No te apures a capturar hormigas. Primero pensá para qué las querés.
No saques hormigas de sus hormigueros.
No tomes reinas que hayan empezado a enterrarse.
No juntes princesas (aladas). Tal vez no estén fecundadas y las vas a privar de su única función en la vida.
No captures hormigas si tenés dudas sobre si se trata de una reina u otra casta. Llevándote una hormiga no reproductora le arruinás la vida. Además pensá que si todavía no podés reconocer una reina, menos vas a saber cuidarla. No te apures, estudiá y hacé amigos con experiencia que puedan ayudarte.
Sólo recolectá reinas fecundadas que hubieran muerto, por ejemplo, las que caen en piscinas con cloro o en el pavimento, y hacelo con prudencia, siempre pensá que esa hormiga que hubiera muerto probablemente hubiera sido el alimento de otro ser vivo.
No trafiques con hormigas. No envíes ni recibas hormigas si éstas van a terminar viviendo en otro bioma que no sea el suyo. No importa cuánto las cuides, los imprevistos no se pueden prever. Si escapan podrías generar graves daños ecológicos.
No compres y vendas hormigas. Si alimentás el mercado propiciás que vendedores inescrupulosos esquilmen el ambiente. Ya hay casos de especies hormigas que estuvieron en riesgo de desaparecer por el daño que provocó la captura indiscriminada para la venta.
En definitiva, no juntes hormigas al pedo y cuando las captures no las saques de su lugar de origen.