El Imperio Romano de Oriente resistió las invasiones germanas y sobrevivió con el nombre de Imperio Bizantino. Su capital era Constantinopla (primero llamada Bizancio y luego, Estambul) cuya situación estratégica en el Estrecho del Bósforo la convirtió en un lugar de comunicación entre Europa y Asia y entre el Mar Negro y el Mar Mediterráneo.
El Imperio Bizantino alcanzó su mayor esplendor en tiempos del emperador Justiniano, que gobernó junto a su esposa Teodora entre el 527 y 565. Justiniano intentó reconstruir territorialmente el antiguo Imperio Romano y con una serie de campañas militares -dirigidas por el general Belisario- conquistó Italia, el Norte de África y el Sur de la Península Ibérica. Además, fue un periodo de gran prosperidad económica y desarrollo cultural, embelleciéndose la capital con edificios entre los que destaca la basílica de Santa Sofía.
El Imperio Bizantino estaba gobernado por el basileus o emperador, que dirigía el ejército y la administración y era la máxima autoridad religiosa. Sus órdenes se cumplían en todo el Imperio gracias a una red de funcionarios. Había diplomáticos, que mantenían relaciones con otros territorios. Y un poderoso ejército -en el que tuvieron mucha importancia los mercenarios (soldados que luchaban a cambio de dinero)- defendía sus fronteras. Además, se recopiló un código de leyes inspirado en las leyes romanas que estaba vigente en todo el imperio: era el Código de Justiniano.
Pero a partir del siglo VII el Imperio fue perdiendo poder y poco a poco los territorios conquistados les fueron arrebatados por otros pueblos (visigodos, lombardos, árabes, turcos…). En 1453 los turcos conquistaron Constantinopla y pusieron fin al Imperio Bizantino.
En el Imperio Bizantino las ciudades eran importantes: era centros de actividad económica, con mercados y talleres artesanos (producían seda, esmaltes, tapices, orfebrería…). En todo el Imperio tuvo mucha importancia el comercio, al cruzarse rutas comerciales entre Europa y Asia y entre Europa y África. Importaban esclavos, pieles, marfil, perfumes, especias (para condimentar alimentos), piedras preciosas... Pero la economía del Imperio se basaba en la agricultura y la ganadería, con grandes explotaciones agrícolas o latifundios.
La sociedad bizantina tenía una estructura piramidal. Arriba, el basileus, el patriarca de Constantinopla, la nobleza y el clero, que acumulaban poder político, militar, religioso y tierras; por debajo, una gran masa de artesanos, comerciantes, soldados y campesinos libres; en la base de la pirámide, siervos y esclavos que trabajaban para la nobleza y el clero.
En 1054 se produjo el Cisma de Oriente: la separación entre la Iglesia católica romana, que reconocía la autoridad del papa, y la Iglesia bizantina, que reconocía la autoridad del patriarca de Constantinopla. La nueva iglesia cristiana oriental se llamará Iglesia ortodoxa. Los monjes bizantinos evangelizaron a los pueblos del Este de Europa. Por eso los países de esta zona son actualmente ortodoxos.
En el Imperio Bizantino el latín fue sustituido por el griego como idioma oficial.
Los bizantinos edificaron iglesias de planta de cruz griega cubiertas con cúpula, como la basílica de Santa Sofía de Constantinopla. Los interiores estaban ricamente decorados con iconos (representaciones de figuras sagradas -Cristo, Virgen o santos- sobre fondo dorado realizadas normalmente en un soporte de madera), pinturas, esculturas y mosaicos.