Google Classroom es, junto con Microsoft Teams, dos de los LMS o aulas virtuales más utilizados. Su uso y descarga creció durante la pandemia sufrida en el 2020 ya que fueron los espacios que tanto empresas como centros educativos utilizaron para continuar con su actividad.
No voy a entrar a debatir cuál es mejor puesto que existen numerosos parámetros que habría que analizar y como suele decirse, "sobre gustos no hay nada escrito". Sin embargo sí voy a destacar una de las mejores características de Classroom: la sencillez en su uso. La curva de aprendizaje de esta herramienta es muy, muy suave de tal manera que incluso con una competencia digital situada en los niveles inferiores se puede hacer uso de él aunque, eso sí, no exprimir todo su potencial.
Recuerdo la primera vez que "me acerqué" a la tarea: Creación de un espacio digital de aprendizaje a través de Google Classroom. El título no sonaba a mucha dificultad. Me sumerjo un poco en la lectura.
..."Bla, bla, bla, blablabla... llevar a cabo algunas acciones que nos ayuden a reflexionar sobre el cambio de modelo necesario en educación". ¡Mmmm, interesante!
..."Publicar en el tablón de la clase un mensaje de bienvenida. Imagina que te estás dirigiendo a tus propios alumnos". ¡Fácil!
... "En el apartado trabajo de clase crear una pregunta sobre competencias digitales del alumnado, que genere debate..." ¿Perdón? ¿Que tengo que plantear una pregunta? ¿Solo? ¡No puede ser! Has tenido que leer mal. Déjalo, me decía a mí misma, estás cansada, mañana lo retomamos.
Tal y como decía mí yo interior lo dejé para retomarlo al día siguiente.
Todavía tenía tareas con entregas anteriores a esta pero me gusta saber qué tengo que hacer en cada asignatura para medir mis fuerzas y poder organizar mi tiempo y mi esfuerzo.
En la siguiente clase con María, la tutora de esta asignatura, hicimos algunas consultas acerca de la tarea.
Volví a leer con más atención (si es que era posible) los requerimientos de la tarea. Leí también nuevamente la rúbrica que tanto me ayuda en el aprendizaje y el desarrollo de los trabajos. Pero no "veía" la actividad. No encontraba la forma de plantear nada cabal a mi alumnado (porque quiero aprovechar todo lo que pueda mi aprendizaje en este máster para llevarlo a mi aula). Mi cabeza echaba humo. Sí, como la del Memoji o incluso peor.
Abandoné nuevamente. Desconecté. Me dediqué a otros temas.
Y de pronto una mañana me levanté con una idea en la cabeza.
Anoté rápidamente ese germen (en ese momento no podía hacer más, tenía que ir a trabajar) y en cuanto pude me puse a desarrollarlo.
Comenzó la investigación, la búsqueda de información para plantear el tema a mi alumnado de forma que fuera comprensible para ellos.
Imágenes, tipografías, documentación, plantillas para la presentación, preparación de las pizarras donde recoger opiniones, documentos para el alumnado...
El "germen". Anotaciones propias.
Estos son algunos de los sitios que he visitado y de los que he obtenido información para el diseño de las distintas actividades que realizará el alumnado de mi aula virtual.
Varias páginas sobre el patrimonio de J.K. Rowling aquí, aquí, aquí y aquí.
"Algo" sobre la biografía de J.K. Rowling.
Vídeo con parte del discurso de K.K. Rowling en Harvard.
Buscando material concreto en el que inspirarme para trabajar el respeto a los derechos de autor en los niños he encontrado varios sitios interesantes aquí, aquí y aquí.
Imagen de Sharon Pittaway en Unsplash
De ese germen, de esa primera idea, igual que esta sociedad líquida de la que se ha hablado a lo largo de las clases de la asignatura, empezaron a fluir diferentes propuestas para la tarea. Ahora tenía tantas ideas que no sabía dónde parar.
Lo primero que hice fue escribir el mensaje de bienvenida para el alumnado e invitar a alguno de mis compañeros de máster a mi Classroom (¡A mí también me han invitado a otros!)
Cogí aquellas primeras anotaciones y fui poniendo orden a mis ideas, comencé a encajarlas en los nueve pasos de Gagne. He de reconocer que no me resultó nada fácil y que es uno de los aspectos de la docencia online al que tengo que dedicarle tiempo porque, si voy a empezar a plantear en el aula algunas actividades con tecnología educativa, siguiendo un modelo blended learning, he de cuidar mucho el diseño de esas tareas más aún teniendo en cuenta que mi alumnado está empezando a dar sus primeros pasos en lo que a aprendizaje a través de la tecnología se refiere.
Fui organizando todo en el classroom. Iba redactando todo aquello que tenía claro y lo dejaba en borrador pues estaba segura de que sería modificado en más de una ocasión (una que se conoce muy bien).
Y a la par iban surgiendo carencias: no había planteado ningún instrumento de evaluación y tampoco ningún momento en el que dar feedback.
Vuelta a retocar. Últimos detalles y... ¿listo?
Pues no. Y casi mejor que haya sido así.
El viernes, día en que ultimaba detalles, la red no iba "muy fina" y me jugó una mala pasada. La URL de la tarea no quedó grabada en la entrega. Mi profesora en la asignatura me avisó a la par que me daba un feedback valiosísimo que incorporé como mejoras al Classroom.