La sangre está compuesta por células, elementos formes y una parte líquida conocida como plasma. Las células y elementos formes corresponden a los leucocitos, eritrocitos y trombocitos, respectivamente, mientras que el plasma está constituida por moléculas y proteínas, como la albúmina y fibrinógeno.
El tejido sanguíneo (sangre) es el encargado de llevar a cabo un sinnúmero de funciones para mantener la homeostasis del cuerpo humano, dentro de las que destacan: inmunidad, termorregulación, acción secretora y excretora, oxigenación y coagulación.
Los leucocitos están divididos en granulocitos y agranulocitos, los primeros son: neutrófilos, eosinófilos y basófilos, mientras que los agranulocitos son los linfocitos y monocitos.
Existen múltiples enfermedades relacionadas con los elementos de la sangre, dentro de las que destacan las anemias (disminución de glóbulos rojos y hemoglobina) y las relacionadas con el aumento de los leucocitos.
La prueba de laboratorio que ayuda en el diagnóstico de las patologías relacionadas a enfermedades de la sangre, es el Hemograma. Este puede ser, automatizado o manual, siempre uno acompañado del otro cuando es necesario, principalmente el frotis sanguíneo, quien ayuda a corroborar los resultados obtenidos en el analizador automatizado.