El 25 de marzo de 2021, fiesta de la Encarnación del Señor, hemos celebrado no sólo la fiesta del titular de nuestro Monasterio, sino los 400 años de la donación de todos los bienes de Ana de Santapau, de forma irrevocable, para la fundación de un monasterio de monjas carmelitas en la ciudad de Huesca, sin saber si iba a poder llevarse a cabo.
Así que con el "Aquí estoy" de Jesús, de María, celebramos el “aquí estoy” de nuestra fundadora que con sus 99 años se aventuró a dejar todos sus bienes para seguir al Señor. La cuestión es que al igual que Jesús y María, Ana de Santapau nos invita al desprendimiento, a poner todos nuestros bienes y dones al servicio de Dios, de la Iglesia, del Carmelo, de la diócesis, de la ciudad de Huesca y de la comunidad.
Homilía Fiesta de la Encarnación
Además, la edad avanzada de la fundadora (que era viuda y sin hijos) aún dice algo más ante la edad avanzada de algunas de las hermanas de este monasterio. Entró al monasterio con ya 100 años y aún vivió 10 años más, algo impensable en el s. XVII.
Presidió la eucaristía nuestro Obispo D. Julián, concelebrando nuestro capellán. Fue una celebración realizada en la intimidad de la comunidad motivado por la pandemia, ya que nuestro deseo hubiera sido iniciar un año jubilar que terminará el día de la fundación, 12 de junio de 2022.
En la presentación de las ofrendas junto con el pan y el vino presentamos una copia de la donación de nuestra fundadora impresa en un pergamino, una vasija de barro que representa todos las dones y gracias envueltas en la debilidad de nuestro cuerpo y con aquellas cosas que a lo largo de nuestra vida nos hemos desprendido para poner Dios en primer lugar. La actualización de esa donación con algún desprendimiento concreto y material de nuestra parte; con una hoja pergamino firmada por todas las hermanas, que refleja el deseo de tener la disponibilidad interior, el desprendimiento de Jesús y María, de que nuestra vida sea una ofrenda continúa aceptando con amor y oblación todo aquello que nos llega a través de las circunstancias de cada día.
Ha sido una celebración muy emotiva y con una fuerte invitación a la confianza en Dios que hace posible lo que humanamente parece imposible.
Sor M Blanca de la Eucaristía, O. Carm