Yo nací en la mejor ciudad del mundo: Brooklyn, Nueva York. Durante mi niñez, si quería un chopped cheese, mi madre me miraba de nuestro porche mientras iba a la bodega que estaba en la esquina del bloque. Durante mi viaje mini, pasaba mis vecinos jugando hopscotch en su porche, saludaba a los hombres en la barbería y escuchaba la música nueva que la gente de la calle tocaba. El trabajador de la bodega me preguntaba por mis padres y mis hermanos y antes de darme mi comida, me daba un Caramelo gratis y me decía— “diles hola” y aunque no entendía español, sabía que a él le importaba mi familia. Estaba triste cuando teníamos que mudarnos de ese barrio porque la vida de mi niñez era la que imaginaba para mis hijos. Quería criarles en un lugar lleno de música, comida, creatividad y alegría. Ahora, no estoy segura si puedo hacer eso. Recientemente visité al barrio de mi niñez y ha cambiado mucho. Hay tiendas nuevas y todo cuesta mucho. Y no es sólo los objetos en las tiendas y restaurantes que cuestan mucho; el alquiler ha aumentado también. La gente que vive en el barrio ni parece como la gente de antes ni tiene la misma manera de ser. Este fenómeno no es un problema sólo en el barrio de mi niñez—que se llama Bedford Stuyvesant o Bed-Stuy a la gente para quien el barrio es su casa—sino en todo Brooklyn. Aunque la gentrificación en Brooklyn, Nueva York ha mejorado la condición del barrio, también está vaciando el barrio de su cultura auténtica.
Un lugar bueno para empezar esta conversación es examinar quién vive—o vivió—en Brooklyn y cómo llegaron allí. Después de la Guerra Civil, la gente afroamericana en el sur de los EE.UU. estaba libre legalmente pero no en actualidad. El Jim Crow y otras leyes discriminaron contra los afroamericanos. Sus votos estaban limitados y sólo estaban permitidos de trabajar en el sistema de “sharecropping” que es como la esclavitud pero transformada ( Authors of History.com). No tenían ni la libertad económica ni política ni social. Como consecuencia, muchos decidieron trasladarse al norte de los EE.UU.—de hecho, más de seis millones de personas afroamericanos se fueron del sur al norte. Fueron a ciudades como Nueva York porque durante la Segunda Guerra Mundial, las ciudades grandes necesitaban trabajadores para las factorías. Casi cuatro décadas después, los hispanos hicieron su propia Great Migration. Atraída por “economic opportunities not available to them in their places of origin” (Gutiérrez) y empujada por el malestar político en sus propios países, la gente de America Latina también inmigró a Brooklyn, y a otras partes de Nueva York, para mejorar sus vidas. No obstante, Nueva York no sólo fue un lugar de ganar dinero; Nueva York se convertió en una casa. En Nueva York, la gente tenía el poder de influir a su comunidad y ellos “began a new era of political activism” (Authors of History.com) . Llevaron la comida y la música de su vida pasada, contribuyendo a crear una gran mezcla. La gente usaba todo eso para crear un “new urban culture” ( Authors of History.com) que originó en Brooklyn y lugares similares. Esa gente vino a Brooklyn para mejorar sus propias vidas, pero a través de los años, inyectaban la ciudad con cultura y como resultado, mejoraba la vida de muchas personas en la ciudad.
Hay muchos cambios en Brooklyn debido a la gentrificación. Los barrios son más seguro y tiene más restaurantes y tiendas buenas con objeto s de calidad alta. La gentrificación es el “proceso mediante el cual la población original de un sector o barrio, generalmente céntrico y popular, es progresivamente desplazada por otra de un nivel adquisitivo mayor” (Gentrificación, Neologismo Válido En Español). En el caso de Brooklyn, Nueva York, la gente que está desplazando a la población anterior típicamente “are mostly white” (Nonko) y tiene más dinero que la gente original, la mayoría de quien son personas de color y gente pobre.
Es lógico pensar que la gentrificación es un suceso bueno. La gente nueva lleva más dinero al barrio. Es evidente que añaden más diversidad a Brooklyn. Según los conocedores de la población, de 2000 a 2010, el porcentaje de residentes blancos ha aumentado de “2.4% a 15%” (Gregor). Los barrios se han transformado en lugares más seguros en años recientes. El número de “shootings [fell] to 998 in 2016 from 1,138 in the year before” (Southall) y el número de los asesinatos también ha disminuido. Según el New York Times, ellos llevan “innovative new businesses and disposable income” (Hymowitz). Las nuevas tiendas pequeñas y los restaurantes proveen “new consumption spaces” (Zukin) donde la gente puede desarrollar las redes sociales para conectar la gente y crear nuevas cosas creativas; por ejemplo hay una tienda nueva donde la gente puede crear su propio helado y ahora hay un montón de estudios de arte.
Los cambios, mientras tienen resultados buenos, también destruyen el barrio. Como ha dicho Kirmen Uribe de la gentrifación, hay un “lado oscuro”(Uribe) que va con la imagen falsa de gente nueva pasando sus días en un café bebiendo cafés y recorriendo sus redes sociales. La afluencia rápida de gente a Brooklyn ha aumentado la competición para conseguir espacio en la ciudad. Por el aumento de la demanda de casas y apartamentos, los dueños saben que pueden aumentar el alquiler y todavía habrá gente que lo pagará. En Brooklyn, el precio de las casas ha saltado de “$575,000 in 2013 to $890,000 in 2015” (Nonko). Es increíble la manipulación que hacen los dueños para crear espacio para los gentrificadores. A veces los residentes originales resisten el aumento del alquiler o la hipoteca, pero los dueños usan tácticas malas para echar a los residentes que no tienen tanto dinero. Por ejemplo, algunos residentes de un edificio en Brooklyn tenían que llevar el dueño del edificio a la corte por su “failure to provide heat and hot wáter in the Winter” (Yee). El incremento del alquiler no sería un problema si la gente pudiera buscar un trabajo que pagaría suficiente para vivir. Pero el mercado laboral para los trabajos que pagan bien es mucho más competitivo ahora porque todos que se mudan a Nueva York necesita un trabajo. Daniel Fernández, un escritor para el Libre Mercado pone el problema así: “el mismo proceso que hace más escasa la vivienda residencial hace también más escaso el trabajo” (Fernández). Y no es sólo un problema para la residencia. Cuando el gobierno local decide rezone la área para “high rise condos” (Steinhauer) --que solo las personas con dinero pueden alquilar—el valor del inmueble se aumenta y el alquiler cambia a precios que las empresas locales no pueden pagar. Como consecuencia, lugares como Downtown Brooklyn “the shopping mecca for a large urban community [is] essentially gutted and killed” (Steinhauer). La gente humilde que había vivido en el barrio “desde hace cuatro o cinco generaciones” no puede pagar para nada en el barrio nuevo entonces no puede vivir allí.
Los atributos que formaban una casa en Brooklyn para la gente anterior están desapareciendo rápidamente. Aunque ellos convirtieron Brooklyn en un lugar donde todos quieren vivir, los nuevos que quieren vivir allí casi están robándolo y el gobierno está ayudándoles. La gente original no tiene el dinero –y a algunos ni el deseo de vivir en el Brooklyn nuevo. La gentrificación requiere que la gente original salga. El problema es cuando ellos salen, la cultura de Brooklyn, lo que le hizo más famoso y la razón por la cual la gentrificación empezó en el primer lugar, desaparece también.