El lingüista Manuel Casado, académico correspondiente de la Real Academia Española (RAE), recomienda a los jóvenes universitarios plasmar sus ideas por escrito para mejorarlas (2010). En efecto, escribir sobre un tema es el primer paso para comprenderlo realmente. Ya se trate de un trabajo académico, de un plan de negocios, de una nota o de un blog, el orden lógico de las ideas y la precisión y el uso del lenguaje apropiado son indispensables para obtener el propósito que hemos fijado antes de escribir: informar, explicar, convencer, entusiasmar, entre otros. Para lograrlo, es necesario primero tener algo valioso que comunicar.
Precisamente, como afirma Manuel Casado (2010), escribir permite conocer con precisión lo que realmente se piensa, en el desarrollo de ideas y argumentos, su estructuración y congruencia. El filósofo John Henry Newman (1976) lo expuso de un modo muy claro: “Hasta que uno no pone por escrito lo que piensa sobre un tema, no puede distinguir lo que sabe de lo que no sabe” (citado por Casado, 2010, p. 341). Así pues, “se sabe algo cuando se escribe eso que se cree saber, no antes” (2010, p. 70).
En resumen, escribir —argumentar con ideas propias, fruto del propio y humilde esfuerzo reflexivo, para después enriquecerlo con argumentos de autoridad debidamente referidos— permite desarrollar el pensamiento crítico, donde se manifiestan conclusiones personales. Esta actividad “acaba por enriquecer a quienes la siguen con unos hábitos de rigor, de orden y de coherencia que fácilmente echamos de menos en quienes no los poseen” (2010, p. 70). Te invitamos a motivar a tus alumnos a que escriban.