¿QUÉ ES EL TDAH?
CLASIFICACIÓN
TDAH son las siglas con las que se denomina al Trastorno por Déficit de Atención / Hiperactividad. Se trata de un trastorno que figura en los manuales diagnósticos CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades) y DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), clasificado como un Trastorno del Neurodesarrollo.
SINTOMATOLOGÍA
Se trata de un trastorno que comienza en la infancia (antes de los 12 años) y cuyos tres síntomas principales (no necesariamente coexistentes) ayudarán a determinar el subtipo de TDAH que presenta la persona, son:
Falta de atención o inatención
Incapacidad para controlar y dirigir la atención frente a las demandas de una actividad. Esta dificultad puede afectar a los distintos subtipos de atención (focalizada, selectiva, dividida, sostenida, alterna).
Generalmente, los síntomas se observan en conductas como: presentar dificultad para prestar atención a detalles; descuidos frecuentes y/o falta de precisión en sus actividades o tareas; dificultad para prestar atención en clase o durante conversaciones; da la sensación de tener la mente en otras cosas; le cuesta seguir instrucciones o finalizar tareas; tiene dificultad para organizar y planificar su tiempo; evita aquello que le conlleve esfuerzo mental; pierde u olvida cosas necesarias. No tienen por qué presentarse todas las conductas anteriores.
Hiperactividad
Actividad motora excesiva (siendo ésta inapropiada), locuacidad, jugueteos, golpes desmedidos...
Algunas conductas que pueden indicarnos que se trata de una persona que presenta hiperactividad serían: dificultad para permanecer sentado en situaciones que así lo requieren; si lo está, cambia de postura continuamente; movimiento de extremidades (como si estuviese nervioso); corre o salta excesivamente cuando no es apropiado; le cuesta divertirse en silencio; explora y tiende a tocar/coger todo, aunque no sea suyo y sin permiso; habla en exceso; tiende a accidentarse en mayor medida que el resto de niños de su edad. No tienen por qué presentarse todas las conductas anteriores.
Impulsividad
Aquí estamos ante una condición que impide a la persona controlarse ante sus propios impulsos, tentaciones, deseos o pensamientos, haciéndole actuar sin tener en consideración cuáles pueden ser las consecuencias de sus actos.
Así, veremos como la persona impulsiva tiene comportamientos como: parece que actúa antes de pensar; interrumpe frecuentemente; falta de previsión en las cosas; baja tolerancia a la frustración, necesita recompensas inmediatas; no espera su turno, es impaciente; le cuesta seguir las normas u órdenes; da respuestas antes de finalizarle la pregunta; se entromete en asuntos de los demás con frecuencia; no parece tener sensación de peligro; le cuesta aprender de los errores ya cometidos. No tienen por qué presentarse todas las conductas anteriores.
SINTOMATOLOGÍA ASOCIADA
Este trastorno, además de la sintomatología principal, presenta otras características asociadas que pueden ser entendidas como consecuencias derivadas del propio trastorno.
Por ejemplo, los niños y niñas que presentan TDAH suelen tener también dificultades a nivel social, en las relaciones con sus compañeros. Por ello, es frecuente que no tengan un grupo de amigos estable, y si lo hay suele ser reducido. Actuar impulsivamente (no controlar lo que hacen/dicen), no anticipar cómo pueden afectar sus conductas a los demás, su baja tolerancia a la crítica y un reconocimiento escaso de los mensajes positivos que reciben, son factores que harán más difícil la convivencia e integración de estos niños/as en grupos de iguales. Un ejemplo claro se suele dar en los juegos grupales, cuando estos niños pueden terminar por abandonar el juego sin haberlo finalizado, quieren cambiar las normas del mismo a su antojo, intentan guiar con órdenes lo que cada uno tiene que hacer, son más bruscos en sus movimientos (parece que no llevan cuidado), molestan o interrumpen el juego, etc. Todo ello puede conducir a un rechazo por parte de los demás que, muchas veces, lleva a que terminen jugando solos, viéndose afectada su autoestima al ser conscientes de su propia situación.
Otra de las áreas afectadas puede ser la académica. Se sabe que una de las consecuencias más frecuentes del TDAH es la disminución del rendimiento académico. En este aspecto son muchas las variables que influyen, como por ejemplo: la dificultad para prestar atención y concentrarse, caen fácilmente en el aburrimiento y/o la frustración, tienen baja motivación para realizar esfuerzos mentales, escasa atracción de algunas materias, no toleran bien los cambios o imprevistos, pueden presentar además alguna dificultad en procesos relacionados con lo académico (lectura, escritura, memoria...). Es por ello que, en muchas ocasiones, tienen que invertir un tiempo mayor para hacer sus tareas y estudiar, lo que a su vez va produciendo un rechazo generalizado hacia lo académico. Esto no excluye la posibilidad de que despunten en determinadas asignaturas.
