Me ha gustado la lengua de español desde que mi niñez. Mi escuela intermedia ofrecía español como una clase regular. Empecé en el quinto grado. Nunca ha pasado un semestre desde mi quinto año de escuela hasta ahora cuando no haya tomado una clase de español. Me creie en un barrio con mucha gente Latinx en Brooklyn. Y a veces, yo visitaba las casas de mis amigos hispanohablantes para practicar mi español. Cocinábamos, mirábamos el televisor, jugábamos, casi todo en español. Allí- en la casa- fue mi primera experiencia con la cultura latina. Sabía que quería conocer más de esta cultura y cómo funcionan las cosas en los países afuera de los EE.UU. Pero nunca me imaginaba que yo continuaría mis estudios de español.
En mi escuela secundaria, hubo momentos en que quería parar: cuando nos enseñaron el pluscuamperfecto, cuando no podía entender la diferencia entre por y para, cuando a mí no me gustaba mi profe. Mientras me encantaba la cultura latina, odiaba aprender las mecánicas de lengua española. La lengua y la cultura me fascinaban, pero no podía reconciliar porque mientras el sonido de la lengua se deslizaba de mi lengua como miel, todavía me costaba las mecánicas gramaticales de la lengua sin las que no podía expresarme efectivamente en esa lengua bella. Pero continuaba porque mi consejera academica me empujaba continuamente. Ella es una mujer negra y francesa. Como otra mujer negra en una escuela de casi todos estudiantes blancos, ella quería ayudarme ser la mejor yo que yo podía ser y alcanzar mis metas durante mi tiempo en la escuela. Y una de esas metas era continuar con el español y mejorar incluso cuando mis clases me aburrían o me desafiaban. Como un premio de mis esfuerzos, me dijo que había un viaje a un país hispanohablante para los estudiantes que cumplieran un cierto nivel de instrucción y si yo continuaba, yo podía ir. ¡Lo hice! Ese verano, visitamos Costa Rica y Perú. En los dos viajes, viví con una familia del barrio. Cocinábamos, cantábamos, y jugábamos todo en español. Desde esos viajes, me convencí que el aprendizaje afuera del aula- como en las casas—era la mejor manera para que yo mejoran mi uso práctico de la lengua y disfrutar de la cultura.
Durante mi tiempo en Amherst he continuado mis estudios de español porque ya había visto mi potencial con la lengua y no quería abandonar mi progreso. También, ya había probado la posibilidad de viajar al extranjero a un país hispanohablante y quería aprovechar de esa oportunidad durante mi tiempo en Amherst. Cuando solicité a Amherst, sabía que casi 45% de los estudiantes estudian en el extranjero durante su carrera en Amherst y ese hecho era una gran razón por asistir esta universidad. Pero primero, tenía que tomar unas clases de español antes de mi tercer año, el año más popular de estudiar en el extranjero. Me encantan las aventuras y las cosas que me dejan aprender y me sacan de mi zona de confort. Yo estaba dispuesta de hacer todo lo necesario para alcanzar mi meta de tener la fluidez en la lengua de español y estudiar en otro país.
Aunque, primeramente, mis clases de español en Amherst solo eran escalones para que yo alcanzara mi sueño de estudiar en el extranjero por un semestre entero, cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que estas clases de español han sido unas de mis favoritas durante mi tiempo en Amherst. No solo me preparaban de viajar sino que me enseñaban a comunicarme efectivamente en español. Me empujaban a entender la lengua, el uso y las prácticas culturales en diferentes países. Me dejaban mi conocimiento de la cultura y la historia en otros países hispanohablantes y construir una comprensión de como la cultura y la gente han sido afectados por la historia. Además, me enseñaban de una manera muy real el hecho de que voy a cometer errores. Esa probablemente fue la lección más fuerte que mi carrera en español aquí me ha enseñado. Muchos de los estudiantes aquí en Amherst luchan con el perfeccionismo no solo en el aula, pero en la vida entera; yo soy uno de estos estudiantes. Pero gracias a mis clases de español, me he dado cuenta de que con cada paso mejoro, y de que me voy a volver loca si intento ser perfecta. Las cosas difíciles son las que valen la pena. Y si quiero expandir mis habilidades—en español, en los deportes, en el arte—tengo que saber que será un viaje con triunfos y con fracasos. Me voy a tropezar pero lo más importante es aprender del cayo y continuar con mis pasos.
Durante, mi semestre de estudio en el extranjero en Cuba, esta lección me chocó fuertemente. Cuando llegué, aunque mi comprensión de español ya había alcanzado un nivel alto, todavía me costaba un poquito para expresarme verbalmente. La única manera de mejorarme era practicar-- con todos mis errores y con la franqueza de aceptar críticas. Mis clases de Amherst me daban la confianza de hablar en voz alta sin miedo de los errores. Y muchas veces me encontraba con una persona que no me entendía, y tenía que buscar nuevas maneras de decir las cosas. Esta perseverancia me sirve en cada aspecto de mi vida.
