Entiendo el arte como una experiencia vital completa, por ello, no me limito a un único estilo, porque no deseo una trayectoria donde se evoluciona en una misma dirección. Esto no supone un acto de rebeldía; simplemente un acto de valentía, de sinceridad conmigo misma, pues no siempre deseo expresarme con las mismas palabras o los mismos colores; por ello, en esta página verás como hay varias vías, varios caminos, como en la propia vida.
Desde que comencé a pintar en los años noventa, percibo el arte como un mapa donde se abren múltiples caminos, múltiples técnicas donde permanece no un estilo externo de pintura sino un modo de ver el mundo, de entender la vida, en definitiva, no encontrarás un estilo unitario en mi trabajo, pero sí una misma alma que alimenta cada trabajo.
Aquí el arte no solo se percibe por la vista, se puede tocar y sentir la textura de su esencia.
Técnica mixta. Acrílico. Lienzo con bastidor. Año de creación: 2021. 50cmx70cmx1,5cm.
Llevo todo el verano reflexionando sobre la amistad. Primero intenté pintarla como un enorme puzle geométrico, pero, después me di cuenta de que no seguía una lógica.
Tiré todo y comencé de nuevo, mi mano fluyó como guiada, pero, aunque los colores y las formas sinuosas me gustaban, me di cuenta de que la amistad no era siempre suave o de colores alegres y sentí, que, de nuevo, me había equivocado.
Tiré todo y fundí texturas, colores y emociones: felicidad, alegría, amanecer y noche compartidos y supe que la amistad lo es todo y se conforma con nada.
Eso he hecho en este cuadro: hay zonas lisas y texturas y colores vivos y muertos, puros y mezclados: todo y nada.
Técnica mixta. Acrílico. Lienzo con bastidor. Año de creación: 2021. 160cmx80cmx3cm.
Yo me pregunto en qué época vivimos. Cuando estudiamos, separamos, categorizamos con claridad las épocas, los movimientos... (Edad Media, Edad Moderna... Modernismo, Expresionismo...). Pero basta abrir Instragram para darnos cuenta de que, tal vez, vivimos el eclecticismo. Pero ¿es mucho más que eso?
En esta obra reflexiono sobre nuestra consciencia sobre lo que nos rodea. En la parte baja del cuadro aparecen edificios en relieve, realizados con tela de saco, porque hasta los más sofisticados rascacielos, donde nos creemos dioses, no son más que copias burdas y pobres de la naturaleza, cuya grandiosidad somos incapaces de alcanzar.
Y nuestras ciudades imitan esa exuberante naturaleza con mediocridad: hay verde en los parques, marrones de tierra, pero predomina el gris. El cielo que vemos se limita a las nubes empedradas por las estelas que dejan las serpientes de saco sobre las que volamos.
Solo algunos son capaces de soñar con alcanzar el espacio más allá de la tierra y ver la inmensidad del universo desde el dorado de su poder y su riqueza. Incluso planean vacaciones en el espacio, mientras otros ni siquiera atisban ya la belleza de las estrellas eclipsadas por la luz de las farolas en la noche. Y, la mayoría ya ni sueñan con el universo porque viven atrapados en su propio universo de pobreza.
No pensábamos que pudiéramos ser arrasados por una pandemia, ni que quedaríamos indefensos ante el temor, el vacío y la soledad... No pensábamos que en el siglo de los servicios podríamos acabar mirándonos a nosotros mismos, nuestros límites y nuestro ínfimo lugar en el universo.