HNO. JOSÉ ARRIETA ROMERO.
31 de diciembre de 1930 + 22 de noviembre de 1983
HNO. JOSÉ ARRIETA ROMERO.
31 de diciembre de 1930 + 22 de noviembre de 1983
BIOGRAFÍA.
CONTENIDO.
1. Pórtico: "Una página de San Pablo."
2 En el hogar de sus cristianos padres.
3. Una temprana vocación religiosa.
4. Su itinerario apostólico.
5. Quienes eran sus "Hijos".
6. Su deseo insaciable de ayudar. Su dimensión social.
7. Entre los presos. Su apostolado carcelario.
8. La incomprensión, su calvario oculto.
9. Últimos granos de incienso.
10. Lecciones del "Chefrer.
1. PORTICO: "Una página de San Pablo"
"En verdad, que libre de todos, de todos me he hecho siervo, para ganar más almas.
Y así como judío, he vivido como judío Fura ganar a los judíos; con los sujetos a la ley, como si yo estuviese sujeto a la ley (sin estar sujeto a ella) para ganar a los que vivían sujetos a la ley.
Así como, con los que no sujetos a la ley, he vivido como si yo tampoco lo estuviese.
(aunque tenía yo una ley con a Dios, la de Jesucristo) a truque de ganar a los que vivían sin ley.
Heme hecho débil, con los débiles, para ganar a los débiles.
Híceme todo, para todos, a fin de salvar algunos al precio que sea".
(1era. Corintios IX - 19 -22).
Cristo nos enseñó con su muerte lo que valen las almas. El precio de nuestro rescate fue su muerte, su inmolación en la cruz.
Cristo sigue su obra redentora a través de su Iglesia, formada por hombres llenos de defectos y de limitaciones.
Hombres y mujeres que se inmolan, para curar el dolor de los demás y salvarlos de la muerte.
El Padre Damián en Molokay contrae la lepra, para salvar a los leprosos.
San Vicente de Paúl, sufre en las galeras, para salvar a Ips esclavos.
Hombres y mujeres siguen pasando por el mundo, para predicar con su vida lo que vale sacar un alma del vicio y hacerla gozar de la amistad de Dios. En una palabra, para libertarlos.
El Hermano José Arrieta Romero, fue una de estas almas que supo comprender EL VALOR DE LA AMISTAD.
- De esa amistad que redime.
- De esa amistad que se inmola.
- De esa amistad que olvida.
- De esa amistad que construye.
El día en que Pepe Arrieta se proponía ayudar a un amigo, ese día no tenía noche para él. Multiplicaba sus esfuerzos para ayudarle en el terreno que fuese: material o espiritualmente.
Siempre era el día para él, cuando trataba de hacer el bien.
Cuenta una leyenda oriental que una vez preguntó un Gurú a sus discípulos si sabían decir cuándo acababa la noche y empezaba el día.
Uno de ellos le dijo:
- Cuando ves un animal a distancia y sabes distinguir si es una vaca o un caballo.
- No, dijo el Gurú.
Cuando miras y sabes si es un pino o un encino, mango o anacardo.
- Tampoco, dijo el Gurú.
- Di nos cuándo es.
- Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; si no eres capaz de esto, entonces, sea la hora que sea, aún es de noche para ti.
La vida de Pepe Arrieta tiene un denominador común, un gran mensaje que le da unidad, este mensaje es: "Enseñarnos lo que vale la verdadera amistad que supone la confianza; la confianza que supone la generosidad; la generosidad que supone el desprendimiento; el desprendimiento que supone el sacrificio, para decirnos al final y con los hechos de su vida, que no hay amistad sin sacrificio.
iCuán torpemente juzgamos las excelencias del mar, cuando nos fijamos tan sólo en la superficie! En sus profundidades guarda un sinnúmero de misterios: castillos de coral, de una sin par hermosura; peces de mil formas y colores etc... Así pasa con las almas, cuando las juzgamos sólo por las apariencias.
iQue Pepe Arrieta tuvo defectos! ¡! Claro que los tuvo!; todos los conocemos, pero no es el lugar ni el momento de hacer un de ellos. Juzgarlo sólo por los defectos, sería una forma imparcial y poco fraternal. Veamos el lado positivo de su personalidad. Hablemos en esta pequeña biografía, del lado bueno de su personalidad, de aquellos hechos que nos edifiquen y nos ayuden y alienten a ser mejores.
Consumamos con el fuego de nuestro corazón fraternal sus debilidades, sus defectos; sus errores y que nos alumbre la luz de su ejemplo, que tenemos mucho que imitarle. Como lo dijo una escritora francesa: "Lo importante es hacer de nuestra religión un acto de amor y no un teorema de Geometría; un acto de fe, no un análisis de laboratorio. Debemos ser los testigos de Dios, no los abogados del Diablo".
Algunas veces, Pepe, quedaba salpicado con el lodo de aquellos que trataba de redimir. Aquí se aplican las palabras antes citadas: "... Me hice débil, con los débiles para ganarlos a la causa de Cristo".
Cuentan en la vida de Santa Isabel de Hungría, que cuando fue despedida injustamente de su palacio en aquella fría mañana de invierno, se hizo acompañar por una de sus doncellas. Esta se quejó dulcemente a su Señora que la nieve le molestaba demasiado; y que ya no podía dar un paso más.
La Reina le dice: "Coloca tu pie en la huella de mis pasos".
Así lo hizo; después afirmó la doncella: sentía en la planta de mis pies, el calor de sus pisadas... sólo así pudo continuar.
Sigamos paso a paso, esta pequeña biografía y que el ejemplo de Pepe Arrieta nos ayude a tratar como 'Hijos" a los más rebeldes de la autoridad; aquellos que nos hacen sufrir más en clase. Pero, al fin y al cabo, son los que más necesitan de nosotros.
Termino esta pequeña introducción con aquellas palabras del Padre Bruce:
'Si de verdad quieres saber por qué hago lo que hago: te diré, que lo hago por Dios: PERO A MENUDO DIOS TIEBIE CARA DE MUCHACHO".
2. EN EL HOGAR DE SUS CRISTIANOS PADRES.
Se despedía el mes de diciembre vistiendo de blanco las serranías más cercanas al Popocatépetl y al Iztaccíhuatl. Un frío que calaba hasta los huesos hacía tiritar a los habitantes de la populosa Ciudad de México; era la noche de San Silvestre, 31 de diciembre de 1930, cuando vino al mundo Pepe Arrieta.
