La palabra es el sonido de nuestra alma y la pintura su imagen; en ella, mostramos cómo vemos la naturaleza, a los otros o a nosotros mismos. El surrealismo me permite mostrar mis imágenes inconscientes, con las geometrías de colores vibrantes expongo mis emociones y los abstractos puros los reservo para los sentimientos más profundos.
Mi primer amor fue la palabra, mensajera de todo aquello que somos y mostramos, de nuestro mundo interior, real y metafórico. Ella me llevó a la poesía o, tal vez, ella misma se me mostró como poesía. Por ello, me doctoré en Filología, estudié ocho idiomas... A través de las palabras se me fueron abriendo nuevos mundos como la Antropología, la Psicología..., especialmente la cognitiva, y yo continué buscando los tesoros que me regalaba el ser humano con todo su mundo interior. Paralelamente, como una fina lluvia, pintaba todos esos mundos. No aprendí a pintar por los caminos transitados, pues, me enseñaron a no copiar de la realidad, sino a plasmar mi mundo interior. Recuerdo los consejos de aquella persona que me enseñó todo sobre el arte: “copiar y copiar destrozará tu estilo”.
María Crepi es mi pseudónimo como pintora. He crecido en Andalucía y la luz vibrante de mis colores, especialmente el azul cían, es reflejo de su esencia, que baila incesantemente con los colores tierra suaves y profundos para crear atmósferas que podríamos encontrar en el paisaje andaluz, pues, mi interior está plagado de sus imágenes.