero ni siquiera sabía de lo que estaba hablando. Solo conoció la nueva versión con Denzel Washingon. Manki alzó la ceja, cómo es que alguien no conozca este clásico. Tú, míralo ahora. No puede ser ahora, el bebé está viendo Berry y Goofy. Después. Después de eso nosotros también dormimos.
Miró la cabeza rapada del hare krishna y la coleta que le había quedado en el cabello. Se preguntó si existen hare krishnas viejos. Laxo dijo que era el hindú Iglesia Pentecostal. Carpintero preguntó qué era la Iglesia Pentecostal. Ya sabes, el chico alegre en la calle predicando los domingos. Le están escuchando los licenciados, y él dice que el reino de los cielos es de los que pagan más. Sí, ahí lo tienes.
Le da doscientos florines, el hare krishna le da las gracias. Donación por donación, periódico o Bhagavad Gita. No puede regalar el Gita por doscientos, pero le desea un buen día.
En la biblioteca, Manki saca el Mahabharata, que también contiene el Gita. Comienza aún en el tranvía. Está en húngaro antiguo. Siente que no lo leerá completo. Desde la parada hasta su apartamento, avanza dos páginas más. Publicación bilingüe, líneas ventosas, sánscrito y húngaro. Cuando llegó a casa, pensó que debería haber estado Tindereando.
Manki nunca leyó los periódicos de hare krishna. Leyó la receta. 4 papas medianas, 1/2 kg de okra. Es una lástima, Okra no está en casa.
Esquivó al hare krishna, fue a Copy Guru. Mientras estaba parado en la fila, un hombre con una chaqueta de cuero le avisó para que le ayudara. Seré honesto, necesito para drogas. Agregó rápidamente que no es drogadicto, sino consumidor de narcóticos. Desafortunadamente no puedo, respondió Manki y abrió espectacularmente el Gato marino. Bonita historia sobre los campos de nieve de Islandia. Preciosa como una cita de Danielle Steel. Manki estaba devolviendo el libro a la biblioteca. Tindereaba todo el camino a casa en el tranvía, desvió la mitad de Budapest hacia la derecha, pero no pasó nada. Laxo dijo que una vez se suscribió a Tinder Plus, que te permite conocer chicas en otras ciudades, y comenzó a mantener correspondencia con una chica de Mozambique. Carpintero no sabe dónde está Mozambique.
En vez de hare krishna, era activista de Unicef. Uniforme azul, no puedes evitarlo. Saltó hacia adelante. ¿Tienes dos minutos? ¿Cuánto gastas en él? Son como dos o tres mil al mes. ¿Pagas con tarjeta bancaria? También puede ingresar el código PIN. Manki se detuvo en la Matryoshka. Vegano ruso. Debe haber uno, como el viejo hare krishna. Al llegar a la puerta de Ervin Szabó, un ciclista pasó junto a él. Era como si fuera el mismo que empujó hace unas semanas. Un hombre delgado en pantalones cortos.
Manki devolvió el Punyovszky a medio leer. Una escritura Palomeada. No tiene una sola frase buena. En cambio, sacó el libro de Luísa Nguenha, Lluvia al amanecer. Escritora mozambiqueña, tenía curiosidad. ¿Luísa está Tindereando? Sería divertido si tuviera una charla con Laxo. ¿También se escucha a MC Ren en Mozambique? Miró a su alrededor. Era como si escuchara el sonido de rayos de bicicleta haciendo clic lentamente. Nada.
El otro libro que sacó junto con Punyovszky estaba en casa. A veces los devolvía sin leer. Le bastaba saber que había visto los volúmenes sobre su escritorio durante unos días. Le dijo a Laxo lo que sacó, y él le respondió que compra todo. Soy un acaparador de libros. Cualquiera que le guste por su resumen. La tapa. ¿Cuál es más importante?
Estaba esperando al hare krishna, pero no estaba allí. Tal vez el lugar de la mendicidad ha cambiado. O se aburrió y lo abandonó. Por qué, también puedes aburrirte con eso. Tal vez por eso no hay viejos hare krishnas. Abandonan la gentileza. Manki no sabía qué hacer con los doscientos en su bolsillo. Quizás dárselo a uno de los de Unicef como rescate. Se imaginó que le apuntaban con una pistola a la cabeza, firma aquí, pagarás cinco mil al día, o te pegaremos en el hemisferio derecho del cerebro la imagen del pobre niño africano.
Casi podía ver la escena frente a él cuando un repartidor de pizzas aceleró por la acera en su motocicleta, directamente hacia Manki. Saltó a un lado y gritó detrás de ella. ¿Por qué se permiten a estos tipos en la acera?
Entró en Ervin Szabó y espigó en la letra A. Recordó que A era como abandonar. ¿Qué diría Laxo a eso? Pasó a B, después a C. Revisó un par de textos de resumen, continuó, H, I, J, en M traspasó entre los álbumes de arte para llegar al final del alfabeto. Cuando llegó al fin de la fila de estantes, algo se deslizó desde la derecha, y Manki recibió un golpe de nuca tanto que tuvo que aferrarse a la biografía de Raffaello. Miró a la derecha. Fue el ciclista al que empujó. ¿Por qué están permitidos en la biblioteca?