Por último, no podemos olvidar uno de los contextos que más afectado se puede ver por TDAH, el entorno familiar. Esto es debido a que los niños que presentan este trastorno tienden a mostrar un comportamiento que no facilita la convivencia tranquila, y varía el grado de afectación familiar en función del estilo de crianza utilizado por los progenitores, así como de la capacidad para manejar situaciones estresantes y complejas por su parte.
PREVALENCIA
El TDAH es uno de los trastornos infantiles más frecuentes en los niños y niñas en edad escolar, con unas cifras de prevalencia que se mantienen con cierta estabilidad entre el 4 y el 8% de los menores, lo que equivale a 1 o 2 niños por aula, aproximadamente.
La proporción por géneros que presenta el TDAH es mayor en varones que en mujeres, aunque se piensa que esto puede ser debido a los sesgos a la hora de derivar los casos, ya que las mujeres presentan menor nivel de agresividad y comportamientos disruptivos. Actualmente, las cifras hablan de una proporción aproximada de 4 varones por cada mujer con este trastorno.
Por otra parte, este no es un trastorno exclusivo de la infancia o adolescencia, se trata de una problemática que presentan también algunos adultos, si bien se tiende a creer que no es así debido a que la sintomatología que presentan los adultos suele ser menos perturbadora. Aproximadamente el 50% de las personas afectadas en la infancia sigue presentando síntomas llegada la vida adulta.
La prevalencia del TDAH es un aspecto que está en continuo estudio y que se va adaptando a los nuevos conocimientos obtenidos sobre el propio trastorno.
COMORBILIDAD
El Trastorno Negativista Desafiante (TND) es frecuente que concurra con el TDAH oscilando las cifras entre un 25 y un 50% de los casos de TDAH. Esta amplia horquilla se ve reducida en función del subtipo de TDAH del que se trate. Así, según indica el DSM-5, el TND lo presentan casi la mitad de los menores con TDAH de presentación combinada, un tercio de los que presentan subtipo hiperactivo-impulsivo y casi una cuarta parte de los que presentan subtipo inatento. El TND es uno de los trastornos de mayor comorbilidad con el TDAH.
Otros trastornos comórbidos con el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad pueden ser la Ansiedad, la Depresión, el Trastorno Específico del Aprendizaje, el Trastorno Obsesivo-Compulsivo, el Trastorno de Tics y el Trastorno del Espectro Autista, todos ellos en porcentajes inferiores a los especificados antes para el TND.
DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL
El diagnóstico diferencial es el proceso llevado a cabo para diferenciar una enfermedad o trastorno de otros con características y sintomatología similares. A lo largo de la una evaluación, el profesional ha de prestar especial atención a estos síntomas para establecer un diagnóstico acertado, descartando otros trastornos relacionados encontrando las diferencias que se dan en cada caso.
Así, entre los trastornos que pueden presentar sintomatología solapada con el TDAH encontramos: Trastorno Negativista Desafiante (TND), Trastorno Específico de Aprendizaje, Trastornos de Ansiedad, Trastorno del Espectro Autista (TEA), Trastornos Depresivos, entre otros.
CAUSAS Y FACTORES DE RIESGO
El TDAH es un trastorno biológico, con origen neurológico y que se debe a un desajuste a nivel neurotransmisor en el cerebro, concretamente un déficit en la producción de noradrenalina y de dopamina. Estos dos neurotransmisores están implicados en áreas del cerebro que se ocupan del autocontrol y la regulación del propio comportamiento, entre otras.
No obstante, no se trata de un origen exclusivamente biológico, también influyen otros factores que junto a la disposición genética causan o precipitan la aparición de este trastorno.
Factores biológicos
Causa genética.
Bajo peso al nacer.
Madre fuma y/o bebe alcohol en el embarazo.
Factores psicosociales
A nivel familiar: situaciones de exclusión social, pobreza, violencia familiar, entre otras, afectan a la aparición y desarrollo de sintomatología de TDAH.
A nivel escolar: desorganización y desestructuración en el centro, falta de comprensión del trastorno por parte del equipo docente.
