En el marco de las invasiones bárbaras, en el año 409 entraron en Hispania suevos, vándalos y alanos. Tras saquearla, se asentaron: los suevos en el noroeste, los vándalos en el sur y los alanos en el centro. Esta situación se mantuvo hasta la llegada de los visigodos.
Los visigodos eran también un pueblo germano, originario de la zona del Sur de Suecia y Polonia, de donde fueron migrando hacia el Mar Negro. Inicialmente enfrentados a los romanos, acabaron entrando en el Imperio Romano en el siglo IV como un pueblo federado o aliado. El emperador romano Honorio firmó con ellos un pacto: si expulsaban a suevos, vándalos y alanos de la Península Ibérica, les daría tierras en la Galia. Así lo hicieron, colaborando con el ejército romano en la pacificación de Hispania. Los vándalos y alanos fueron obligados a instalarse en el Norte de África. Solo los suevos resistieron y formaron un reino independiente en el noroeste.
Los visigodos se instalaron en el sudeste de la Galia, donde crearon un reino con capital en Tolosa. Pero unos años después los francos les derrotaron (batalla de Vouillé, 507) y les expulsaron de la Galia. Entonces los visigodos se establecieron en la Península Ibérica, donde crearon el reino visigodo con capital en Toledo.
El reino visigodo se mantuvo durante los siglos VI y VII. La monarquía era electiva, lo que provocaba muchas luchas por el poder. Para gobernar, el rey se apoyaba en el Aula Regia (consejo del rey formado por los fidelis regis, ligados al rey por un vínculo de fidelidad), los duques y los condes (gobernaban provincias y ciudades); también en los concilios, en los que participaban el rey, el Aula Regia y el clero y donde se tomaban decisiones políticas, legislativas y religiosas.
Entre los reyes visigodos podemos destacar a:
Leovigildo (568-586): derogó la ley que prohibía los matrimonios entre visigodos e hispanos, conquistó el reino suevo y realizó expediciones contra cántabros, vascones y bizantinos (asentados en el sur de la península).
Recaredo (586-601): abandonó el arrianismo y se convirtió al catolicismo, ejemplo que fue seguido por su pueblo.
Recesvinto (653-672): unificó las leyes de godos y romanos en el Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo.
Los visigodos que llegaron a la península (unos 100.000) eran una minoría frente a la población hispanorromana (5 ó 6 millones). Nobles y clérigos eran propietarios de gran parte de las tierras y ocupaban cargos políticos, mientras la mayoría de la población era campesina: unos, libres (propietarios de sus parcelas) y otros, siervos de los nobles o la Iglesia que trabajaban sus tierras.
La economía se ruralizó: muchas ciudades se despoblaron y la población vivía mayoritariamente en el campo dedicada a la agricultura y la ganadería; la artesanía elaboraba productos básicos pero destacó el trabajo del metal. El comercio era escaso pues los latifundios tendían al autoabastecimiento.
Los visigodos construyeron iglesias pequeñas, con arcos de herradura y bóvedas. También fabricaban piezas de orfebrería (con oro, plata, piedras preciosas…), fundamentalmente fíbulas, hebillas, coronas y cruces.
En la segunda mitad del siglo VII hubo duros enfrentamientos entre el rey y los nobles. Esto favoreció la conquista del reino visigodo por los musulmanes en el año 711.