Max Beckmann nació en Leipzig, aunque su infancia transcurrió en Braunchsweig, de donde procedía su familia. Su padre, un próspero comerciante de harina, murió cuando el futuro artista tenía diez años. Ya en la escuela, Beckmann gustaba de dibujar a sus compañeros, y su primer contacto con la tradición pictórica tuvo lugar la temprana edad, cuando pudo estudiar la gran colección de obras de Rembrandt del Herzog-Ulrich-Anton Museum, que cimentó su admiración, nunca interrumpida, por el gran maestro holandés.
Tras un intento fallido de ingresar en la Academia de Bellas Artes de Dresde, en 1900 fue admitido en la de Weimar, donde estudió en el taller de pintura de paisaje dirigido por Carl Frithjof Smith.
El éxito temprano
Gran escena de duelo, 1906 (detalle)
Pintada a preopósito de la viva impresión que le causara la muerte de su madre, en el verano de 1906
Beckmann obtuvo numerosos premios como estudiante en Weimar hasta 1903. Allí conoció a Minna Tube, otra joven estudiante de pintura que, sin embargo, hizo carrera como cantante de ópera y con la que Beckmann se casaría en 1906. Beckmann pasó unos meses en París, donde acudió a la Academia Colarossi, y una breve estancia en Génova le permitió conocer la obra del simbolista suizo Ferdinand Hodler. De vuelta a Alemania, decide instalarse en Berlín en 1904, donde comienza su carrera con éxito nada despreciable: en 1906 dos de sus obras fueron admitidas en la exposición anual de la Secesion berlinesa y Jóvenes a la orilla del mar recibió en Weimar el premio Villa Romana, que llevaba aparejada una estancia de seis meses en Florencia. Beckmann aprovechó su viaje de bodas para viajar de nuevo a París, y, ese mismo año, el impacto que le causó la muerte de su madre le inspiró gran escena de duelo, donde aparecen recursos expresionistas cercanos a la obra de Munch.
Descenso a los infiernos
La noche, 1919
Cézanne, Van Gogh y el maestro noruego eran los pintores modernos a los que Beckmann más admiraba, aunque su obra se centró en grandes escenas religiosas e históricas en un estilo dramático a la manera tardorromántica de Lovis Corinth, como Adán y Eva, La destrucción de Messina o Resurrección, que le valieron el calificativo de "el Delacroix alemán". En 1910, Beckmann es el miembro más joven de la Junta de la Secession berlinesa; sus cuadros se venden bien y su carrera se orienta por derroteros distintos a los de los expresionistas de los grupos Puente y El Jinete Azul. En 1912 mantuvo una célebre polémica con Franz Marc; mientras éste defendía la primacía de los pintores franceses modernos, Beckmann veía a Gauguin, los fauves y Picasso como adalides de una pintura plana y decorativa. Un año después, una retrospectiva organizada en Berlín por Paul Cassirer coincide con la publicación de la primera monografía dedicada a su obra. La Primera Guerra Mundial supone un giro definitivo en lo personal y en lo artístico. Movilizado como enfermero, dibuja y graba en punta seca los horrores de los que es testigo. A finales de 1915, llega a Francfort para recuperarse de una profunda crisis nerviosa, y en los años siguientes, desarrolla en pintura el estilo incisivo de los dibujos de guerra. Su afán de pintar el drama de la existencia humana adopta un lenguaje diferente que culmina en 1919 en La noche: una horrible escena criminal en un espacio atestado de figuras y construido a base de expresivas deformaciones. En esos años realiza importantes series gráficas como Rostros (1918), lnfierno (1919) o Laferia (1922).
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La nueva objetividad
Autoretrato con esmoquin, 1927
La fama de Beckmann culmina a mediados de los años veinte. En 1925 se divorcia de Minna y se casa con Mathilde (Quappi) von Kaulbach. En esa época, G.F. Hartlaub acuña el término Neue Sachlichkeit (Nueva Objetividad) como denominador común de una serie de pintores -Grosz, Dix, Drexel, el propio Beckmann- que, apartándose tanto de la proyección emotiva del yo de los expresionistas como de la especulación abstracta, se centran en el objeto y en la capacidad de la pintura para desentrañar la realidad de su tiempo. Esta tendencia toma carta de naturaleza en la exposición que Hartlaub organiza en Mannheim en 1925, y la obra de Beckmann en la segunda mitad de la década queda ligada a ella, pese a que nunca se sintió parte de grupo alguno. Desde 1925, ejerce como profesor en el Stadelsches Kunstinstitut de Francfort y su obra se expone con frecuencia. En 1926 celebra su primera individual en Nueva York y participa en el Salón de Otoño de París, donde vuelve casi todos los inviernos. Su producción incluye retratos, escenas urbanas y bodegones -además de los autorretratos que salpican toda su producción- en los que se consagra una visión trascendental y amarga de la realidad de su tiempo. La Nationalgalerie de Berlín le dedica una sala permanente en 1932, señalando así el apogeo de su fama. La ascensión del nazismo haría de ese momento un breve espejismo: poco después, la sala de Berlín es clausurada y los museos públicos se desprenden de sus obras. Expulsado de su plaza docente en Francfort, se traslada en 1933 a Berlín, donde su presencia es más discreta. La inclusión de diez de sus pinturas en la tristemente célebre Exposición de Arte Degenerado de 1937 le lleva a exiliarse en Amsterdam. Nunca más volverá a Alemania.
El camino del exilio
Danza apache, 1938
Aunque su lenguaje está ya asentado y no cambiará sustancialmente, en los años treinta aparecen en la obra de Beckmann temas míticos que culminan en la serie de nueve grandes trípticos comenzada en 1932 con La partida. En los años de Amsterdam, pese a las graves penurias, no interrumpe su producción, pero no vuelve a la escena pública hasta después de la Segunda Guerra Mundial. En 1947, ya aquejado de dolencias cardiacas, acepta una oferta de la Universidad Washington, en Saint Louis, y se traslada a Estados Unidos. Allí pasará sus últimos años entre el reconocimiento internacional demorado por el nazismo y la guerra y enseñando en distintas universidades y centros artísticos. En 1950, el mismo año en que recibe el Gran Premio de la Bienal de Venecia, cuyo pabellón alemán se le dedica en exclusiva, muere en Nueva York de un ataque al corazón.