Su padre: Don Francisco Arrieta Vizcaíno, de una estatura más que mediana, corpulento y de gran representatividad. Un hombre de una profunda conciencia religiosa, fe profunda y práctica. Líder de movimientos católicos. Gran impulsor del Escultismo en la República Mexicana. Por ser un gran líder religioso, fue por el Gobierno y desterrado posteriormente a los Estados Unidos. Su posición económica era más que mediana. Tenía una tienda de artículos para los Scouts, con la marca: FARVIZ (Francisco Arrieta Vizcaíno); posiblemente era también el fabricante de dichos productos.
Su madre: Doña Concepción Romero de Arrieta; una mujer con una piedad poco común, que supo educar a sus hijos, con un espíritu verdaderamente cristiano.
Este cristiano hogar, se vio socorrido con cuatro hijos: dos hombres, Luis y Pepe; y dos mujeres.
Pronto el hogar de los Arrieta Romero se cubre de luto; y es nada menos que por la muerte de Doña Concepción, la madre tierna y abnegada, la madre de nuestro biografiado.
Al parecer Pepe fue el más chico de la familia. No sabernos con certeza cuántos años tenía cuando murió su madre, pero seguramente cuando más la necesitaba.
Lo que sí podemos afirmar es que cuando entró al Aspirantado Menor en 1942, ya hacía varios años que había muerto su mamá.
En 1944 cursaba el sexto año, en aquel caserón viejo, pero de gratos recuerdos, donde estaba el Aspirantado menor, en Tacubaya; allí fue donde, el que escribe estas líneas lo conoció y convivió con él bajo la animación del Hno. Sanabria.
Era un alumno muy alegre, muy participativo. Buscaba con cierto interés la amistad de los mayores, y lo llamaban "Arrietibilis". ¿Y cuál fue la motivación que llevó a Pepe Arrieta al Aspirantado Menor de Tacubaya? Fue sin duda la convivencia con los Hermanos en el Colegio Cristóbal Colón, donde cursó algunos años de primaria; sobre todo, el ejemplo de su hermano Luis que ya lo había precedido, entrando antes que él con los Hermanos.
3. UNA TEMPRANA EDAD RELIGIOSA.
Pepe Arrieta ingresó al Aspirantado Menor, el 13 de diciembre de 1942, cuando aún no cumplía los 12 años.
Pepe vivió hasta finalizar el año de 1944 en Tacubaya: calle Observatorio 80.
Durante mucho tiempo, Pepe recordará aquella casa vieja de Tacubaya, en dos niveles; en el nivel superior, un patio rodeado por los salones de clase, un dormitorio, la capilla y la sala de los Hermanos.
En la planta baja estaba el comedor, el recibidor, la cocina y los demás servicios.
Al lado de esta vieja casa había estado por algún tiempo el Noviciado Mayor, con su amplio dormitorio y otros servicios, las dos casas se comunicaban. Había un tercer nivel superior que le llamaban "El Triángulo" donde estaban los aspirantes mayores.
En el Aspirantado Menor de Tacubaya, Pepe Arrieta cursó hasta el sexto año de primaria.
Al finalizar el año de 1944, Pepe pasará a Tlalpan.
Años felices los que pasó en esta casa.
El Aspirantado de Tlalpan era una casa grande y muy bien acondicionada. Una construcción nueva, con todos los servidos.
Una amplia capilla y un gran patio interior, en forma de cuadrado. El patio ocupado por un hermoso jardín, siempre con abundantes flores. Un alto ciprés en cada una de sus esquinas. En el centro una enorme glorieta. Los cipreses como guardianes conventuales custodiaban el silencio de aquella casa monacal. Allá muy lejos, la silueta del Ajusco, con el Pico del águila, se dibujaba en el horizonte.
Si salimos del patio central por una de las puertas que dan al norte, nos encontramos en la huerta, donde centenares de ciruelos, como gotas de oro, o de un rojo vivo, saciaban el apetito, siempre puesto al día de los Aspirantes.
Una acequia con su silenciosa corriente de agua cruzaba toda la huerta.
En una parte de la gran propiedad de Tlalpan, se encontraba el Noviciado Mayor, del que nos ocuparemos más tarde.
En este ambiente tranquilo y monacal, Pepe Arrieta terminó su Secundaria. El primer año con el Hno. Polito, el segundo con el Hno. Gerard, de nacionalidad americana, y en tercero con el Hno. Víctor Córdoba, maestro de muchas generaciones.
Según testimonio de un Hermano, Pepe enfermó seriamente del estómago, se le preguntó la posible causa: había comido gran cantidad de ciruelas, pero se pasó también el hueso; apreciarás estimado lector las consecuencias...
No había fiesta en la que Pepe no participara. No había concurso de poesía en el cual no se postulara como candidato.
Así llegamos hasta el 29 de noviembre de 1947, en que Pepe pasa al Postulantado. En aquellos años el postulantado duraba dos meses.
La casa del Aspirantado y el Noviciado estaban en la misma propiedad, tan sólo separados por una barda de adobe, encalada y cubierta por una abundante enredadera.
Entramos a la del Noviciado por una puerta angosta, que tiene en su parte más visible un aviso en cartulina blanca y letra gótica que dice en un claro francés: 'Tenez cette porte fermée. S. V. P., que en romance español quiere decir: "Manténgase esta puerta cerrada. Por favor."
Entrarnos al reino del silencio, de la armonía y del orden. Todo bajo control y la vigilancia del Hno. Director del Noviciado, el Hno. Luciano.
En aquella época, el Hno. Luciano pasaba de los sesenta años, auténtico religioso, antiguo Visitador del Distrito México-Antillas, con mucha experiencia en el mando, ordenado en extremo, exigente pero siempre paternal. Algunas veces no entendía de flaquezas, solo del seco cumplimiento del deber.
No abandonemos nuestro recorrido, después de entrar por la puerta angosta, sigamos el camino de la derecha y tenemos el invernadero, donde nuestro Hermano Director tenía sus cultivos. Podemos afirmar que la jardinería, la floricultura... eran sus debilidades. El Noviciado era su jardín.
Después del invernadero había un pequeño cobertizo donde estaban en perfecto orden todos los artículos que servían para el aseo de la casa: cubetas, trapeadores, escobas...
