El plasma es el material extracelular líquido que le imparte a la sangre las propiedades de fluidez.
El volumen relativo de células y plasma en la sangre entera es de aproximadamente 45% y 55%, respectivamente.
El volumen de los eritrocitos compactados en una muestra de sangre se llama hematocrito (Hto) o volumen de células compactas (PCV).
Los leucocitos y las plaquetas constituyen sólo el 1% del volumen sanguíneo. [1]
Más del 90% del peso del plasma corresponde al agua, que sirve como disolvente para una variedad de solutos, como proteínas, gases disueltos, electrolitos, sustancias nutritivas, moléculas reguladoras y materiales de desecho.
Los solutos del plasma contribuyen a mantener la homeostasis, un estado de equilibrio que proporciona una osmolaridad y un pH óptimos para el metabolismo celular.
Las proteínas plasmáticas son principalmente albúmina, globulinas y fibrinógeno. [1]
Es el principal componente proteico del plasma y representa más o menos la mitad de las proteínas plasmáticas totales. [1]
Es la proteína plasmática más pequeña y se sintetiza en el hígado.
La albúmina es responsable de ejercer el gradiente de concentración entre la sangre y el líquido tisular extracelular. [1]
También actúa como una proteína transportadora: une y transporta hormonas (tiroxina), metabolitos (bilirrubina) y fármacos (barbitúricos). [1]
Contribuye de manera importante a mantener la presión oncótica del plasma y ayuda, como transportista, al transporte de lípidos y hormonas esteroideas. [12]
Proteína albúmina.
Comprenden:
Las inmunoglobulinas; son anticuerpos, una clase de moléculas funcionales del sistema inmunitario secretados por las células plasmáticas.
Las globulinas no inmunes; son secretadas por el hígado. Contribuyen a mantener la presión osmótica dentro del sistema vascular y también sirven como proteínas transportadoras para diversas sustancias como cobre (transportado por la ceruloplasmina), hierro (transportado por la transferrina) y la proteína hemoglobina (transportada por la haptoglobina). [1]
El fibrinógeno, la proteína plasmática más grande.
Se sintetiza en el hígado.
En una serie de reacciones en cascada con otros factores de coagulación, el fibrinógeno soluble se transforma en la proteína insoluble fibrina. [1]
La fibrina es la proteína principal en los coágulos de sangre que detienen el sangrado y sanan las heridas.
La fibrina es elemento esencial en la formación del coágulo y constituye el armazón o estroma en el que se apoyan las células que migrarán después a la herida durante la cicatrización. Si se retira la fibrina formada en esta fase, se retarda la cicatrización. [14]
El suero es igual al plasma sanguíneo excepto que está desprovisto de los factores de coagulación.
Para prevenir la coagulación de una muestra de sangre, se le añade un anticoagulante como el citrato o la heparina.
El citrato fija los iones de calcio, que son esenciales para la activación de la cascada de reacciones de la coagulación, y la heparina desactiva los factores de coagulación en el plasma.
El plasma que carece de factores de coagulación se denomina suero. [1]