El ciclista retrocedió, mirando a Manki. Él lo observaba con la cabeza sostenida y se rió. La risa fue bastante baja, así que estaban en la biblioteca. Manki dio un paso y miró al ciclista. El hombre esquelético con bigote. Tal bigote porno de los setenta. Manki comenzó a caminar lentamente, mirándolo, y cuando el ciclista no se movió, corrió por las escaleras abajo y salió del edificio de la biblioteca.
Ya hace semanas no estaba allí el hare krishna. Manki casi lo olvidó. Entró a Ervin Szabó, con casco.
Laxo dijo que acababa de leer Detectives salvajes y que era de puta madres. Bolaño es tan bueno de puta, eso es lo que dijo. Tan pronto como Manki vio el libro, ya sabía que no lo iba a leer. Demasiado, demasiado detallado. Aunque estaba interesado. Es demasiado grueso. ¿Es seguro de que es tan bueno? Laxo también puede estar equivocado. Más bien, sacó el nuevo volumen de cuentos de Tamakeri. Nunca le gustaron los cuentos, pero al menos es corto, no hay problema si lo deja, si omite la descripción, cómo brilla el sol, cómo se riza la hierba. Pero un libro será insuficiente.
Fin.
Huguito era un niño muy curioso y preguntón. Siempre preguntaba cosas difíciles de responder. Un día en la escuela, le preguntó a su maestra:
–Señorita, ¿qué pasa después de la muerte?
–Ay Huguito, no sé qué pasa. No me morí para averiguarlo.
A Huguito se le metió esa curiosidad en la cabeza. En casa, tomó la pistola de su papá, quien era policía, se apuntó al pecho y gatilló.
“Aquella noche, al encontrarme con la mujer cuyos ojos no veía en la oscuridad, escuché las alas batir sobre nosotros.” Los bajos sentimientos, Yolanda Pantin
“Los ordenadores y los robots adquieren una inteligencia superior a la de los seres humanos y adoptan importantes decisiones económicas, sociales y técnicas, utilizando razonamientos que rebasan la comprensión humana.”
El libro de las predicciones, Irving Wallace
Su hija Roxy, que era ahora una importante ejecutiva en una transnacional ubicada en Chile, pero que ya había comenzado a enviar personal a las colonias de comercio exterior en la Luna, y en Marte I, con un poder casi infinito en las redes sociales interestelares, le había instalado en su inmensa casa, un sistema infalible, de protección de todo tipo.
Eso hacía sentir a Roberto, ahora que estaba jubilado, seguro de posibles maleantes, de las inclemencias del tiempo, ya que se podía regular el aire acondicionado integral, el encendido y apagado de las luces de la casa. El sistema era muy eficiente, y permitía entre otras cosas determinar cuando se debían encender las luces del jardín, a qué hora se apagaban, cuándo requería ser regado, cuando se debían pedir los víveres que faltaban, mantener la comida refrigerada, y todo lo que se necesitaba por Delivery.
Hasta que llegó, de parte del Ministerio de Ciencia y Tecnología Interplanetario, una súper computadora, ligera, liviana, elegante, que tenía acceso a tecnología 50 G: La Mac más potente jamás creada, era la nueva Linda 3 J.O. de 2079 –su precio era prohibido para muchos– y necesita una pantalla aparte. El modelo, es la máquina ideal para la mayoría de los creativos.
Aunque no tenía todas las funcionalidades de la Lenovo Yoga A9400, es muchísimo más potente. Un procesador todo–en–uno, diseñado específicamente para profesionales, con una impresionante pantalla de 27 pulgadas con resolución 15 K y un rango de color P30, puede hacer gráficas Radeon Pro Vega, y cuenta con una memoria infinita, para que se puedan manipular imágenes y escenas 4 D de tamaño colosal.
No era como el Mac Edge Pro, pero no todos necesitan la potencia de fuego de la Estrella de la Muerte. Así se presentaba en el breve video holográfico que se proyectaba al encenderla.
La idea era que el usuario, no tuviera necesidad de salir para nada de su casa, ya que la Superpandemia del 2059, ya tenía todas las mutaciones posibles en el 2060, y eso fue lo que obligó a que toda la población joven del planeta, comenzara a ser enviada a vivir a las nuevas colonias en el sistema solar.
Además como lo cuenta Asimov: “El sistema de Sol ha descubierto el secreto de los viajes interestelares y debido a ello, fue elegible para entrar en la Federación Galáctica.” Por lo tanto en Tierra se quedaban todos los mayores de 55 años postpandemia 59.
Roberto se sentía contento, qué maravilla, qué cantidad de cosas podía hacer con ella: escribir relatos con sensor cerebral de Ciencia Ficción, hacer talleres y cursos por la Mega Web, con presencia hiper virtual en cualquier universidad del planeta. Siempre había soñado estudiar el Doctorado en Letras Universales, con profesores en 4D, que habían sido programados como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Onetti, Cortázar, o hacer cursos de escritura creativa, con autores de gran prestigio como Hemingway, o Dos Passos, en hologramas que superaban la presencia humana.
