Sabemos que dar el primer paso no es fácil. Por eso, en AMPI ofrecemos una atención psicológica cercana, ética y sin juicios, en la que puedas sentirte en confianza para iniciar tu camino de sanación, crecimiento o resolución de conflictos.
Nuestra atención se divide en tres etapas fundamentales:
Más allá de resolver un problema, buscamos construir contigo un espacio seguro y constante donde puedas seguir desarrollándote como persona.
El acompañamiento terapéutico es flexible y se adapta a tus cambios, metas y tiempos, manteniendo siempre una relación basada en la confianza mutua.
Creamos un plan de intervención personalizado, desde un enfoque integrativo, que toma lo mejor de distintas corrientes psicológicas y psicoterapéuticas.
Ya sea que enfrentes ansiedad, depresión, duelos, relaciones difíciles, crisis personales o simplemente quieras conocerte más, estamos para acompañarte con herramientas claras y útiles.
Creamos un espacio terapéutico cálido y seguro, donde las infancias y adolescencias puedan expresarse libremente, explorar sus emociones y fortalecer sus recursos personales a través del juego. Utilizamos la terapia de juego como vía principal de comunicación, adaptándolos a su lenguaje. Nuestro enfoque integrativo permite acompañar procesos emocionales, conductuales y relacionales de manera respetuosa, flexible y personalizada, promoviendo el desarrollo integral y bienestar.
Se consideran estrategias de apoyo preventivo, orientación y contención emocional en momentos de crisis, sin necesidad de iniciar un proceso terapéutico formal.
Se enfoca en la psicoeducación, ayudando al consultante a entender lo que vive, evaluar consecuencias de sus decisiones y explorar soluciones prácticas aplicadas al momento presente.
Es como contar con un “acompañante profesional” que ofrece contención emocional, guía y estrategias para afrontar situaciones cotidianas o difíciles.
Aporta herramientas inmediatas para mantener el equilibrio emocional.
Se tiene los siguientes tipos de intervención:
Acompañamiento en procesos de pérdida, duelo, enfermedad terminal, rupturas o crisis emocionales.
Enfocada en validar emociones, elaborar el duelo y acompañar sin patologizar el dolor.
Atención inmediata y breve ante situaciones de crisis o de alto impacto emocional.
Busca estabilizar al consultante, reducir el malestar y prevenir la aparición de síntomas más severos.
Proceso de enseñanza y orientación sobre aspectos socioemocionales, conductuales y psicológicos.
Ayuda al consultante a comprender lo que vive, identificar patrones, fortalecer habilidades y tomar decisiones informadas.
Niños
Adolescentes
Padres de familia
Personas en crisis puntual.
Individual
Familiar
Grupal
Son procesos terapéuticos formales, que requieren diagnóstico previo y están dirigidos a la modificación de patrones disfuncionales o comportamientos disruptivos, la mejora del bienestar psicológico, así como la rehabilitación emocional, social y conductual de nuestros consultantes.
Identificar en profundidad el motivo de consulta, establecer el tipo de intervención adecuada y adaptar el modelo terapéutico al paciente.
4 sesiones + 1 sesión de devolución (aproximadamente 1 mes).
Exploración del motivo de consulta y contexto del problema.
Evaluación de aspectos personales: resiliencia, tolerancia a la frustración, toma de decisiones, antecedentes escolares, familiares y emocionales.
Revisión de recursos y resistencias personales.
Aplicación de pruebas psicológicas (si aplica).
Entrega de resultados (devolución):
- Se entregan observaciones, diagnósticos presuntivos, posibles líneas de trabajo.
- Se plantea la modalidad de intervención (tipo, duración, enfoque).
Inicia una vez concluido el proceso diagnóstico.
Busca dotar al consultante de herramientas para resolver problemas, modificar patrones y lograr mayor adaptabilidad emocional.
Se parte de un modelo integrativo, adaptado al caso, de acuerdo con la filosofía de que éste se adapta al paciente y no el paciente al enfoque psicoterapéutico; es decir, es un tratamiento personalizado.
El proceso se ajusta al ritmo, tiempo y forma del paciente.
Una sesión semanal de 50 minutos. De acuerdo con el diagnóstico, la duración puede ser a corto, mediano o largo plazo.
TERAPIA
CORTO PLAZO O REVISIÓN DE VIDA
MEDIANO PLAZO
LARGO PLAZO
DURACIÓN
De 6 a 12 sesiones.
Aproximadamente 40 sesiones (alrededor de 1 año).
Extensa, combinando los objetivos de corto y mediano plazo.
