Soluciones

PLANIFICACIÓN
Para la puesta en marcha de proyectos de Construcción Ultra Social hay que localizar países en los que tanto la necesidad de vivienda de bajo costo, como la dificultad de acceso al crédito hipotecario, sean una realidad incuestionable que permitan aprovechar las ventajas de la economía de escala en la compra de materiales y obtención de mano de obra. Igualmente serán prioritarios aquellos países donde sea habitual que el usuario final de la vivienda disponga de terreno propio, o bien sea puesto a su disposición por comunidades rurales o cesión gubernamental




ESTRATEGIA                                                                                                      

Preparar proyectos constructivos de gran volumen que, dependiendo del país, se adapten a la cultura y costumbre locales, al tiempo que se organizan todos los aspectos legales y logísticos, búsqueda de terrenos para construcción de viviendas piloto y lanzamiento de una estrategia adecuada de comunicación. Trabajar con empresas del lugar, llegando a acuerdos de larga duración, será por supuesto parte fundamental en la organización de la estrategia, ya que permite una rápida puesta en marcha a la vez que genera puestos de trabajo entre la población.

RESULTADOS

El mercado mundial del habitat a precio abordable presenta innumerables posibilidades de negocio, un negocio al que se podría calificar de solidario por su doble vertiente de ofrecer tanto beneficios dinerarios como sociales. Por una parte los inversores obtienen altas rentabilidades con un bajo riesgo, y ello a pesar de operar en países que no son considerados estables. Por otra parte la construcción única de viviendas de bajo costo, y de un sistema de financiación exclusivo, permite a la mayor parte de la población llegar a un mercado de difícil acceso en las condiciones actuales.


Sobre la Construcción Ultra Social

   Construir es construir, no hay que darle más vueltas al término, y en lo tocante a construir en el apartado social de lo que se trata es de utilizar los materiales adecuados que se puedan tener a mano y elevar muros que puedan servir de vivienda a familias que, hoy por hoy, no tienen más aspiración que transigir con un régimen de alquiler abusivo. Sin embargo, y esto es aplicable a cualquier país del mundo, parece ser que a la hora de construir resulta fácil olvidar que las personas que pueden necesitar esa vivienda se van a hipotecar para una gran parte de su vida debido al precio de la misma, que empieza a adquirir rango de estafa cuando sobrepasa con creces el valor real de construcción, llegando mucho más allá de lo que podrían ser considerados beneficios honestos.

La construcción social, por mucho que se la quiera vestir de formula que se acerca al ciudadano de a pie, no deja de ser una quimera cuando encontramos, no importa dónde, viviendas cuyos precios de venta no han tenido en cuenta para nada la potencialidad de compra de los auténticos destinatarios de ese tipo de construcción, es decir, la población menos favorecida. Para colmo, esta población, perteneciente en su mayoría a un sector informal, se mantiene al margen de la posible integración en la rueda de los bancos y los créditos hipotecarios debido a que, normalmente, la lista de exigencias documentales para su concesión es tan extensa que viene a resultar un objetivo inalcanzable.

Por su parte, gobiernos de todo el mundo aspiran a ofrecer a sus ciudadanos viviendas sociales que les permitan ganar simpatías al cumplir con lo habitualmente prometido en campaña electoral, y algunos incluso lo hacen guiados por la buena voluntad y creyendo que eso es lo que se tiene que hacer, pero lamentablemente a veces los deseos chocan con las realidades en unos casos, y con la falta de imaginación e iniciativa en otros, por lo que al final las promesas quedan en eso, en promesas incumplidas que no van a ninguna parte.

Debido a estos planteamientos, que pueden ser matizados pero difícilmente discutidos, es por lo que conviene analizar otro tipo de sistema que permita a los ciudadanos acceder a una vivienda digna y verdaderamente accesible. Se hace necesario pues, poner a disposición de la población métodos basados en la realidad social para que el acceso a la vivienda sea algo elegible, pero nunca inalcanzable. Llegados a este punto hemos de ser capaces de entender que, si ni siquiera se puede tener acceso normalizado a la construcción social, habrá que jugar con la ingeniería y la técnica arquitectónica para reducir costos aumentando la seguridad estructural, habrá que reducir detalles de segunda obra que encarecen para centrarse en dar metros de techo, habrá que diseñar operativas de trabajo para que la velocidad de ejecución impacte directamente en el costo de la mano de obra, habrá que ofrecer una manera de pagar que permita al constructor construir y al cliente comprar, en resumen, habrá que ir más allá del umbral de lo social hasta alcanzar el nuevo concepto de lo que es la Construcción Ultra Social.

El objetivo es alcanzar precios mínimos de construcción, porque así también tendremos precios mínimos de venta, lo que redundará en cuotas mensuales menores y accesibles a todos los bolsillos. Está claro que el aplazamiento de pago lleva implícito el cobro de intereses, como no podría ser de otra manera, pero es que es esta la segunda facultad de la Construcción Ultra Social, que las viviendas se puedan pagar fácilmente y sin necesidad imperiosa de pasar por el banco, una auténtica misión imposible para las personas no bancables, de ahí que el pago de intereses se convierta en pilar fundamental en el sostenimiento de un fondo rotativo que retroalimente sistemáticamente el proceso constructivo de principio a fin.