TRATAMIENTO
El tratamiento del TDAH necesita de un programa multidisciplinar que se adapte a cada caso concreto teniendo en cuenta aspectos internos (de la propia persona) como externos (del entorno de la persona). Así, se sabe que un tratamiento multimodal es el que mejores resultados presenta en los menores con este tipo de dificultades que acompañan al TDAH, involucrando en el proceso (además del niño/a) a otras figuras que están presentes y pueden influir en su desarrollo como puede ser la familia, el equipo docente que trabaja con él, el equipo médico que lo supervisa, psicólogos que le atienden, etc. De esta manera, se requeriría una coordinación por parte de todos estos contextos, dando lugar a un tratamiento a nivel:
Familiar
Llevados a cabo en consulta y por psicólogos, trabajando con los miembros que forman parte de la familia directa de la persona afectada.
Se busca inicialmente fortalecer el vínculo padres-hijos.
Se enseña a los padres a comprender el TDAH y los síntomas que le acompañan, procurando que entiendan algunos de los comportamientos y sepan cómo manejarlos.
Algunas de las herramientas que se enseñan aquí son: establecimiento y manejo de límites y normas; definición y puesta en marcha de consecuencias (positivas y negativas); establecimiento de rutinas y ambiente estructurado; técnicas de modificación de conducta; estrategias de motivación hacia el menor, entre otras.
Psicosocial
También en sesiones dirigidas por profesionales de la psicología, generalmente en formato grupal permitiendo un aprendizaje con iguales (favorece la implicación del menor), acompañando estas sesiones de atención individualizada y ajustada a las necesidades de cada uno.
Manteniendo contacto con las familias, se transmiten los avances y mejoras, y se dan recomendaciones y pautas para continuar trabajando en el tiempo entre sesiones.
También se procura estar en contacto con el centro educativo, de manera que la información sobre el menor fluya en ambas direcciones para facilitar su bienestar a nivel social y emocional.
Algunas de las habilidades que se buscan mejorar tienen que ver con: habilidades de comunicación, resolución de conflictos, afrontamiento de situaciones de estrés, habilidades sociales, autoestima y autoconciencia, redes de apoyo, etc.
Psicopedagógico
Centrado en abordar las dificultades de aprendizaje y problemas escolares tratando de proporcionar ayuda a quienes presentan esta problemática para superar las barreras que van surgiendo en su desarrollo académico y mejorar, en la medida de lo posible, su rendimiento.
Es importante partir de una evaluación psicopedagógica, donde poder observar y tener claras cuáles son las dificultades de la persona y en qué grado le afectan, para diseñar así una intervención adaptada y personalizada.
Los profesionales mantienen contacto directo tanto con la familia como con el equipo docente del menor colaborando para implementar las estrategias más adecuadas en función del caso, así como para llevar un seguimiento del mismo.
Algunos de los aspectos clave en este tratamiento son: apoyo académico para estimular áreas de dificultad (como pueden ser la lectoescritura, el pensamiento matemático, la memoria, atención y concentración, etc.); habilidades y estrategias facilitadoras (de organización, planificación, autonomía...); y apoyo emocional para minimizar aspectos derivados de la propia situación (estigmatización, culpabilidad, baja autoestima, escasa motivación...).
Farmacológico
El desajuste químico en la creación de dopamina y noradrenalina en determinadas áreas cerebrales asociadas a las funciones ejecutivas (y que producen alteraciones en la toma de decisiones, el control de impulsos, la inhibición conductual, la atención, etc.), puede verse beneficiado en muchas ocasiones mediante el uso de medicación.
Actualmente, existen dos tipos principales de medicación para mejorar la sintomatología del TDAH: estimulantes (Metilfenidato, que regula los niveles de dopamina) y no estimulantes (Atomoxetina, que regula los niveles de noradrenalina).
Los fármacos deberán ser debidamente indicados por un médico, quien aconsejará (tras recopilar toda la información necesaria para ello) cuál es el más indicado, así como la dosis necesaria y los pasos a seguir para iniciar y llevar un seguimiento del tratamiento. La decisión final de dar la medicación al menor es de los padres.
No es extraño que los fármacos generen efectos secundarios como pérdida de apetito y de peso, alteraciones del sueño, apatía, o cambios de humor.
La medicación no es una cura (recordemos que estamos hablando de un trastorno crónico), pero generalmente le puede ayudar a rendir mejor y demostrar lo que sabe, ya que favorecerá la atención y reducirá su impulsividad/hiperactividad mejorando su calidad de vida.