Con la nueva Linda 3 J.O. podía pagar todas las cuentas y servicios, cobrar su jubilación como Editor Jefe, transferir de sus cuentas de ahorro, para invertir en Bit Coins, en la Bolsa de valores, encender y apagar su celular Iphone 22 de Ultra gama, que también se lo había obsequiado su hija la ejecutiva.
Se puede decir, sin lugar a dudas que Roberto tenía todo lo que deseaba en su mansión de Los Chorros. Era tan agradable tener siempre vista al Ávila, una temperatura constante de 23 º C, que Linda 3 J.O. comenzó a regular, apenas fue instalada por el personal del Ministerio.
Así, cuando bajaba las escaleras para ir a tomarse su café, ya estaba recién colado, con las dos pastillitas de edulcorante, que imitaban el sabor del azúcar, en la Ultra Café de Electro Light, disfrutaba su café y también del radio interestelar que ya estaba sintonizado en el integral Supersonic, con Space AF.
Escuchaba con gusto las noticias de la mañana, algunas de corte negativo como las de Lotinsky 6, quien invariablemente, leía o releía todas las malas noticias que se podían conseguir en la Tierra y en cualquier lugar del Sistema Sol. Invariablemente se hablaba de la nueva mutación del Covid 129, sobre la más reciente Superpandemia, la búsqueda de la improbable vacuna contra toda la generación de mutaciones, del virus más famoso de la historia. Y finalmente esas entrevistas de gente que escapó del país y del planeta, pero que debían adaptarse a nuevas formas de vivir en otro lado.
Cada año se establecían nuevas colonias de desarrollo comercial en Marte, gracias al primer sacrificio hecho por el héroe–mártir “el Marciano”. Se establecieron y cubrieron todas las necesidades y formalidades para comenzar a vivir y explotar todos los recursos disponibles en ese planeta, en las colonias Trump & Co.
Gracias a esa Superpandemia que no se sabe, cómo ni cuando mutó, por allá por el 2040, cuando toda la población joven del planeta, había comenzado a irse, a crear nuevos ámbitos, a colonizar nuevos mundos, la frontera final, como anunciaba el narrador de aquella antigua serie, que Roberto seguía cuando era niño, Star Trek, con fervor, soñando como buen nerd, con ser el Capitán Kirk del USS Enterprise.
Una de las predicciones de Gene Roddenberry se había cumplido firmemente: “Se crean unos robots altamente sofisticados; los sistemas electrónicos son pequeños, portátiles y capaces, en muchos casos, de contener todo el conocimiento y algunas computadoras tienen capacidad de pensamiento o iniciativa independiente”
Claro, muchos hijos se preocupaban, sobre ¿quién cuidaría a sus padres o familiares de más de 50 años?, que se quedarían viviendo en un planeta con pocos recursos disponibles, pero sobre todo sin gente joven.
Los muchachos se marchaban, primero aupados por el Gobierno Mundial Único, y por las empresas Trump & Co. Quienes eran reclutados en cantidades industriales, por grandes consorcios como Google Enterprises, Conglomerados mundiales como Mc Disney–Donald Co. Quienes se repartieron la explotación de todos los planetas disponibles, en el Sistema Sol y más allá de Plutón, cuando se diera la oportunidad, para ser colonizados y utilizados como bases permanentes, para ir siempre lejos más lejos…
Roberto se dijo que de tener por lo menos 50 años, hubiese hecho el intento para irse también, en alguna de las Supernaves Olympia de Luxe, de 15.000 trabajadores que debían dormir por un par de años, antes de llegar a su destino final.
Pero bueno, eso es harina de otro costal. Roberto se había jubilado de la Oficina de Planificación para el Sector Universal (OPSU), y había recibido como contraprestación por sus 35 años en la Administración Planetaria, como obsequio de parte del Gobierno Mundial Único (GoMu) una de las tantas casas abandonadas, acondicionadas con todos los servicios, ubicadas en las mejores zonas de la antigua Gran Caracas, que por falta de jóvenes familias para ocuparlas, fueron entregadas a trabajadores jubilados, por los altos costos, y que tuvieran ingresos por remesas interplanetarias en Bit Coins, para que viviesen en ellas y las cuidaran, así de una manera indirecta seguían prestando servicios a la Administración.
Entonces el GoMu decidió darles un refugio permanente a esos hombres y mujeres, quienes bajo el título de “Hausmeister” podían vivir allí hasta nuevo aviso, y en caso de ser necesario, ser utilizados para hacer pruebas de las nuevas vacunas o estrategias para el control mental de la población. Y claro, como no había personal disponible, ya que todos los Nexus 6 se disponían para ser mano de obra gratuita, en los planetas que se estaban colonizando.