En este lugar, había un letrero muy visible que decía: "El orden es igual a semivirtud"; es, sin duda, revelador su contenido.
Pero sigamos nuestro recorrido: seguían la ropería y un pequeño almacén donde el Hno. Luciano tenía los artículos para el aseo personal de los novicios. A continuación, la biblioteca, sencilla pero bien nutrida, con libros de variada espiritualidad. Por una pequeña puerta se comunicaba en la sala de conferencias o la sala de comunidad. Seguía el despacho y al mismo tiempo la recárnara del Hno. Director. Y hasta terminar el edificio, estaban los dormitorios, que formaban una "L".
Al finalizar éstos, los servicios y las regaderas; todo se terminaba con el despacho del Hno. Subdirector. La capilla sobresalía del edificio, que formaba en su conjunto una enorme "C'; estaba casi a la mitad del jardín, muy cerca de la sala de comunidad.
El jardín era muy grande, con amplias avenidas donde se paseaban los novicios estudiando o haciendo su lectura espiritual. El silencio era la atmósfera que se respiraba en aquella santa casa. El comedor estaba fuera del edificio del noviciado, pertenecía al conjunto de construcciones del Aspirantado Menor.
El Postulantado comprendía de fines de noviembre hasta el 25 de enero, día de la Conversión de San Pablo, fecha fijada para la Toma de Hábito.
Contemplemos a Pepe Arrieta haciendo seriamente su postulantado. En números aproximados, lo hizo con 12 postulantes cubanos y cerca de 20 mexicanos, uno de los grupos más grandes de aquella época.
Pepe Arrieta tomó el Hábito de los Hermanos de las Escuelas Cristianas el 25 de enero de 1948.
Al recibir el Santo Hábito recibió el nombre de: Hno. Alejandro Enrique. Recibió el Hábito de manos del Hno. Asistente Antonio María, de feliz memoria.
El mismo día de la Toma de Hábito, principiaba el noviciado canónico, que Pepe Arrieta hizo con toda seriedad bajo la animación del Hno. Luciano.
Este año pasó rápidamente: oración, paseos, lectura espiritual, juegos y todo lo que supone una seria formación religiosa. Tomar para sí algo que durará para toda la vida, algo que lo marcará en forma definitiva y absoluta: el espíritu del evangelio, a través del carisma del Señor de la Salle.
Este año lo pasó Pepe Arrieta como balsa en aceite.
Pepe, ahora Hno. Alejandro Enrique, se distinguirá por su espíritu festivo, su participación activa en los ejercicios comunitarios, todo en un ambiente de naturalidad.
Pronto llegamos al fin del noviciado, y quedarán atrás aquellas melodías aquel ambiente de estudio, de piedad y de silencio; aquellas noches, en que, ante la gruta de Nuestra Señora de Lourdes, cantaba el 'Prends mon coeur", lleno de un gran fervor religioso, de una piedad verdadera, pero que no ha luchado, donde no hay, ni polvo ni sudor, ni cansancio, que son huellas de un largo caminar por la vida.
Más tarde su piedad perderá quizá, esas expresiones sensibles, pero se encarnará en la vida, en la caridad para con los demás. Y más de uno que lo contempló en los últimos años de su vida, pudiera exclamar. iCómo ha cambiado Pepe Arrieta! ¡iYa no es el mismo!
Pepe no cambió, cambiaron las expresiones de la piedad, ayer sensibles, hoy, hechas vida, quizá con polvo y sudor, pero no menos verdaderas. Podríamos pensar en aquellos versos de Gaspar Núñez de Arce:
Cuando recuerdo la piedad sincera con que, en mi edad primera, entraba en nuestras viejas catedrales, donde, postrado ante la cruz de hinojos, alzaba a Dios mis ojos soñando en las venturas celestiales.
iCon qué profundo amor, niño inocente, prosternaba mi frente en las losas del templo sacrosanto! Llenáse mi joven fantasía de luz, de poesía, de mudo asombro, de terrible espanto.
A esta voz interior, que sólo entiende quien crédulo, se enciende en fervoroso y celestial cariño, envuelta en sus flotantes vestiduras, volaba a las alturas,
Virgen sin mancha, mis oración de niño.
Y por fin llegó aquel día 26 de enero de 1949; y ante el altar del Señor, Pepe Arrieta pronuncia sus Primeros Votos.
Aquella mañana de enero, en aquella capilla del Aspirantado Menor, ante el Santísimo expuesto, con un ario en su mano izquierda y la fórmula de votos en la derecha, Pepe pronuncia lenta y pausadamente su fórmula de Consagración, jurídicamente por un año; pero sabía que era para toda la vida, que ha puesto la mano en el arado y no mirará nunca atrás, hasta que la muerte, universal, corte esta espiga ya madura y sea trasplantado a los campos del Señor.
El mismo día que pronunció sus votos pasa al Escolasticado, a la siempre recordada 'Quinta de los Olivos" en Hidalgo 48, en Coyoacán D. F., a ponerse bajo la dirección del Hno. Miguel Martínez.
Pepe Arrieta estuvo en el Escolasticado tres años; de 1949 a 1952. Siempre recordará aquella "Quinta de los Olivos" sombreada y fresca, con su pequeño bosque de cedros y sus abundantes plantíos de calabaza; la residencia de los ancianos, de un puro estilo francés; con su torre y sus jardines.
El Escolasticado era una construcción funcional y sencilla, pero cómoda y suficiente para los treinta o más escolásticos que vivían allí.
Una vida llena de energía y de vigor juvenil. Aquellas subidas al Popocatépetl, cuando algún grupo terminaba su escolasticado y partía para comunidad. Aquellos paseos al Ajusco y al Pico del Águila, al Desierto de los Leones. Y ese ir y venir al Cristóbal Colón, donde Pepe cursaba la Normal. Todo ha pasado a la jurisdicción de los recuerdos. Pero lo forjó como todo un hombre y un maestro, la vida lo confirmó después.
En el Escolasticado vivió un año con su hermano Luis. Animoso como siempre, Pepe Arrieta participaba en todas las actividades: culturales, artísticas y deportivas.
Aquí principió a notarse su espíritu apostólico. Mostraba una pronunciada inclinación por los catecismos parroquiales. Por los niños pobres que asistían al catecismo en la parroquia de San Juan Bautista en el templo de los franciscanos de Coyoacán. Desplegaba todo su celo por juntar ropa y juguetes para sus niños del catecismo.
