El pueblo coreano ha heredado una gran variedad de bailes folclóricos tales como el salpurichum (danza espiritual de purificación), el gutchum (danza ritual chamánica), el taepyeongmu (danza de la paz), el hallyangchum (danza del perezoso), el buchaechum (danza de abanicos), el geommu (danza de espadas), y el seungmu (danza del monje). Entre los bailes populares tradicionales también son muy conocidos el talchum (danza de máscaras) y el Pungmul Nori (interpretado con instrumentos musicales), pues en el primero se satiriza la aristocracia corrupta de la dinastía de Joseon y el segundo está estrechamente ligado a la vida de las comunidades rurales, piedra angular de la cultura y tradición coreanas durante años. La mayoría de las representaciones tienen lugar en las ferias y mercadillos o en los campos de labranza, e involucran percusiones, baile y canto.
Desde tiempos inmemoriales, la pintura ha conformado uno de los géneros principales del arte coreano. El arte de la antigua Corea está representada por los murales de las tumbas de la época de Goguryeo (37 a. C. - 668 d. C.), pues contienen valiosos testimonios de la sensibilidad y las técnicas artísticas de los antiguos coreanos, y ofrecen pruebas de su creencia en la conexión entre el ser humano y el universo. Los artistas de Goryeo (918- 1392) se interesaron en capturar los iconos budistas y han dejado varias obras maestras como legado de sus tiempos. Durante la dinastía de Joseon, los eruditos literatos se interesaron también por el arte de la pintura, y explayaron su talento expresando símbolos de la naturaleza, plantas y animales, como por ejemplo los Cuatro nobles (sagunja, representados por la orquídea, el crisantemo, el bambú y el ciruelo), las Diez criaturas de la longevidad (sipjangsaeng), e idealizaciones paisajísticas.
En la Corea del siglo XVIII, los temas de las pinturas se centraron en la vida popular, dejando las escenas de palacio y paisajes idealizados en un segundo plano. Kim Hong-do y Sin Yun-bok son dos artistas prodigiosos que marcaron un hito en la historia de la pintura coreana. Las escenas preferidas de Kim Hong-do eran las relacionadas con la vida cotidiana del pueblo en diversas situaciones, mientras que Sin Yun-bok capturó en sus lienzos momentos eróticos considerados voyeristas, sorprendiendo y rompiendo con los estereotipos de la época.
La cerámica coreana, que hoy en día recibe grandes elogios de coleccionistas internacionales, se divide en tres tipos: cheongja (celadón verde azulado), buncheong (cerámica de barro con una capa de color blanco) y baekja (porcelana blanca). El celadón es la cerámica coreana creada principalmente por alfareros de Goryeo, entre 700 y 1000 años atrás. Las cerámicas de celadón se caracterizan por su superficie verde azulada y su técnica de grabados con relleno de barro negro, una creación única de Corea. Gangjin, de la provincia de Jeollanam-do, y Buan, de la provincia de Jeollabuk-do, fueron las dos regiones productoras principales de la dinastía Goryeo (918-1392).
La pintura coreana son aquellos trazos creados por artistas coreanos, o bien, encontrados en Corea, ya sea a través de petroglifos o lienzos, pero siempre utilizando formas transitorias de luz.
En general, la historia de esta corriente data de aproximadamente el año 108 DC, cuando apareció por primera vez como una forma independiente, aunque no existe mucha investigación sobre esta etapa.
Estos dibujos urbanos en acuarela se han vuelto bastante populares entre los artistas viajeros, y Shi verdaderamente ha logrado perfeccionar este arte. Hechos de forma relajada y trabajando rápidamente para capturar detalles efímeros, Shi usa una pluma negra para trazar contornos y detalles antes de incorporar el color. Cada escena presenta el contraste perfecto entre luz y sombra, dando vida a los bocetos urbanos y estudios arquitectónicos del talentoso artista.