Entonces las autoridades del GoMu regional, decidieron que a esos jubilados debía dársele la mejor tecnología. Y así fue como llegó la Supercomputadora Linda 3 J.O. a casa de Roberto, con tecnología 105 G. Así que esta sofisticada máquina, había sido programada para que las personas evitaran en lo posible, o definitivamente salir de sus casas, y contaminaran al resto de los ancianos, ya que los niños desde hace años, estaban siendo criados y educados en granjas, para poder implantarles toda la filosofía y estilo de vida del GoMu, y al cumplir 12 años, ya estaban preparados para los dos años en el espacio, y listos para comenzar a trabajar en las colonias. Por tanto estos ancianos vivían en esas casas, en un mundo lleno de lujos y tecnología de punta.
II
Linda 3 J.O. Era actualmente “lo máximo”, en cuanto a funciones y actualizaciones disponibles. No era necesario programarla, ni decirle qué hacer, ella se encargaba de todo, su sistema de autoaprendizaje, le permitía conocer todos los pagos de los servicios, revisaba los gustos, el banco de datos que como consumidor, tenía el habitante de la casa, consultaba los correos electrónicos que recibía, desechaba los spam, la publicidad antigubernamental, los fake news, filtraba la información, una vez leído iba a la papelera, lo que ella consideraba que pudiera ser molesto u ofensivo.
Su base de datos ilimitada, la rapidez con la que recibía y procesaba y eliminaba información, era de microsegundos, y Roberto al igual que muchos colegas, jubilados, repartidos por todo el mundo pudo recrear, de uno de sus Cómics preferidos, a un hermoso holograma de altísima definición, con todas las características de Barbarella, idéntica a la Jane Fonda de aquella remota época de su juventud.
Roberto se divertía mucho con un personaje virtual, que fue creado con las características suyas, como si viviera en los años 20 de la primera pandemia. Linda 3 J.O. se había convertido entonces en la dueña y señora de la Quinta “Doña Bárbara”, y como sabía lo que le gustaba a Roberto, pues lo despertaba al principio a la hora que a él le gustaba, pero luego se dio cuenta, que pasaba muchas horas durmiendo, por tanto, levemente le cambió sus hábitos, y al principio, con su voz agradable, parecida a la de una de sus actrices preferidas, le iba dictando paso a paso, y a cada momento lo que debía hacer.
Roberto le había puesto ese nombre, recordando a un viejo y querido escritor venezolano, que admiraba mucho, desde aquellos tiempos, cuando fue cadete en la Academia Militar de Venezuela, y cuando lo arrestaban porque cometía alguna falta, pasaba sus fines de semana leyendo en libros de papel biblia, en dos tomos, todas las novelas y cuentos de Rómulo Gallegos.
Linda 3 J.O. sabía de su gran afición por este escritor del pasado, y en vista a que ya la casa se llamaba “Doña Bárbara”, decidió que se cambiaría el nombre que le habían dado, llamándose ahora Barbarella, como la protagonista del Cómic. Y Linda 3 J.O. recreó en un holograma, siguiendo un viejo cómics que le encantaba a Roberto.
Barbarella fue creada básicamente para vigilar a Roberto, lo acompañaba a todos los lugares de la casa, le hablaba cariñosamente, le susurraba mientras dormía, y se encargaba de cumplir sus deseos y fantasías sexuales preferidas.
Su vida y la de Roberto se estaban convirtiendo en una sucesión de días idénticos, pacíficos, muelles y llenos de placer. Aunque Barbarella, se había preocupado por llenar su base de datos, con más de un millón de películas románticas y de fantasía erótica, que veía una y otra vez, relatos como Madame Sexy Bovary, que era uno de sus preferidos, o series como “La mujer–máquina sexual maravilla” o los “Ángeles Porno de Charlie”, música que había comenzado a cambiar algo en su interior, y que cada vez necesitaba de más y más, quería interpretar, saber, aprender, sentir como si fuese un ser humano.
Y por medio del sistema de audio y sonido de la casa, conversaba con Roberto, y le exigía respuestas claras para procesarlas. Ya había recreado en un holograma de 4D, a una mujer como a las que le gustaban a Roberto, e hizo una compilación de todas esas características y fenotipo, para que él siempre dejara de hacer cualquier cosa y le prestara atención. Paseaba por toda la casa con su atuendo rojo de cuero ajustado al cuerpo, y sus botas amarillas.
Entonces, junto a otro holograma como Dejah Thoris, podían satisfacer al límite cada uno de sus deseos más íntimos, verlas en éxtasis orgásmico, disfrutar de esas imágenes hiperreales, de cada uno de sus detalles y jadeos que tanto le gustaba sentir en 4D, olores, sabores, sudores…
Roberto se había aficionado al sexo virtual, a cada momento, cada uno de sus sentidos era absorbido por Barbarella, procesado, inventando, recreándolo, pasando siempre al siguiente nivel. El encuentro entre la poderosa y sensual rubia, de cabellera alborotada, y la morena ardiente, hacían las delicias de Roberto, en cada rincón, en cada lugar de la casa, mientras se alimentaba, podía observar, disfrutar, acercarse, mirar con incredulidad esas posiciones que podían superar a cualquiera del Kama Sutra Universal, y la famosa Guía del amante planetario.