Pronto pasaron aquellos tres años de formación. ¿Cuál sería su primera comunidad? Se abre una expectación y con ella el fértil campo para su alma hambrienta de celo y de donación a los demás.
4. SU ITINERARIO APOSTOLICO.
Al principiar este capítulo, en que nuestro biografiado, mira el ancho horizonte de su apostolado y se lanza a la gran aventura de conquistar almas para Cristo, quisiera recordar aquellas palabras del poeta gaditano: José María Pemán, cuando escribía: iVida nueva, arroyo claro, ¡capullo de mi rosal!
Toma en tus días que llegan estos días que se van. Unidas mis aguas turbias a las tuyas de cristal, vamos, como al mar los ríos, los dos a la eternidad.
Su petición al Señor ha de ser:
"Señor, déjame ser rocío, rayo de sol, jugo escondido.
Sufrir, hacer el bien, crear belleza todo sin ruido...
El arma preferida de su apostolado será: La Amistad.
Saltillo será el principal teatro de su apostolado. Se presenta en el viejo Colegio Ignacio Zaragoza, de la Calle Hidalgo, casi frente al templo de San Juan, una mañana nublada y fría, el seis de enero de 1952.
Principia a dar clases en un Sexto de Primaria. Al año siguiente pasa con sus mismos alumnos a Primero de Secundaria. Al año siguiente con los mismos alumnos a Segundo. Maestro y alumnos son casi una verdadera familia. Pepe maneja a sus alumnos con una mirada, con una palabra, lo respetan y lo quieren después de estos años que han estado juntos.
Con sus "Hijos" recorre los barrios pobres de la ciudad. Tiene centros de catecismo en tres o cuatro lugares. Reparte ropa y juguetes en Navidad. Organiza Primeras Comuniones y se encarga de la Acción Católica.
Además, es el animador principal del deporte en el Colegio.
iCon cuánto cariño recuerdan los exalumnos de aquellos tiempos, los famosos sábados deportivos, llenos de colorido y emoción!
Termina su misión en el colegio Ignacio Zaragoza, y en el Curso 1955-1956 ya lo encontramos en Hermosillo; se le solicita para que se encargue del internado. Un hueso demasiado duro de roer para el novel hermano, PEO pone al servicio de su nueva misión todo su esfuerzo y buena voluntad. Llega al Regis, en la colonia Pitic, en la ciudad de Hermosillo, el 25 de agosto de 1955. Antes había hecho su retiro de 30 días en Gómez Palacio, y al final de este retiro pronuncio sus 'Votos Perpetuos"; un paso decisivo en su vida.
Con el fervor de su consagración total al Señor, principia su apostolado en Sonora.
Encargado de los internos medianos y titular de segundo de secundaria, fueron sus actividades principales.
A estas actividades agrega él, de su propia cosecha, animar los grupos apostólicos. Organiza a sus internos para que den catecismo en las colonias pobres de la periferia de la ciudad. Consigue bienhechores y construye un gran salón en una colonia pobre, para que la gente se reúna, como en un Centro Social. En este 'Bodegón", como él lo llamaba, se celebra la Santa Misa, de vez en cuando, se realizan Primeras Comuniones y la gente se reúne para otras celebraciones festivas.
Bien sabemos que los internos, no son en su mayoría unos "santos", Pepe toma entre los más indisciplinados y forma el grupo de "Sus hijos".
Son los que rnás gozan de su amistad y con los que más platica. Más tarde ampliaremos este tema.
Aquí en Hermosillo es donde principia a desarrollar más su gran capacidad de relación, que le servirá para conseguir muchas cosas en favor de los pobres.
En el Regis de Hermosillo va a permanecer durante cinco cursos escolares.
El 25 de agosto de 1960, año en el que se dividió de Distrito de México en: México Norte y Sur, encontramos a Pepe Arrieta en el Instituto Regiomontano de Monterrey N. L. Principiará el curso escolar 1960-61 como titular de un Tercero de Secundaria, además otras actividades apostólicas, ya que sin ellas es difícil imaginarse a Pepe Arrieta.
Al año siguiente lo encontramos en Primero de Preparatoria.
En esta sección de Preparatoria tienen alumnos cuyos padres son grandes empresarios en el mundo industrial de Monterrey, y por lo tanto de un gran poder económico. Algunos de ellos son sus "Hijos" y se vale de ellos para ayudar a los pobres de sus catecismos y a otras personas que acuden a él en busca de trabajo o de cualquier ayuda económica.
Por esta época, Pepe Arrieta se encarga de la Acción Católica y del periódico escolar.
En el Instituto Regiomontano permanece, tan solo, dos cursos, pues ya el 15 de Agosto lo encontramos en Matamoros, Tamps. Aquí permanecerá, tan solo, un año: el curso 1962 - 63.
Muy corta fue su estancia en Matamoros, pues dura tan solo un año, pero lleno de experiencias; en este colegio fue por primera vez Coordinador de Secundaria, se encarga del transporte escolar y de la Acción Católica.
Abandona Matamoros al terminar el curso. El 25 de agosto de 1963, lo encontramos nuevamente en el Regiomontano. Lo hemos visto madurar ya como maestro; ahora principia a madurar como Coordinador. Llega al Regiomontano para encargarse de la Primaria y de la Secundaria.
Se distingue como activo organizador y animador incansable de alumnos y maestros. Una de sus principales actividades fue la Construcción de la Iglesia de San Juan Bautista de La Salle, en la colonia Chepevera.
La construcción de esta Iglesia llenará un capítulo muy importante en la vida del Hno. Pepe Arrieta.
La originalidad de esta Iglesia, en cuanto a su construcción se refiere, trajo consigo una infinidad de dificultades, sobre todo por las filtraciones que se originaban durante las lluvias. Se probaron varias técnicas y materiales, pero las deficiencias persistían. Cualquier iniciativa provocaba infinidad de gastos. Pepe Arrieta se daba a la difícil tarea de conseguir patrocinadores para tan noble empresa; y los conseguía por medio de sus "hijos" que en alguna forma estaban relacionados con los grandes industriales de la 'Noble Ciudad de Monterrey".
