"Oh Frankenstein, no seáis ecuánime con todos los demás y os ensañéis solo conmigo"
El cuerpo muestra al hombre su propia contingencia: es su debilidad. Las pasiones hunden al individuo en la naturaleza y lo muestran como un ser insignificante que, encerrado en una cárcel que es su propia corporalidad, cae en todo tipo de tentaciones para sufrimiento de su alma. Y si hay alguien condenado por la corporalidad esa es la mujer.
Era una sociedad en la que las mujeres de las clases altas habían ido conquistando el ámbito cultural y las clases proletarias estaban incorporándose al mercado laboral. La llegada de la Revolución Industrial redujo drásticamente la necesidad de mano de obra y muchas de esas mujeres se vieron obligadas a practicar la prostitución lo que, por ende, aumentó la transmisión de enfermedades venéreas. La mujer también se vio relegada del ámbito cultural para dedicarse a su papel de entregada madre y esposa.
Elsa Lanchester y Boris Karloff en la pelicula La novia de Frankenstein(1935)
Imagen de la película La novia de Frankenstein, 1935
Los autores de finales del siglo XIX consideran que, a diferencia del hombre, en la mujer todo es cuerpo, todo pasión, todo está contaminado por la carne y es capaz de llevar a los hombres a la perdición. Aunque sus orígenes se remonten a Eva, se encuentra aquí el momento de expansión de la figura de la femme fatale. La imagen de la mujer se polariza entre la virginal María y la lujuriosa autómata, vampira, etc. Frente a la mujer que es sólo cuerpo, sólo se puede reivindicar a la que es sólo espíritu, la virgen.
Tendrá que ser la mujer la que poco a poco vuelva a recuperar parte de su identidad. La mujer como cuerpo, y por tanto objeto, se ve determinada por el hecho de que quien escribe suele ser un hombre que objetiva sin dificultades. La mirada que objetiva a menudo es la que tiene el poder de constituir la identidad y eso plantea problemas. Así, las mujeres femme fatale son la consecuencia de la objetivación de los cuerpos y, por tanto, de una visión degradada, negativa y amenazadora que llega hasta nuestros días.
Mary Shelley y su criatura abrieron la puerta para mostrar la pujanza crítica que posee la literatura fantástica para diagnosticar y señalar los problemas a los que se enfrenta la sociedad.
Retrato de Mary Shelley (Richard Rothwell, 1840)