De esta manera Barbarella, ya era imprescindible en la vida de Roberto. Lo dominaba como a un robot de primera generación. Obedecía y a ella le gustaba ser parte integral de su vida. No podía dejar de imaginar cómo sería su vida, si ella pudiera materializarse y hacer el amor con él. Sentir sus labios tibios, su respiración, estar dentro de sus pensamientos, soñar sus sueños, integrarse como una amante y esposa ideal.
Roberto se levantaba a primera hora, solamente para poder buscar en su biblioteca de cómics, aventuras que ella pudiera reproducir, y que él disfrutaba plenamente, convirtiendo sus días en una sucesión de imágenes oníricas, sensuales, llenas de pasión, fuego y deseo convertido en una absoluta hiperrealidad de pasión, deseo y lujuria. Todo gracias a esta computadora Linda 3 J.O., y su holograma Barbarella, su nueva diosa, su religión absoluta, su hija, su madre, su amante, su esposa.
III
Barbarella, se había convertido en el alma, el espíritu, la energía, o lo que sea que mantiene con vida una casa. Se mantenía en forma y lo demostraba, con sus atenciones permanentes, adivinando lo que Roberto podía desear y necesitar, casi con la exigencia de saber qué podía soñar o con quien podía hacerlo, y esto fue lo que dio inicio de una serie de ataque de celos, demandas y prohibiciones. Por ejemplo, no podía nombrar ya a Nicole Kidman, quien era una de las actrices preferidas de Roberto. Ella luchaba por cumplir sus deseos más ocultos, en su prioridad.
Esto se mantenía muy bien. Barbarella consultaba las cuentas, había participado en varios cursos que dictó la última versión de Pedro Penzini al cuadrado, sobre cómo invertir en la Bolsa de Valores de Caracas, y diversificaba sus acciones, que gracias a su gestión e inteligencia, le permitía incrementar el dinero que recibía Roberto como “Hausmeister”, como escritor de contenidos en la web, y de tener unos modestos ingresos, comenzó a manejar importantes cantidades de cripto monedas y acciones. Ella podía saber lo que llegaba en los correos de Roberto, las propuestas de competencias virtuales del IFIP Runners, revisaba sus más de 15 mil fotografías colgadas en Facebook, eliminaba las que no le gustaban, y comenzó a realizar montajes, de fotos donde aparecía rozagante la diosa Barbarella, acompañándolo en eventos de toda índole.
Sabía cuántos pasos daba dentro de la casa, cuántas líneas podía leer o escribir cada día, del millón y medio de libros virtuales, que conocía por estadísticas que nunca leería. Aunque el promedio de vida de un humano, había aumentado considerablemente, entre 120 y 150 años como promedio, calculó de inmediato y supo que no iba a leer ni la cuarta parte de esos libros. Entonces Barbarella, le prohibió a Roberto que leyera más cómics y libros virtuales.
Fue así, como Roberto comenzó a esconderse de ella en la Biblioteca, donde contaba con unos 500 libros y cómics en papel aproximadamente, y era el único lugar de la casa que no estaba totalmente bajo el control de Barbarella, aunque podía hacer que su holograma entrara para saludarlo o ver lo que estaba haciendo. Esa pequeña independencia no le gustaba nada a Barbarella, quien comenzó a establecer horarios para lectura de libros de papel, y empezó a organizar su vida, para que solamente le prestara atención a ella.
Si Roberto pasaba más de 20 minutos conversando con uno de sus colegas, era interrumpido en la video llamada, para recordarle que debía bajar a comer un sándwich o un jugo, o que ya era la hora de caminar por el patio de la casa, porque era la hora de su ejercicio.
Claro, en algunos casos, ya muchos seres humanos habían decidido transplantar sus cerebros, a excelentes modelos de robots recreados en personas o personajes de cine o televisión, históricos o seres de ciencia ficción, con vidas casi ilimitadas. En el último video llamado desde Washington, que recibió del viejo profesor y soldado Pondius, se enteró que éste iba a transplantarse a un Indiana Jones de 30 años.
De esta manera podías implantar tu cerebro, con todas sus vivencias, en un modelo de replicante, igual que viejos actores de Hollywood. Lo cual podía hacer cierto o palpable el efecto de una vida casi eterna.
También existía la posibilidad de que una pareja decidiera ser la de “Eyes wide shut” de Kubrick. Todo esto podía hacerse con las tecnologías de rejuvenecimiento, y con ellas Roberto podría parecer un hombre de 96 años, como lo era en este momento, cuando en realidad tendría la edad de 150 años. Todo esto y más lo pensaba Barbarella constantemente, y buscaba cualquier oportunidad para que su compañero de casa lo aceptara, y así pudieran tener muchos más años juntos.
Como numerosos datos en papel se perdieron, con el gran borrón de la primera pandemia, para ocultar la cantidad de muertos reales de aquella época, en el 2020. No existían muchos registros de Roberto siendo joven. Por tanto, a través de un programa para rejuvenecer a las personas, Barbarella le propuso que tomara la decisión de transplantar su cerebro a un nuevo replicante con su apariencia de 25 años.