La terminación de la construcción de la Iglesia dedicada a San Juan Bautista de La Salle, la única en la República hasta la fecha, se debe en gran parte al esfuerzo y a la tenacidad del Hno. Pepe Arrieta; así como su iniciación, al dinamismo del Hno. Víctor Bertrand, Director del Instituto Regiomontano, allá por los años cincuenta.
Después de que Pepe Arrieta ha desempeñado ya en varias ocasiones el papel de Coordinador, de Prefecto de internos, y otras actividades de relieve, parece que ya está maduro para hacerse cargo de la dirección de un Colegio.
Después de tres años en el Instituto Regiomontano, Pepe Arrieta es nombrado 'Director de una Comunidad", más aún, fundador de la misma; se trata del nuevo colegio que abrirá sus puertas en Ciudad Delicias, Chihuahua, donde llega el 15 de agosto de 1966.
Recordamos que la familia Bünsow fue la inspiradora de esta institución, con el Sr. Cura de Cd. Delicias Pbro. J. Dolores Cano.
Ya desde 1961 funcionaba este Colegio como de "extensión".
En el mes de agosto de 1966 llegan los tres fundadores: El Hno. Arrieta como Director, el Hno. Rafael Maldonado como animador de la Secundaria, y la tradicional y amable figura del Hno. José Rafael Fernando Servín Díaz Barriga, en la Primaria. Pocos Hermanos, pero de gran calidad cada uno.
Desde el primer momento que toma las riendas de gobierno, el Hno. Pepe Arrieta se entrega a la obra, quizá con demasiada entereza. Algunas de sus ocupaciones eran: Director General de la Institución, Maestro de Secundaria, Animador del Movimiento Familiar Cristiano, así como miembro de los Caballeros de Colón es el alma del Movimiento Scout de la ciudad. Por las noches da conferencias a los Rotarios, unas veces, otras a los Leones.
Cada semana da una charla en el cuartel del Ejército a los soldados y a sus familiares; amén de otras reuniones de otros grupos sociales que reclamaban la presencia del brillante conferencista, como eran: los padres de familia del Colegio, profesores que pertenecían a la Federación de Escuelas Particulares, etc.... etc....
Demasiadas actividades, por cierto, nada recomendables si sufren otras relacionadas con la vida religiosa y comunitaria.
La vida comunitaria transcurría sencillamente en aquella comunidad.
Escribe uno de los Hermanos: 'Teníamos un carro, que caminaba rnás por convicción que por estar en buenas condiciones; salíamos a paseo en él y regresábamos en camión de línea, porque nos dejaba en el camino. Esto sucedía con bastante frecuencia".
La situación económica fue siempre un dolor de cabeza para el joven Director, pero en ninguna circunstancia la comunidad sufrió grandes privaciones, ni hubo carencia de lo necesario.
Propició siempre entre los maestros un clima de amistad y alegría, por medio de los paseos que se organizaban en vacaciones. Todos recuerdan aquellas excursiones, cuando recorrían gran parte de la costa del Golfo de México y llegaban hasta la Isla de Mujeres, recorriendo la zona arqueológica de Yucatán. 'Nunca nos sentimos menos integrados que bajo su dirección", exclama un maestro.
Desgraciadamente el Instituto de la Salle de Ciudad Delicias, duró tan solo 7 años, con la presencia efectiva de los Hermanos; de 1966 a 1973; después de esta última fecha, los lasallistas abandonan la obra y otras personas se encargarían de ella.
El Hno. Francisco Alba, que se llama a sí mismo "el Ángel Exterminador", porque será la segunda comunidad que cierra, la primera fue la de Lagos de Moreno, finalizó el curso 1972 - 73. Y así se cierra un capítulo más de la historia de los lasallistas en Cd. Delicias, Chihuahua.
Sigue su itinerario apostólico el Hno. Pepe Arrieta, y el Colegio Febres Cordero le abre sus puertas, en la bella Perla de Occidente, a la que llegó el 20 de agosto de 1972, para trabajar en la Secundaria y en la Preparatoria. Profunda labor social y académica realizará en esta ciudad, cuyos detalles se ampliarán más tarde.
Cuando Pepe Arrieta estaba en Guadalajara, se realizó la construcción del nuevo Febres Cordero. Muy apreciada fue su colaboración, al conseguir a muy buenos precios, material de construcción con sus "hijos" de Monterrey y del mismo Guadalajara.
El Hno. Arrieta duró en Guadalajara hasta 1977. El 25 de agosto de este año lo encontramos en el Colegio Guadiana, en la ciudad de Durango, donde toma la dirección de la Secundaria.
En Durango duró 3 años, donde dejó un sin número de casos de redención, siempre con sus hijos más necesitados; estos casos los reuniremos en un capítulo especial.
Desde agosto de 1981 lo encontramos en "El Colegio de la Salle de Acapulco", encargado de la Preparatoria. Esta comunidad será la última llamarada de su celo.
Ya cuando el mal avanza, cuando el tumor cerebral, que lo llevó a la tumba debe ser extirpado, se le traslada a la Ciudad de México, a la Comunidad de Mier y Pesado, donde es atendido maravillosamente por nuestros Hermanos del Distrito Sur.
Entregará su alma al Creador, no sin antes pasar por un doloroso calvario que se relatará más tarde, el 22 de noviembre de 1983.
Aquí termina el itinerario de su vida. Pasemos ahora a profundizar algunos aspectos de esta.
5. ¿QUIENES ERAN SUS "HIJOS"?
Con mucha frecuencia se le escuchaba esta expresión a Pepe Arrieta: —Sí, lo conozco, es uno de mis 'hijos" —, cuando oía hablar de un alumno.
Sus hijos eran:
Los insoportables en clase.
Los que reprobaban casi todas las materias.
· Los que se iban "de pinta" una o dos veces por semana.
· Los pandilleros... en una palabra, los que parecían no tener remedio, los desahuciados; muchas veces, hijos de familias desunidas y con grandes conflictos familiares.
El Pepe Arrieta tenía un tacto poco común para encausar estas vidas por el camino del bien, fueran alumnos de nuestros colegios o no.
Se ganaba su confianza. Se interesaba por ellos. Muchas veces bajaba hasta su nivel de lenguaje...
Cuando ya se los ganaba, cuando ya sentía que habían depositado su confianza en él, principiaba la etapa de modelación y encausamiento.
