Mi primer contacto con el plastimodelismo fue casual. Tenía apenas 8 o 9 años cuando, al pasar frente a la vidriera de un local de modelismo, quedé completamente fascinado. Recuerdo haber insistido hasta que mis padres me regalaron mis primeros kits: dos Messerschmitt Me 262 en escala 1/144. Poco después llegaría un Supermarine Spitfire 1/72 de Heller (hoy Modelex). Sin saberlo, allí comenzaba una pasión que crecería a la par de otra aún mayor: la aviación.
El modelismo me llevó a interesarme por la historia y, especialmente, por los testimonios de pilotos de combate de la Segunda Guerra Mundial. Libros como El Gran Espectáculo y Fuego del Cielo de Pierre Clostermann, Reach for the Sky sobre Douglas Bader, El primero y el último de Adolf Galland y Piloto de Stuka de Hans-Ulrich Rudel marcaron profundamente mi juventud. Más adelante llegarían los relatos de Malvinas, como Halcones de Malvinas y Dios y los Halcones, ambos de Pablo Carballo.
Impulsado por esa vocación, ingresé al Liceo Aeronáutico Militar con el sueño de convertirme en piloto de combate. Sin embargo, mi miopía —y el requisito de visión 10/10 para ingresar a la Escuela de Aviación— frustró ese objetivo. Con el tiempo comprendí que las perspectivas en la Fuerza Aérea no eran las mejores en aquel contexto, por lo que no viví ese revés con pesar. Aun así, el sueño de volar no quedó atrás: logré convertirme en piloto en el Club de Planeadores Rosario y posteriormente en piloto privado en el Aeroclub Rosario.
El Barón Rojo Hobbies nació a fines de 2006, en un momento de cambio profundo en mi vida. Decidí dejar la empresa familiar vinculada a las aberturas, luego de alcanzar un nivel de saturación en un sector tan complejo como la construcción. Necesitaba un nuevo rumbo.
Mientras evaluaba mis próximos pasos, redescubrí una maqueta olvidada: un Messerschmitt Me 262 1/72 de Revell. Retomar el hobby fue reencontrarme conmigo mismo. Pero al buscar insumos en los comercios de mi ciudad, advertí faltantes importantes y, sobre todo, una atención que no estaba a la altura de lo que el modelista merece.
Así nació la idea: crear una tienda donde se pudiera encontrar todo aquello que a mí me había costado conseguir, y brindar la atención que siempre me hubiera gustado recibir en los históricos locales de Rosario.
El nombre no fue casual. Elegí “El Barón Rojo” en referencia al legendario Manfred Von Richtofen, porque fue mucho más que un as de la aviación: fue un símbolo de una nueva era, la irrupción de la aviación como tecnología transformadora y decisiva. Además, me propuse que el nombre no fuera un vocablo extranjero. “El Barón Rojo” sintetizaba historia, aviación y carácter.
Hoy, camino a cumplir 20 años de trayectoria, hemos atravesado los vaivenes políticos y económicos de nuestro querido país sin perder el rumbo ni la pasión. Y en febrero de 2025 dimos un paso muy especial: reabrimos nuestro local al público, luego de 13 años de modalidad exclusivamente virtual.
Seguimos adelante, con el mismo entusiasmo de aquel niño que quedó maravillado frente a una vidriera, convencido de que los sueños —con perseverancia y pasión— pueden tomar vuelo.
Es Miembro de la SMC CODE
Vivo en la ciudad Rosario de Santa Fe
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