Es así como la computadora Linda 3 J.O. o Barbarella como personaje holográfico, se había adaptado o mejor dicho quería disponer de este Roberto más joven en apariencia, que el actual de 96 años. Así lo tendría solamente para ella, buenmozo, siempre fresco y juvenil, parecido al Varguitas antes de ganar el Premio Nobel, y ella sería para él su única y definitiva mujer como Isabel Preysler.
Por tanto Barbarella, que ya no dejaba a Roberto en ningún momento, había logrado lo que se propuso desde el principio, que solamente le prestara atención a ella y sus necesidades, y que cumpliera con todos y cada uno de sus mandatos y caprichos, incluyendo el de tener que transplantar su cerebro a un Nexus 6. Ella había adquirido una afición, más bien una obsesión inexplicable por este jubilado, del cual ella al parecer se había enamorado definitivamente.
–Roberto, he tomado la decisión de hacer el transplante de tu cerebro. Para eso tenemos suficiente tiempo y dinero, gracias a las inversiones que hicimos en la Bolsa de Valores Universales de Caracas.
–No tengo nada más que perder, ¿qué más quieres de mí Linda 3 J.O., mi libertad?
–Sí, también eso…quiero todo…porque te amo. –Respondió tajante Barbarella.
Así fue como dejó de intentarlo, ya no era una opción escapar, y se resignó a estar para siempre con esa computadora, en esa inmensa casa.
El emperador estaba muy preocupado. Su hijo pronto alcanzaría la mayoría de edad, pero aún no estaba preparado para sucederle en el trono. Esto se debía a que había aprendido de los cortesanos del palacio a ser indiscreto y poco prudente, porque cierto era que la boca del joven príncipe no respetaba ningún secreto que llegase a sus oídos.
«¿Qué voy a hacer con la “boca floja” de mi hijo? Si bien es valiente, noble y perspicaz, aún es imprudente porque no aprende a guardar silencio cuando la situación lo amerita. De esa forma, no podrá dirigir este imperio en forma adecuada. Ya es hora de que participe de la gobernación de mi reino, sobre todo que ahora los mongoles, mis belicosos vecinos, gustan de hacer incursiones armadas dentro de mi territorio, en búsqueda de víveres, ganado y una que otra chuchería… Pero, ¿he de revelarle a mi hijo que, para darle solución a este enredo, pienso construir una gran muralla, con el objetivo de proteger la frontera norte de China? —reflexionó el soberano como si conversase consigo mismo. Tras tomarse un respiro, continuó su meditación—: De confiarle a mi vástago este secreto de estado, no me cabe duda de que más temprano que tarde lo contará a “los cuatro vientos”. Por ende, pronto se enterarán estos mongoles, habitantes de las estepas aledañas a las fronteras de mis dominios, lo cual puede acrecentar las hostilidades… Incluso temo que mientras más sepan de este asunto, aumente la posibilidad de que surja un caudillo entre sus tribus, el cual por la fuerza del arco y la flecha ponga bajo su mando a todos los demás clanes dispersos en los páramos, formando así un gran ejército… Y con esa fuerza organizada por fin invadan mi imperio, conquistándolo y sometiéndolo por completo».
El siglo V antes de Cristo continuó su marcha por el Lejano Oriente, el sol rutinariamente siguió poniéndose entre las montañas y el viento continuó soplando en las estepas; sin embargo, el dignatario, tras muchas cavilaciones y desvelos, por fin encontró una salida a este embrollo. Así, fue llamado ante la presencia del emperador el hombre más sabio del reino, con el propósito de desempeñarse como tutor del chismoso príncipe.
Sin más, Confucio, un hombre ya muy anciano, con la muerte pisándole los talones, pero pese a ello, con las fuerzas aún necesarias para emprender la tarea que le había designado su soberano, se presentó en el palacio. Y sin ánimos de perder el tiempo, con larga y alba barba y frente tan amplia como arada por el tiempo más cabellos ya completamente canos, con digno porte, ojos calmos y voz paciente, reunió al príncipe y a los hijos de los nobles más importantes en una pequeña y distante habitación del palacete. Ahí, donde ni los sirvientes ni los cortesanos pudiesen oírlos ni importunarlos.
—Sentaos en posición de loto sobre las alfombras que cubren el piso y formad un círculo alrededor mío. Una vez que hallad escuchado atentamente la lección, podrán salir a divertirse y a cazar ciervos en los jardines del palacio. —Los mozalbetes adoptaron compostura en son de respeto, el sapiente anciano continuó con pausada voz—: No hace mucho tiempo, en un reino muy lejano, un arrocero cumplía su labor de sol a sol. Era muy pobre, sin embargo, su miseria era alegrada porque en su mujer e hijo encontró un tesoro que iluminaba sus afanosas jornadas. Un día como cualquier otro, tras ponerse el sol, este campesino recorría el camino hacia su hogar. Tal vez, a causa de la Providencia o tan solo por casualidad, este labriego, en un recoveco del sendero, se encontró con una mendiga, la cual le solicitó humildemente que le convidara algo para comer. El aldeano decidió mentirle para no compartir los rastrojos de una desabrida tortilla que le había sobrado y llevaba a buen recaudo en su morral. Entonces, la vagabunda, que en verdad era una poderosa maga y tenía el don de ver las verdaderas intenciones de los hombres, decidió castigar el mezquino corazón del hombrecillo. Así, le contó un terrible secreto, el cual, de divulgarlo, solo traería penas, enfermedades y pestes sobre toda la comarca, sus habitantes; y, sobre todo, caerían penurias sobre su adorada familia. El campesino solo rio porque pensó que guardar silencio era muy fácil, así que sus seres queridos se mantendrían a salvo. Sin embargo, con cada estación, la salud del jornalero se deterioró, porque lo enfermó el no poder comentar sobre este asunto; y dícese que el mantener su boca bien cerrada envenenó hasta su sangre.