Se sucedían largas pláticas, una evangelización a fondo, un repaso de los principios fundamentales de moral. Por fin, caía la presa; una buena confesión y seguía una vida sacramental fervorosa y una asidua amistad con el amigo y con el confidente.
Inútil decir que estos alumnos conservaban un recuerdo imperecedero y un gran cariño, para el que los levantó del fango del vicio y del pecado.
Afirma un Hermano que vivió con él en la última etapa de Acapulco, que cuando los alumnos supieron la noticia de su muerte, varios lloraron la desaparición del amigo, del compañero, del confidente, del Padre...
veces un chiste, que para algunos era una auténtica vulgaridad, le servía para ganarse la confianza de uno o varios alumnos que estaban retirados de la religión, o con serios problemas morales, académicos o disciplinarios.
Querer imitarlo en esta táctica tan singular, sería abocarse al fracaso más rotundo; pues su figura, su forma de hablar, su desparpajo, lo hacían apto para esta clase de tácticas de evangelización juvenil.
Lo más raro del caso es que tenía 'hijos" en las clases más elevadas y en las más pobres. iCuántas veces acudía a sus 'hijos" más ricos para ayudar a los más pobres!, pero este tema lo trataremos en un capítulo aparte.
La medicina con la que curaba a sus hijos era que la sana alegría no está peleada con la vida de gracia; que se puede vivir en un ambiente de sano relajo y vivir en gracia de Dios.
Pepe Arrieta era un Hermano alegre y sabía poner alegría donde él estaba. Algunos compañeros de la Normal Superior de Saltillo recuerdan que, por las noches, salía de su cuarto envuelto en una sábana blanca Cantando "gorrioncillo pecho amarillo".
El Hno. Pepe Arrieta tuvo también un gran ascendiente sobre sus exalumnos. Gracias al gran espíritu de compañerismo que les infundió, seguían reuniéndose las diferentes generaciones, para celebrar el aniversario de su graduación. Siempre que él podía los acompañaba.
¿Cómo describir aquel encuentro después de varios años de ausencia?; es algo que no podemos imaginar, el primer dato que podemos aportar es que el día que sucedía el encuentro no tenía noche. La fiesta de la amistad, del encuentro con el gran amigo.
Entre los exalumnos logró también grandes conversiones. Logró que se arreglaran matrimonios que estaban a punto de fracasar.
En estas reuniones de exalumnos ya grandes, les llamaba también 'hijos" y nunca se avergonzaban de ser llamados así delante de sus compañeros o de sus esposas, pues ya sabían de lo que se trataba.
Seguramente Pepe Arrieta tuvo momentos de dolor y de tristeza como todos los mortales los tenemos, pero en él sucedió lo que dice el refrán: 'No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero no dejes que anide en tu cabellera". (Refrán Chino).
6. DESEO INSACIABLE DE AYUDAR A LOS MAS NECESITADOS.
Hay un proverbio oriental que dice: "Si tienes un amigo búscalo con frecuencia, porque los abrojos y las espinas invaden el sendero que no se pisa".
El Hno. Pepe Arrieta sintió el imperativo de la amistad fuertemente, supo cultivar sus amistades, alimentar dichas amistades, ya que tenía muchas; y en justa reciprocidad, sus amigos lo buscaban.
Se valía de sus "amigos" más ricos para socorrer a los más pobres. Tenía amigos en todos los niveles: en el medio eclesiástico, en puestos de gobierno, en el ambiente policiaco, entre los presos, entre los rnás célebres pandilleros que estaban purgando alguna pena en la cárcel.
De todos se valía para socorrer a los que le pedían ayuda.
En cierta ocasión se presentó en el Colegio un hombre pobremente vestido, preguntando por el Padre Arrieta.
— Bueno — contestó el pobre hombre, — quisiera hablar con él. — Espere que salga de clase.
Aquel hombre esperó pacientemente hasta que Pepe Arrieta terminó su clase. Una vez que aquel pobre hombre se vio frente al Hermano parecía que lloraba.
— Hermano, le dijo con voz suplicante, estamos muy pobres, yo soy el padre de tres niños y no tengo trabajo. Un cuñado mío me prestó un carro ya viejito, disque para que lo trabaje como taxi; fui al Departamento de Tránsito, para ver cuánto me cuestan las placas y los permisos, y haciendo cuentas, valen más de loque vale el carrito. Vengo a ver si Ud. me ayuda en alguna forma para que las placas no me cuesten pues me han dicho que Ud. ayuda a los pobres.
Ni perezoso, el Hno. Arrieta fue con uno de sus "Hijos" que trabajaba en el Departamento de Tránsito y le contó el caso.
Las placas no se hicieron esperar, consiguió gratuitamente lo que costaba quizá, varios millones de nuestros pobres pesos devaluados.
El pobre hombre tuvo trabajo y dio de comer a su familia.
Trabajaba en el Colegio como conserje un muchacho de 22 años. En una de tantas conversaciones que Pepe tenía con los trabajadores del Colegio, este trabajador le dijo:
— Quiero decirle Hermano, que ya me voy a casar... pero nada más por el civil.
— ¿Por qué no te casas por la Iglesia?
— ¿Qué por qué?... pos no hay lana; hoy todo está muy caro:...que la presentación, que la misa... todo cuesta ahora. Y luego que mi novia quiere ir vestida de blanco; me dijo que, si nos casábamos por las dos leyes, ella tenía que ir vestida de blanco y yo de traje.
De dónde voy a sacar para tantas cosas!. Yo gano aquí el mínimo. Y luego si mi vieja quiere fiesta... pare de contar, necesito empeñar hasta los calzones.
Pepe Arrieta escucha atentamente las palabras de aquel trabajador, medita en su corazón la podemos asegurar que ya tenía el resuelto.
¿Para cuándo piensas casarte?— Le dijo Pepe Arrieta. Pos para las vacaciones de Navidad o Año Nuevo.
Faltaban dos meses para que llegara dicha fiesta.
No te preocupes, tú te casarás por la Iglesia...
El Hno. Arrieta, en aquella circunstancia era el titular de los alumnos mayores de Preparatoria. En una clase de Formación de Valores les explicó el caso. La idea fue muy bien recibida. Se formaron comisiones:
• Para conseguir los vestidos del novio y de la novia.
• Para amenizar la fiesta, música. ..
• Las muchachas arreglarían la iglesia.