OBJETIVO
Resolver una problemática específica, brindar contención o seguimiento breve.
Trabajar en problemáticas interrelacionadas, que dificultan la funcionalidad al consultante.
Abordaje profundo del conflicto de origen, reconstrucción de la personalidad, reparación psicológica estructural.
ENFOQUE
Personas con objetivos claros y recursos previos, que requieren un apoyo puntual.
No se atiende sólo la causa raíz, sino el conjunto de situaciones que impiden su resolución.
Trastornos crónicos, traumas complejos, patrón repetitivo de conflicto socioemocional.
MODALIDAD
Individual
Familiar
De pareja
Grupal (casos de intervención breve)
Individual
Familiar
De pareja
Grupal
Individual
Familiar
De pareja
Grupal
Depresión
Ansiedad
Celotipia
Falta de autocontrol
Problemas de impulsividad
Acompañamiento en trastornos psiquiátricos
Relaciones de pareja
Rupturas amorosas
Divorcios
Violencia doméstica
Acompañamiento a familias con problemas de adicción
Reconocimiento y expresión emocional
Estrategias de autoregulación
Modificación de conductas disruptivas y desafiantes
Tolerancia a la frustración
Establecimiento de límites
Ansiedad y depresión infantojuvenil
Divorcios y familias reconstruidas
Violencia intrafamiliar
Acompañamiento en la transición de la niñez a la adolescencia y de la adolescencia a la juventud
Enfermedades de transmisión sexual
Enfermedades crónico-degenerativas
Atención a la gerontología
Somatización
Dismorfia corporal
Duelos
Situaciones de trauma
Secuelas crónicas ante situaciones de trauma
Tanatología
Comprender en profundidad las razones que motivan la consulta, identificar las necesidades emocionales, conductuales y sociales del niño, niña o adolescente, y diseñar una intervención personalizada y adecuada a su etapa de desarrollo.
Se busca fomentar un ambiente seguro donde el menor pueda expresarse libremente y desarrollar habilidades para enfrentar sus desafíos, promoviendo así un crecimiento emocional saludable y una mejor adaptación al entorno.
Las sesiones terapéuticas se organizan en varias fases para garantizar una atención integral y personalizada:
Se profundiza en el motivo de consulta, escuchando la sintomatología expresadas por el menor y sus familiares, y se analiza el contexto en el que se presentan las dificultades.
Se evalúan áreas clave como:
Resiliencia y capacidad de afrontamiento.
Tolerancia a la frustración y manejo de emociones.
Habilidades sociales y toma de decisiones.
Antecedentes escolares, familiares y emocionales que puedan influir en el bienestar del menor.
Se identifican las fortalezas personales y los posibles obstáculos que pueden dificultar el proceso terapéutico, con el fin de diseñar estrategias efectivas.
Se comentan los resultados, donde se incluyen observaciones clínicas, posibles diagnósticos y líneas de trabajo sugeridas. Asimismo, se establece la modalidad de intervención más adecuada (tipo de terapia, frecuencia y enfoque), involucrando a la familia en la toma de decisiones.
La terapia comienza una vez que se ha concluido el proceso diagnóstico y se ha diseñado un plan de intervención personalizado. Este proceso se basa en un enfoque integrativo que adapta diferentes técnicas y corrientes terapéuticas a las necesidades específicas del menor, respetando siempre su ritmo y particularidades.
El proceso terapéutico se realiza principalmente a través de la terapia de juego, que permite a niños y adolescentes comunicarse de manera natural, facilitando la expresión de emociones, pensamientos y conflictos de forma lúdica y segura. La terapia no solo busca la resolución puntual de un problema, sino que también fortalece la capacidad de adaptación emocional, modifica patrones disfuncionales y fomenta el desarrollo integral.
Cada intervención se ajusta constantemente para responder a los cambios, avances o dificultades que se presenten durante el proceso, garantizando un acompañamiento flexible y respetuoso.
Las sesiones tienen una duración de 50 minutos, generalmente con una frecuencia semanal para mantener la continuidad y efectividad del proceso. La duración total del tratamiento puede variar considerablemente según las características del caso, y puede clasificarse en:
Intervenciones focalizadas para problemas específicos o crisis puntuales.
Procesos más amplios que incluyen trabajo sobre múltiples áreas emocionales o conductuales.
Terapias prolongadas que buscan un acompañamiento profundo y sostenido, útil en casos con trastornos complejos o necesidades especiales.
La modalidad y duración final se acuerdan en conjunto con la familia y el menor, siempre priorizando el bienestar y ritmo individual.