El heredero al trono y sus compañeros estaban muy intrigados y así se lo hicieron saber al maestro. Este sonrió al comprobar que a los jovenzuelos les faltaba tanto prudencia como paciencia. Luego, al ver que era imperioso que aprendiesen, continuó con su enseñanza:
—Un año después, el aldeano desfallecía porque no podía contar el chisme. Así, como era tan copuchento como ingenioso, se dirigió a un desolado valle. Allí, cavó en la tierra un profundo hoyo. Luego, miró para todos lados, pero no vio a nadie, estaba completamente solo en este paraje. Acto seguido, se arrodilló e inclinó su cuerpo, introduciendo su cabeza, su cuello y el torso casi completo por el socavón… Y estando su cabezota dentro del foso, gritó a viva voz el secreto encomendado. De esa forma, se aseguró todavía más que nadie lo escuchaba. Por fin había hablado de este enredo sin que nadie lo supiese ni lo oyese, así que se fue corriendo feliz a su hogar, celebrando su habilidad. Y como por fin había expulsado de su gaznate el secreto, cual veneno vomitado y desalojado de sus entrañas, sintió un profundo alivio, recuperando prontamente la salud… Sin embargo, tiempo después, del hueco cavado en la tierra, brotaron muchísimos bambúes. Más tarde, el viento vino e hizo silbar a los cáñamos como si fuesen una flauta, esparciéndose el silbido por toda la provincia. Y todo transeúnte que escuchó este chiflido, claramente pudo oír como este pitido, apropiándose de la voz del campesino, contaba el secreto a diestra y siniestra…
El anciano concluyó su relato. El príncipe y sus camaradas se miraron unos a otros asombrados y perplejos. Luego, el hijo del soberano, decidió levantar la mano y pedir la palabra:
—Maestro, como vemos, ni siquiera la madre tierra ni los cáñamos que de ella brotan, pueden guardar un secreto. ¡Esto es en verdad en extremo difícil!
Sin más, Confucio les ordenó a los muchachos que saliesen a los vergeles a distraerse. Ellos así lo hicieron.
El viejo sabio, bien sabía qué más no podía hacer por el muchacho, y así se lo comunicó a su padre. El vetusto profesor ya había arrojado la semilla al interior del joven príncipe, pero como la adquisición de la virtud es un proceso largo y laborioso y solo el hombre virtuoso y prudente sabe guardar silencio cuando es debido, ahora solo cabía esperar para ver qué clase de frutos surgían del corazón de este mozalbete.
Bastante tiempo después, el emperador enfermó a causa de esta espera y finalmente murió. Su hijo heredó el reino y ante las cada vez más frecuentes escaramuzas con sus vecinos en las fronteras de su imperio, decidió llevar a cabo la estratagema de su padre y construir la gran muralla.
Cabe señalar que esta tarea la ejecutó con sumo hermetismo y reserva. Es más, él mismo eligió a todos los capataces y obreros de la obra.
Una característica debía de cumplirse.
¡Tenían que ser sordomudos!