• Los alumnos cantarían durante la misa, con sus propios instrumentos.
En una palabra: aquel matrimonio salió de "pompa y circunstancia". Los novios no sabían ni de donde llegaban cosas, sin que a ellos les un solo centavo.
Nosotros sí lo sabíamos: del corazón y de la mente de un hombre que no podía ver sufrir a los demás.
Y colorín colorado... el matrimonio vivió feliz y consagrado por la bendición de la Iglesia.
Apreciado lector. permíteme que te cuente otro caso.
Hacía tiempo que, con frecuencia, amanecían algunos vidrios rotos en el Nuevo Febres, ya que estaba en las afueras de Guadalajara, en una región muy poco poblada entonces. El Colegio tenía muy poco tiempo de funcionar; las diferentes secciones se estaban trasladando poco a poco, y el edificio, entonces en construcción, no tenía prácticamente ninguna protección.
Los pandilleros hacían su agosto por las noches, cometiendo sus actos de vandalismo.
Imposible detener aquella lenta destrucción del Colegio, después que con tantos sacrificios se estaba construyendo.
Pepe Arrieta se dio cuenta de la situación. Por aquella época tenía un amigo, muy influyente, en el mundo del pandillerismo en la ciudad, que entonces estaba preso. Esto no impidió que lo fuera a visitar a la cárcel, le contó lo sucedido; el interpelado le dijo, con una tranquilidad asombrosa:
No te preocupes Pepe, esto va a terminar...
No se sabe qué hilos movió este célebre jefe de pandillas desde la cárcel, que las pedradas cesaron, no hubo más vidrios rotos.
Cuenta un Hermano, que una vez que regresaban de un paseo, al cansancio agotador se juntó una sed verdaderamente singular:
"Bajábamos del cerro y entramos a un pequeño poblado; platicamos con Pepe Arrieta de la espantosa sed que teníamos. El, ni tardo ni perezoso nos dijo: acompáñenme. Él sabía que no traía ni un centavo, no obstante, pidió cervezas para todos. Llegó el' momento de pagar, se quitó su reloj y se lo entregó al Señor de la tienda y le dijo: 'Yo soy profesor del Colegio de la Salle, aquí le dejo empeñado mi reloj porque no tengo con que pagar estas cervezas, después regresaré y le pagaré todo, lo importante es que ya no tenemos sed."... No podía ver sufrir a los demás.
Para Pepe Arrieta, la comprensión de las personas sobrepasaba a las estructuras.
Muchas personas le pedían ayuda para encontrar fr-abajo y con gusto lo conseguía. Actas de nacimiento, cartas de recomendación, todo era fácil para él; así colmaba su insaciable deseo de socorrer a los más necesitados.
7. ENTRE LOS ENCARCELADOS.
El apostolado carcelario fue otro de los campos que cultivó el Hno. Arrieta con singular acierto.
Sabemos con toda certeza que consiguió un permiso especial en la Secretaría de Gobernación, para visitar la cárcel más grande de la República: Las Islas Marías, donde estuvo en compañía de su hermano Luis y un equipo de abnegados catequistas, deseos de hacer el bien a estas personas que tanto lo necesitan.
Cuando estuvo en las Islas Marías, cultivó una estrecha amistad con el Capellán de dicho centro carcelario: el "Padre Trampitas".
Cuentan algunos que este carismático sacerdote, hizo la "trampita” de declararse un gran criminal ante las autoridades para que lo condenaran en la prisión de las Islas Marías, y así poder hacer mucho bien entre sus compañeros.
El que escribe estas líneas fue testigo del siguiente hecho:
Me encontraba de paso por la comunidad de Durango, donde se encontraba el Hno. Arrieta; me invitó a que lo acompañara a visitar el "CERESO', Centro de Rehabilitación Social, que se encuentra en las afueras de la ciudad de Durango. Con mucho gusto lo acompañé.
Era la primera vez en mi vida que visitaba una cárcel.
Nos presentamos por la entrada principal, vigilada por todas partes.
La puerta tenía por lo menos tres llaves, y cada uno de los guardias tenía una llave, de tal manera que debían estar los tres de acuerdo para aportar cada uno su respectiva llave y que aquella puerta se abriera. El Hno. Arrieta no dijo ni una palabra, cuando los guardias lo vieron notaron su presencia, acudieron y la puerta se abrió al momento.
Avanzamos hacia el interior de la prisión; puertas se abrían y se cerraban atrás de nosotros y el Hno. Pepe Arrieta avanzaba por terrenos conocidos. Yo pensé: el Hno. es ampliamente conocido en estos medios; en efecto, así era.
Llegamos a los interminables corredores cerrados, donde se encontraban las "crujías". Algunos sacaban sus manos por entre las rejas, y le gritaban: iAdios Pepe! Era una escena conmovedora.
El Hno. Arrieta le ordenó a uno de los vigilantes que principiara a sonar la campana para llamar a los internos a Misa, pues era domingo.
Principió el vigilante a recorrer las interminables abriendo todas las puertas para que los presos acudieran a la Iglesia que se encontraba dentro del recinto penitenciario.
Era un templo de proporciones más que medianas. En un momento se llenó de internos.
A un lado del altar estaba un conjunto musical que daba un tono de alegría a la celebración eucarística. Los internos contestaban al sacerdote como piadosos
novicios, algunos conmovían por su piedad y su fe. Todos se realizaban como en una fervorosa parroquia.
Buen número de internos se acercó al Banquete Eucarístico.
Yo, en un rincón de la Iglesia, hacia desfilar por mi mente al Buen Ladrón, A María
Magdalena, a la Samaritana y a tantos otros que fueron objeto de la Misericordia de Dios. Y decía en mi interior: el Evangelio no se ha terminado de escribir: siguen los buenos Ladrones... Las Magdalenas... Las Samaritanas, lo importante es mirar las cosas y los acontecimientos con fe.
Desperté de mi asombro cuando el coro de la cárcel entonaba:
Adiós reina del Cielo Madre del Salvador,
¡Adiós Oh Madre mía! Adiós, adiós, Adiós.
Salieron en perfecto orden de la Iglesia y se encaminaron a sus actividades, a su momento de esparcimiento, pues era domingo.
Todos saludaban a "Pepe Arrieta", pues era el amigo a quien todos conocían. Pensé en mi interior A cuántos de estos reclusos no encaminaría el Hno. Arrieta por el camino del bien y les ayudó a recobrar la amistad de Dios.