De ninguna manera se puede dejar de lado la inevitable, necesaria y estimable colaboración de los Gobiernos, y de un sin fin de instituciones relacionadas, en el camino a la normalización  del habitat abordable global, pero se ha de exigir que dicha colaboración pase por un importante cambio de criterio a la hora de valorar los proyectos de construcción. El primero de esos cambios, y tal vez fundamental, es el de la puesta a disposición de los proyectos del terreno necesario para su ejecución, cediéndolo a la ciudadanía, aunque sea a un precio testimonial, y facilitando la urbanización primaria (si es que no se puede más) de esos terrenos para que sean mínimamente accesibles. Otro cambio imprescindible es la colaboración de los servicios técnicos estatales, aportando sus conocimientos para avanzar en lugar de poner más piedras en el camino y facilitando las autorizaciones para que éstas no se conviertan en un verdadero obstáculo burocrático. La eliminación o reducción considerable de las tasas arancelarias cuando sea necesaria la importación de materiales o maquinaria de construcción y la vigilancia de que esto sea así, no permitiendo que las mafias portuarias impidan el progreso de muchos en beneficio de unos pocos. Y, por supuesto, no dando pie a la corrupción que se genera siempre en torno a proyectos de construcción sociales, porque si ya de por sí la corrupción es una lacra para la evolución de los pueblos, mucho más lo es cuando el beneficio obtenido con ella proviene de los más desfavorecidos.

En resumidas cuentas, el concepto de Construcción Ultra Social viene a insistir en que se pueden afrontar proyectos sistemáticamente en cualquier país del mundo con la sola financiación de la población más desfavorecida, bastará para ello que todos nos mentalicemos de que el dinero está en los bolsillos de la ciudadanía si se cumplen tres premisas fundamentales: acceso al suelo, precios reales de construcción y forma de pago adaptada al estrato social que nos ocupa. No es tan difícil pues atacar estos proyectos y comenzar a ser eficaces de una vez por todas, bastará con dejar aparcadas la desidia, la inutilidad manifiesta, la falta de imaginación, la inoperancia y la avaricia para dejar paso a las esperanzas ahora inalcanzables de cientos y cientos de millones de personas.


Negocio en la Construcción Ultra Social

  
Generalmente, el concepto del habitat social no es muy tenido en cuenta por inversionistas o empresas al creer que, de no venir financiado por Gobiernos o instituciones internacionales, la población destinataria de este tipo de construcción carece de posibles para pagar, al tiempo que el margen de beneficio no es tan considerable como en otro tipo de obra de mayor nivel. Esto en parte es cierto y ajustado a razón, porque los precios que se barajan hasta ahora quedan lejos del posible comprador, quien habitualmente deja en manos de entidades estatales o paraestatales la promoción de proyectos inmobiliarios accesibles. Y también es cierto que los márgenes de beneficio no son perceptibles a no ser que el volumen de construcción no sea verdaderamente de mayor cuantía.

Sin embargo, no deja de ser una paradoja que en la realidad no existan proyectos de construcción social inmensos cuando la demanda global de este tipo de viviendas excede ampliamente los 500 millones de unidades. El volumen de negocio que se puede generar con la construcción en el ámbito de lo social es gigantesco, pudiendo llevar a beneficios incalculables a inversores y a una línea de producción interminable a empresas del ramo, bastaría con tener en cuenta que hablamos de viviendas de muy fácil y rápida ejecución, lo que compatibilizaría automáticamente el hecho de que el margen de beneficio unitario no sea excesivamente importante.

El concepto de Construcción Ultra Social incide en que hay un nicho de mercado prácticamente inexplorado el cual, si se afrontase a gran escala, llegaría a modificar la visión que actualmente se tiene de los mercados de valores intangibles para dar paso a valores tangibles, tanto como lo pueda ser una casa multiplicada por cientos de millones. Invertir en el ladrillo de prestigio siempre ha sido una buena oportunidad de negocio, de eso no hay duda pese a las hipotecas basura y las burbujas inmobiliarias cíclicas, pero no ver la oportunidad que se esconde tras los aspirantes no bancables del mundo a una vivienda de bajo costo sería como dejar que nos árboles nos impidieran ver el bosque.

Hay millones de personas en el mundo que quieren una vivienda abordable, pero abordable de verdad, que al tiempo que la pagan puedan también vivir. Y si esto es así, y se les dan opciones viables de pago, se convierten en una masa enorme de compradores que ahora nadie parece tener en cuenta. Los inversores puros tienen pues así una magnífica vía de aumentar su capital, ya que el riesgo no se corresponde con los posibles beneficios devengados por el cobro de intereses asignados al pago aplazado. Y las empresas de construcción, que actualmente no andan precisamente colapsadas de trabajo, podrían darse a la tarea en la seguridad de que los pequeños márgenes son respaldados por los grandes volúmenes. 

Todo esto sin olvidar por supuesto que, como parte del negocio, hay que tener en cuenta los beneficios sociales que los proyectos de Construcción Ultra Social aportan a la imagen  de inversores y empresas. Y naturalmente el beneficio que supone para los propios compradores y sus países, aunque este beneficio debamos inscribirlo en el apunte contable de la solidaridad.

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