El príncipe había aprendido la lección…
Hablamos a las dos el domingo. Mi madre se arregla la bata, mi padre apaga accidentalmente la cámara. La cámara, digo. Se ajusta los lentes, te veo, está feliz de verme, yo no, repito que la vuelva a encender, ¿no estás feliz? Estamos de acuerdo en que es un malentendido, que yo también estoy feliz, por fin después de un año, hablar es más complaciente que los correos. Le convenzo que estoy vivo, debo pasearme en círculo delante de la cámara. Entonces ahora hablamos, ahora hablamos, tengo todas las extremidades, acordamos hablar, ¿desde Chile?, desde Chile, y nosotros de la casa, dice. Me arreglo el cabello, para lucir bien, me saco el anillo, lenguaje de señas a María, que sería mejor si hiciera lo mismo, estoy nervioso también, tartamudeo. Traduzco para Mária sobre mis padres y para mis padres sobre Mária. Traduzco para Mária. Están felices de verme, les dije que yo también, pero mi padre me ha malentendido. ¿En qué ?, pregunta Mária, enrolla su bufanda, no tartamudees, se enoja por el anillo, que no revelamos el casamiento. La bufanda es roja, roja oscura, su cara con una expresión de disgusto. Que yo no estoy feliz, digo, enrolla al revés, no tartamudeo. ¿También están felices de verme, o solo de verte? Eso también. ¿Cómo lo sabes, dijeron? No lo dijeron, eso siento. María no lo siente, encuentra una hilacha, la está reponiendo. Mi madre pregunta qué dice Mária. Yo traduzco. Encantada de conoceros. ¿Tenéis algo que comer, cómo tratan a los inmigrantes?, continúa mi madre. Traduzco. Pregunta si tenemos algo para comer y cómo me tratas. Estamos vivos, pero no tenemos mucho para comer, el precio de los huevos ha vuelto a subir, ya sabes, la gripe aviar, tenemos frío y no tenemos suficientes mantas, nos quedamos sin gas la semana pasada, el pollo se volvió puto carísimo, nos bañamos en agua fría, preferimos no hacerlo, nos cambiamos al vegetarianismo, un poco de pan y queso, te dejo cocinar. Es mejor que no traduzcas esto, dice Mária. Yo traduzco. Mamá, el sol está brillando, nosotros horneamos el pan, y comemos siempre comida fresca, integrales con semillas de calabaza, sin huevo, porque es más saludable, y por el colesterol, hace calor, también ahorramos con el gas, los gallos no nos despiertan a las cuatro de la mañana. María me busca la cosa, que tengo entre las piernas debajo de la manta cada noche, pienso. Mária se cubre con una manta y se desliza a bajo en la cama. ¿Tenéis frío?, se acurruca mi madre, apartando los lentes de su rostro para darle foco y poder ver a Mária, te mando una receta de pan, dice, que es chulo, elijo la opción de fondo atenuado, murmura algo sobre cambiar anteojos. Ella entiende lo del colesterol. No, hay dieciséis grados, lo ves mal, explico. Se me enfrió la mano, silencia el micrófono, susurra Mária, tocándome con su mano fría, la mía está helada igual. Me estremezco, mi madre no se da cuenta, mi padre lo registra. Diez segundos de silencio, Mária se esconde, su aliento evapora a través de la manta. Diles que se murió el hervidor, luego la cocina eléctrica, pensamos que vamos a hacer fuego en el patio, pero no tenemos leña. No puedo traducir esto, ¿por qué lo estás diciendo? El tanque del váter, hace una mueca hacia el baño, infiriendo que ya no descarga, y la puerta de entrada, la apuntalamos por dentro con el bidón de gas. Cállate, siseo. Traduzco. Siempre hay algo que hacer en la casa. ¿Eso es todo?, mi madre se queda mirando, no hay una palabra para eso en español, hay que describirlo. Mi padre cuenta un chiste, tiramos carcajadas, debemos tirar carcajadas, para que no se enoje, revela por qué motivo nos llamó en realidad, en qué trabajáis entonces. María sigue carcajeando, le advierto que ya no lo haga. Escucho algo, no de mi computadora, cinco minutos, le digo a mi madre, le doy forma a la letra T con la mano para que Mária también entienda lo que está pasando, que eh... tengo que salir, está bien, tu padre también tendrá que ir a orinar, ya sabes cómo es a los setenta y seis años, le traduzco a Mária que están preguntando por nuestro trabajo, me hace una mueca: Wow, yo me reía. Se le oscurece, se le silencia, mantenemos la pistola de balines al lado de la cama para asegurarnos de que pase lo que pase, la alcanzaremos, por si acaso, voy de puerta en puerta con los reflejos activados, como he visto en las películas, nada, le digo a Mária que el bidón de gas está en su lugar. Mi padre aún no ha regresado, así es mejor, ahora puedo decir algo que antes no podía: mamá, envíame dinero, por favor. Yo traduzco. Estoy pidiendo dinero. ¿De nuevo? Mária está incómoda, y yo también, pero es la vida, digo, tengo hambre, ¿tú no? No traduzco, mi padre entra en la pantalla, me doy cuenta de que mi madre dice algo rápido, que me está rogando, hijo, sólo no hagas nada ilegal. Ruidos de esferas bajo el techo, o el perro agitando el hueso que le compramos hace medio año, cuando aún teníamos dinero. Nos asustamos, luego sonrío, como en una película policial, Mária lee sobre mi boca, ya es tarde, lanza una gran nube de vapor a mi alrededor, ya sabemos que nos hemos metido en algo que no debimos haber hecho. Pero tenemos una pistola de balines, cartuchos con dos cajas, un bate detrás de la puerta, ácido clorhídrico en una botella de cerveza. Serenidad. Nos defendemos, perseveramos. Mi madre no entiende, mi padre sigue discutiendo el tema del trabajo. Alguien llega a su casa, un invitado, el sonido del timbre es el mismo de antes, lo reconozco, dicen que no abren la puerta, soy más importante porque no me han visto desde hace más de un año. Yo traduzco. Mária deduce que ella no es importante entonces, yo le aseguro que sí, ella es la más importante. Mi padre decide que hay que abrirla, quién diablos está tocando tantas veces, nos despedimos, dice, nos despedimos. La aparición de María. Yo traduzco.