Recordemos los que decía San Francisco de Sales: "Como los que suben a una montaña con frecuencia se toman de la mano, o se ayudan para ascender con mayor seguridad; así los hombres y las mujeres que viven en el mundo necesitan de una amistad para llegar a Dios".
Para esos reclusos. el Hno. Pepe Arrieta fue esa mano que los llevaba hasta Dios.
Los reclusos fueron también sus hijos, pero hijos de su compasión y de sus cuidados.
8. LA INCOMPRENSION, SU CALVARIO OCULTO.
Podemos afirmar con seguridad, que el Hno. Pepe Arrieta era un hombre carismático en muchos aspectos. Por lo tanto, tenía sus propios caminos y su manera muy personal de ver las cosas.
Por lo tanto, había dos tipos de personas que evaluaban su proceder. Unos que lo consideraban el prototipo del apóstol, del hombre abnegado, de religioso íntegro. Y los otros le ponían serios interrogantes a su manera de actuar, en su conducta, en su regularidad.
Lo que sucedía con frecuencia en la vida de Pepe Arrieta era lo siguiente: "ANTEPONIA LA COMPRENSION DE LAS PERSONAS A LAS ESTRUCTURAS ESTABLECIDAS".
El dolor que él sentía al ver los males físicos y morales de los demás, los estragos que causa el vicio y la pobreza en los menos favorecidos le hacían reaccionar muchas veces con cierto radicalismo.
Pepe padecía una enfermedad, que se manifestaba por los fuertes dolores de cabeza y, ya al final, por falta de coordinación de las ideas.
Para ser atendido de esta enfermedad y de sus consecuencias, fue dos veces a Houston; pero los médicos americanos no le detectaron materialmente el tumor; sólo le decían que no coordinaba las ideas y que tenía algo serio en el cerebro. El médico que lo operó en México fue el que detectó el tumor. Parece injusto invertir las causas: tomaba calmantes para tratar de quitarse los intensos dolores. No los calmantes le provocaron el tumor, según el testimonio de los mejor informados.
Pepe llevaba el calvario de la incomprensión en el fondo de su alma, en muchos medios sufrió un rechazo considerable de los que debíamos comprenderlo.
9. ULTIMOS GRANOS DE INCIENSO.
Como decía anteriormente, el Hno. Pepe Arrieta fue operado de su tumor cerebral en la ciudad de México. A partir de ese momento, sus facultades fueron disminuyendo lenta y progresivamente.
Perdió totalmente el cabello. Recordaba algunos hechos aislados, pero no recordaba los nombres de las personas que los habían realizado.
No coordinaba, no relacionaba ideas. Este lento decaer duró casi un año.
Este año de dolor y de lento declinar de sus facultades, lo vivió en la comunidad de Mier y Pesado, donde los Hermanos del Distrito Sur le brindaron un fraternal y caritativo alojamiento. Viviendo en la Ciudad de México, podían asistir a las frecuentes curaciones y cuidados que requería su estado.
Los últimos granos de incienso estaban a punto de consumirse en el fuego de la Voluntad de Dios.
El Hno. José Arrieta Romero, que recibió en su toma de hábito el nombre de Hno. Alejandro Enrique, fue fiel a la cita del que es dueño de nuestra vida y emprendió el viaje sin regreso al 22 de Noviembre de 1983, cuando contaba casi 53 años.
Estamos seguros, porque creemos en la misericordia del Señor, que Él lo recibió entre los suyos, según su promesa:
Porque dio de comer al hambriento, de beber al sediento, vistió al desnudo, visitó al encarcelado.
Y después de un crepúsculo ensangrentado, se hunde en el horizonte de la eternidad la vida de un hombre, de un hombre que vivió entre nosotros, mitad realidad y mitad misterio; porque sabemos muy poco del misterio que encierra la existencia humana. Hay tanto misterio en una vida humana como en la germinación de un grano de trigo o en el movimiento de las estrellas. Realmente sabemos tan poco del misterio de la vida. Lo único que sabemos es que somos capaces de amar, y esta cualidad nos hace más grande que todos los mundos. Con estas o semejantes palabras se expresó Guy de Larigaudie.
10. LECCIONES DEL CHEFRER.
Desde esa cátedra de la muerte, con esa autoridad trascendente y llena de sabiduría, meditemos en algunos pensamientos que se desprenden de la vida de este Hermano nuestro.
1. El Hno. Pepe Arriaga entendió la amistad como una condición indispensable para hacer el bien a sus alumnos. Le daba un valor transformador y redentor.
2. Logró grandes conversiones por la fuerza de su amistad.
3. Su corazón se compadecía en extremo ante la miseria física o moral de los demás.
4. Trataba de sanar todas las heridas en el ser humano: Pobreza material y espiritual, ignorancia, falta de fe...
5. Aceptó bajar hasta el abismo de ciertas miserias humanas, para levantar a los que habían caído y eran objeto de su apostolado.
6. Se notaba una gran alegría cuando hacía felices a los demás.
7. Sabía cultivar sus amistades y no permitía que creciera la hierba por los caminos de su amistad.
8. Tuvo sus equivocaciones al querer conquistar a los que deseaba redimir. Pero recordemos que: "Muchas cosas se consumen en el fuego de un corazón que arde con el fuego de la amistad redentora". Sepamos perdonar al Hno. Arrieta en aquello que nosotros pensamos que obró mal; y que démos con el ejemplo del Hermano que supo entregarse a los demás, con todas sus cualidades y defectos.
9. Como tributo al Hermano, al compañero y al amigo, quiero terminar esta biografía recordando la famosa Elegía de Miguel Hernández (1910 -•1942) que dedico a su entrañable amigo Ramón Sijé.
ELEGIA.
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se ha muerto como el rayo Ramón Sijé, a quien tanto quería)
Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin instrumento, a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado, que, por doler, me duele hasta el aliento. Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos, siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta de piedras, de rayos y anchas estridentes, sedienta de catástrofes y hambrienta. Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte, a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besar la noble calavera y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores.
Alegrarás las sombras de mis cejas, y tu sangre se irá a cada lado, disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas, de almendro de nata, te requiero; tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.
Hno. Maurilio Barriga Gaona
13 de agosto de 1991 Día de San Benildo.