Fuera de las fronteras del Imperio Romano vivían los bárbaros (para los romanos este término significaba extranjero; también tosco, inculto, salvaje):
hunos, en las estepas de Asia
germanos, en el Norte y Este de Europa: organizados en tribus dirigidas por una asamblea de guerreros que elegía al jefe, eran agricultores y ganaderos itinerantes y tenían relaciones con los romanos (unas veces pacíficas y otras violentas, por eso los romanos fortificaron la frontera en el Rin y Danubio).
A partir del siglo III, empezó una profunda crisis en el Imperio Romano: los precios de los productos subieron, el comercio disminuyó y la economía se estancó; a la muerte de un emperador, estallaban guerras civiles entre los ejércitos imperiales partidarios de uno u otro candidato. Aprovechando esta debilidad, algunos pueblos bárbaros cruzaron las fronteras del Imperio.
En el 395 el emperador romano Teodosio dividió el Imperio en dos partes para facilitar su defensa, asignando cada una de ellas a uno de sus hijos:
-Imperio Romano de Occidente, con capital en Roma, para su hijo Honorio.
-Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla, para su hijo Arcadio.
Cada uno de estos territorios tenía, pues, su propio emperador y sus instituciones.
El Imp. Romano de Oriente se mantuvo hasta 1453 y pasó a llamarse Imperio Bizantino.
En el Imp. Romano de Occidente los emperadores eran muy débiles y no pudieron frenar a hunos y germanos. Los hunos, dirigidos por Atila, invadieron violentamente territorio romano en el siglo V pero fueron derrotados en la Batalla de los Campos Cataláunicos (451) y expulsados.
Los germanos, atacados por los hunos, entraron y se asentaron en territorio romano, a veces como aliados a los que -a cambio de tierras y recursos- se les encargaba la defensa de la frontera del Danubio de futuros atacantes. Pero la convivencia entre romanos y germanos era cada vez más difícil y surgieron enfrentamientos.
En el 476 el jefe germano Odoacro destronó al último emperador del Imperio Romano de Occidente, un niño de 10 años llamado Rómulo Augústulo. Así se puso fin al Imperio Romano de Occidente.
Esta fecha, el 476, marca el fin de la Edad Antigua y se considera el comienzo de un nuevo periodo histórico: la Edad Media.