Para concluir nuestros estudios de español aquí en Amherst, el departamento nos ha dado la oportunidad de reflexionar sobre nuestras experiencias con el español. Este portafolio documenta nuestro progreso año tras año con ejemplos de nuestros trabajos en cada clase. Viendo lo que he hecho, me doy cuenta de que mi elección del Spanish major ha requerido mucha flexibilidad y un deseo de intentar cosas nuevas. Y he recibido mucho a cambio por esta elección, en los estudios y personalmente. Por eso, estoy muy agradecida.
En mi escuela secundaria, todavía tomaba clases de español. Había momentos en cual quería parar: cuando nos enseñaron el pluscuamperfecto, cuando no podía entender la diferencia entre por y para, cuando a mí no me gustaba a mi profe. Mientras me encantaba la cultura latina, odiaba aprender las mecánicas de lengua española. La lengua y la cultura me fascinaban, pero. No podía reconciliar porque mientras esa lengua que, cuando hablaba, se deslizaba de mi lengua como miel, me costaba las mecánicas gramaticales de la misma lengua, las cosas sin que no podía expresarme efectivamente en esa lengua bella. Pero continuaba porque mi aconsejadora me empujaba continuamente. Ella es una mujer negra y francesa. Como otra mujer negra en una escuela de casi todos estudiantes blancos, ella querría ayudarme ser la mejor yo que yo podía ser y alcanzar mis metas durante mi tiempo en escuela. Y una de esa meta era continuar con español y mejorar incluso cuando mis clases me aburras o me desafían. Como un premio de mis esfuerzos, me dio que había un viaje a un país hispanohablante para los estudiantes que cumpla un cierto nivel de instrucción y si yo continuaba, yo podía ir. ¡Lo hice! Dentro de un verano, visite a Costa Rica y Perú. Por los dos viajes, vivía con una familia del barrio. Cocinábamos, cantábamos, y jugábamos todo en español. Desde esos viajes, recibí la perspectiva que el aprendizaje afuera de la aula- como en las casas—seria la manera mejor para que yo mejoro mi uso practica de la lengua y disfrutar de la cultura.
Durante mi tiempo en Amherst continuaba mis estudios de español por que ya había visto mi potencial con la lengua y no quería abandonar mi progreso. También, ya había probado la posibilidad de viajar en el extranjero a un país hispanohablante y quería aprovechar de la oportunidad durante mi tiempo en Amherst. Cuando solicite a Amherst, sabía que casi 45% de estudiantes estudian en extranjero durante su carrera en Amherst y eso hecho era una gran razón por asistir esa universidad. Pero primero, tenía que cumplir unas clases de español antes de mi tercer año , el ano más popular de estudiar en el extranjero. Me encantan las aventuras y las cosas que me dejan aprender y me sacan de mi zona de confort. Yo estaba dispuesta de hacer todo lo necesario para alcanzar mi meta de tener la fluidez en la lengua de español y quedarme en otro país.
Aunque, primeramente, mis clases de español en Amherst solo eran piedras de pasando para que yo alcance mi sueño de estudiar en extranjero por un semestre entera, cuando miro atrás, me doy cuenta de que estas clases de español eran unas de mis favoritas durante mi tiempo en Amherst. No solo me preparaban de viajar sino me enseñaban comunicarme efectivamente en español. Me empujaban entender la lengua, el uso cultural en diferentes países. Me dejaban mi conocimiento de la cultura historial en otros países hispanohablantes y construir una comprensión de como la cultura y la gente han sido afectados por la historia. Además , me ensenaban de una manera muy real el hecho de que voy a hacer errores. Esa probablemente era la lección más fuerte que mi carrera en español aquí me ha ensenado. Muchos de los estudiantes aquí en Amherst luchan con el deseo de ser perfeccionista no solo en el aula, pero en la vida entera; yo soy uno de estos estudiantes. Pero por mis clases de español, me he dado cuenta de que con cada paso mejoro y que me voy a volver loca si intento ser perfecta. Las cosas difíciles son las que vale la pena. Y si quiero expandir mis habilidades—en español, en los deportes, en el arte—tengo que saber que será un viaje con triunfos y con fracasos. Voy a tropezar pero lo más importante es aprender del cayo y continuar mis pasos.
Durante, mi semestre de estudio en el extranjero en Cuba, esta lección me choco el más fuerte. Cuando llego, aunque mi comprensión de español ya ha alcanzado un nivel alto, todavía me costaba un poquito para expresarme verbalmente. La única manera de mejorarme era practicar-- con todos mis errores y con la franqueza de aceptar críticas. Mis clases de Amherst me daban la confianza de hablar en voz alta sin miedo de los errores. Y muchas veces encontraba una persona que no me entendía, y tenía que buscar nuevas maneras de decir cosas. Esta perseverancia me sirve en cada aspecto de mi vida.
Para concluir nuestros estudios de español aquí en Amherst, el departamento nos ha dado la oportunidad de reflejar en nuestros careras por un curso. El proyecto principal es hacer este portafolio que documenta nuestro progreso ano tras ano por exposiciones de nuestros trabajos en cada clase. Cuando me reflejo, me doy cuenta de que mi elección del Spanish major ha requerido mucha flexibilidad y un deseo de intentar cosas nuevas. Y he recibido mucho por esta elección en los estudios y personalmente. Por eso, soy agradecida.