El ritual de los voladores inició como una ceremonia en la época prehispánica, que tenía que ver con un rito orientado a pedir lluvia debido a un periodo largo de sequía, el rito en aquellos tiempos no se iniciaba aventándose al vacío, si no con la selección del “palo volador” se internaban en busca del más alto, se danzaba en torno a él y se realizaba toda una serie de pasos para llevarlo al lugar en donde lo colocarían, un dato curioso es que las mujeres tenían prohibido tocarlo ya que era una señal de mal augurio. Actualmente se ha generalizado al empleo de postes de acero con pequeños peldaños metálicos, conservándose únicamente de madera el bastidor y el tecomate. La altura varía de un palo a otro: el que se encuentra en la explanada de la iglesia de Papantla mide aproximadamente 37 m; el localizado en El Tajín tiene casi 27 m; y el del Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México alcanza los 25 m.[5]
1. Camisa Blanca: Los voladores visten una camisa blanca, que simboliza la pureza y la conexión con lo espiritual.
2. Pantalón Rojo: El pantalón es de color rojo y suele estar decorado con flecos. El rojo representa la vida y la energía, mientras que los flecos pueden simbolizar las plumas de las aves.[6]
3. Pectoral o Chaleco: Sobre la camisa, los voladores llevan un pectoral de tela roja adornado con intrincados bordados y figuras geométricas. Estos diseños pueden representar elementos naturales y deidades, y el pectoral en sí simboliza la protección y la fortaleza.
4. Tocado o Gorro Cónico: En la cabeza, portan un gorro de forma cónica rematado con plumas de colores, que simbolizan aves como el quetzal. Este tocado vincula al danzante con las aves y representa la conexión entre el cielo y la tierra.
5. Pañuelos o Paliacates: Utilizan pañuelos de colores vivos, que pueden estar atados en diferentes partes del cuerpo. Estos pañuelos representan los cuatro puntos cardinales y las cuatro estaciones del año, elementos fundamentales en la cosmovisión indígena.
Este ritual está asociado a la fertilidad y busca expresar respeto y armonía con la naturaleza y el universo espiritual, no obstante según los registros antropológicos, la danza existía con otras características y fue relacionada al culto religioso en la era posclásica, gracias a que fue incorporada a la cultura totonaca y posteriormente los aztecas se adicionaron elementos solares y de mayor peligrosidad, pues danza del Volador se ejecuta con cuatro danzantes que representan los cuatro puntos cardinales y el caporal, pero se observaron danzas con solo dos danzantes. La fertilidad se representa mediante el descenso de los danzantes, que simbolizan la caída de la lluvia.
Los orígenes de la ceremonia de los voladores se remonta a la época prehispánica. Aunque no se tiene una fecha exacta, se sabe que a la llegada de los conquistadores, sus principales cronistas consideraron esta danza como un “juego”, quizá porque originalmente el atuendo empleado consistía en trajes confeccionados con auténticas plumas de aves que representaban águilas, búhos, cuervos, guacamayas, quetzales, calandrias, etcétera.
Si bien los antecedentes de la danza no están plenamente identificados, existe una leyenda que describe el posible motivo de la ceremonia:
“Hace muchos años, una fuerte sequía en la zona del señoría de Totonacapan [que comprende los límites de los actuales estado de Veracruz y Puebla] causó estragos entre los pueblos de la región y diezmó gran parte sus habitantes.
En la Danza de los Voladores la música se encuentra a cargo del caporal, quien ejecuta con un tamborcillo y un flautín todas las melodías: el tamborcillo, elaborado de madera con dos vistas de cuero, se sujeta a la palma de la mano del caporal por medio de un amarre a manera de pulsera; se golpea con una pequeña baqueta o vara de madera liviana que marca el ritmo.
El flautín de carrizo con tres orificios complementa las notas del ritual. La sencillez de los instrumentos no constituye una limitación; al contrario, demuestra una gran creatividad y los conocimientos de armonía y acústica que posee el pueblo totonaca.
La ceremonia se realiza centenas de veces a lo largo del año en diversas regiones de México y en el extranjero, simbolizando pedidos a los dioses para obtener buenas cosechas y buena salud para la comunidad.
La ceremonia ritual de los voladores es una danza asociada a la fertilidad que ejecutan diversos grupos étnicos de México y Centroamérica, en particular los totonacos del Estado de Veracruz, situado al este de México. Su objeto es expresar el respeto profesado hacia la naturaleza y el universo espiritual, así como la armonía con ambos. En el transcurso de la ceremonia, cuatro jóvenes trepan por un mástil de 18 a 40 metros de alto fabricado con el tronco de un árbol recién cortado en el bosque tras haber implorado el perdón del dios de la montaña. Sentado en la plataforma que remata el mástil, un quinto hombre, el caporal, toca con una flauta y un tambor melodías en honor del sol, así como de los cuatro vientos y puntos cardinales. Después de este acto de invocación, los danzantes se lanzan al vacío desde la plataforma a la que están atados por largas cuerdas, giran imitando el vuelo de los pájaros mientras la cuerda se desenrolla, y van descendiendo paulatinamente hasta el suelo. Cada variante de la danza ritual de los voladores representa un medio de hacer revivir el mito del universo, de modo que esta ceremonia expresa la visión del mundo y los valores de la comunidad, propicia la comunicación con los dioses e impetra la prosperidad. Para los ejecutantes de esta danza y todas las personas que comulgan con la espiritualidad del rito en calidad de espectadores, la ceremonia de los voladores constituye un motivo para enorgullecerse de su patrimonio y de su identidad culturales, al mismo tiempo que suscita un sentimiento de respeto por ambos.