Introducción
El valor del servicio habla de nuestro sentido de colaboración para con los demás. Una persona servicial es constante en la ayuda a los demás y lo hace desde cualquier ambiente en donde se desenvuelve, no necesita de nada a cambio de servir a los demás.
Servir es aprender a interpretar las necesidades de los demás, y ayudar no solo por un momento sino para un cambio significativo en la vida de la persona que lo necesite. Aunque se hace sin esperar nada a cambio se mantiene la esperanza de que otros, al aprender el significado de este valor, también estén prestos a ayudar.
¿En qué consiste el servicio para nosotros?
Uno de los valores ejes del colegio María Alvarado es el servicio. La definición de este valor para nuestra institución esta basado en los orígenes del movimiento metodista, donde se resalta el compromiso social promovido por los hermanos John y Carlos Wesley, iniciadores del movimiento metodista. Ellos habían comprendido que uno de los aspectos de la vida de un verdadero creyente era el de ayudar a los más necesitados (prisioneros, niños mineros, trabajadores pobres de fábricas y talleres) a quienes sirvieron ayudándoles con alimentos, abrigo, educación, cuidado médico, y enseñándoles a otros que hagan lo mismo. Las acciones de estos dos jóvenes cambiaron el destino de una nación, pero cuyo trabajo inicio desde algo tan esencial con el de pensar en las necesidades del otro y acudir con ayuda sin esperar nada a cambio. Más adelante, la historia daría cuenta de que los resultados de este trabajo dieron sus frutos no solo en Inglaterra sino también en el mundo entero.
En la Biblia encontramos algunos ejemplos significativos sobre el servicio que brindaron algunos personajes conocidos, asimismo, nuestro Señor Jesucristo es un ejemplo de servicio por excelencia.
A continuación, desarrollaremos la historia personas anónimas que se encuentran en la Biblia, personas que prestaron servicio en los momentos más difíciles a otros que necesitaban de ayuda. Los nombres de estos personajes no están registrados en la Biblia, pero sus acciones hablan por ellos y han tenido gran impacto en la vida de las personas de su entorno y han dejado huella en la historia.
“Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero ¿qué es esto para tantos?”
Juan 6:9
En un lugar donde había una multitud de cinco mil personas con hambre, seguramente cinco panes y dos pescados no significaban nada, pero la actitud de aquel niño frente a la necesidad de una multitud, significo mucho para Jesús.
La historia dice que el muchacho tenia panes de cebada, en aquellos tiempos lo común entre la gente era el pan de trigo, pero el pan de cebada era el más barato y solo servía de alimento a los más pobres. Este pequeño se desprendió de todo lo que tenía para compartir con los más necesitados, no fue así con los discípulos que primero se sentaron a sacar cuentas antes de poder ayudar a los demás.
La acción de un niño que decidió compartir con todos (hombres, mujeres y niños) hizo que muchos de los que estaban ahí también hicieran lo mismo, dar lo que tenían los unos con los otros. No fue un milagro sobre natural, fue la acción de un pequeño muchacho género un milagro a través de la acción humana. Jesús tomo los alimentos para bendecirlos y compartir el mensaje a través de acciones concretas. La historia dice que aquel día recogieron 12 canastas de los pedazos sobrantes, muchos entendieron el mensaje y compartieron lo que tenían consigo hasta que sobreabunde.
El Señor no desprecia una actitud de servicio, él va a tomar lo que tenemos para dar a otros y lo bendecirá, de esa manera hace que el servicio que brindamos sea una bendición para otros. La acción de este niño quedo registrado en las Escrituras como testimonio para las naciones, hoy estamos llamados a hacer lo mismo con los que nos rodean.
“Naamán, general del ejército del rey de Siria, era un hombre que gozaba de gran prestigio delante de su Señor, quien lo tenía en alta estima, pues por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este un hombre valeroso en extremo, pero leproso. De Siria habían salido bandas armadas que se llevaron cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual se quedó al servicio de la mujer de Naamán. Esta dijo a su señora: - si rogara mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.”
2 Reyes 5:1-3
En esta ocasión no nos centraremos en el prestigioso, estimado y valeroso gran general Naamán, nos centraremos en un personaje totalmente opuesto, la joven cautiva, una muchacha que posiblemente había perdido a toda su familia para ser llevada como prisionera a otro lugar y designada a servir a la mujer de quien la tomo como prisionera.
Muchos en su situación, no habrían tenido el deseo de ayudar a su captor, pero ella nos enseña a no anteponer los sentimientos negativos frente al sufrimiento y la necesidad del otro. No importa cuan poderoso sea, no importa cuanto tenga, no importa lo que haya hecho, solo Dios es quien ha de juzgarlo. Aquí lo que viene al caso es que era un hombre que sufría a causa de una enfermedad, esta muchacha vio la condición de su amo, no fue indiferente al dolor y sufrimiento que tenía ese hombre, ese ser humano.
Naamán lo tenía todo, reconocimiento, fama, fuerza y poder, mientras que la muchacha posiblemente lo había perdido todo más no su fe en el Dios de su pueblo. Ella sabía lo que Dios podía hacer a través del profeta Eliseo, y frente a una situación de sufrimiento ella no dudo en recomendarle que vaya a ver al profeta confiando en que, con toda seguridad, su amo sanaría.
Muchas veces creemos que nuestras acciones no tendrán efecto alguno en otros, pero esta joven nos enseña de que, si las hacemos con convicción y plena confianza, veremos lo resultados a gran escala, Dios no nos fallará, el responderá a nuestra fe. Ciertamente lo que dijo ella se cumplió, un hombre fue sanado y reconoció que fue Dios quien obro en su vida “ahora conozco que no hay otros Dios en toda la tierra, sino en Israel” (v.15b).
“Él dijo: Id a la ciudad, a cierto hombre, y decidle: ´El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebrare la Pascua con mis discípulos´”.
Mateo 26:18
Hubo una vez cierto hombre que cedió un espacio de su casa para que en ella se diera un acontecimiento único e importante para la historia del cristianismo. En esta ocasión, el nombre de este personaje también es omitido, pero sus acciones hablan por él. Algunos dicen que es muy probable que se haya tratado de un discípulo, no como los doce, pero si uno de los muchos discípulos que tenía Jesús, ya que la frase “el Maestro te manda a decir” le era muy familiar. Este hombre cedió y preparó un lugar para las actividades del Maestro, un lugar que el evangelio de Marcos refiere como “el aposento alto”, una sala espaciosa en la parte alta de una casa.
La actitud de este hombre nos enseña que podemos servir a Dios con nuestros bienes, si tenemos algo o algún espacio podemos compartir con otros tiempo y espacio para generar encuentros que jamás se olvidaran. Serán momentos para fortalecer relaciones, para unir familias, para reconciliarse, para crear amistades, etc., de esa manera estaremos compartiendo la alegría y abundancia que se sintió y vivió en la mesa del Señor.
Tú puedes marcar la diferencia brindando o generando espacios para encuentros y acontecimientos únicos, escucha lo que Dios quiere decirte y prepárate para servir y ser parte de la mesa del Señor. Cierto hombre hizo posible la celebración de la cena del Señor en pascua, una celebración que hasta nuestros días es celebrado y recordado.
En el ámbito de los valores humanos, se conoce como Servicio a la cualidad, capacidad e intención permanente que tiene un ser humano de ayudar, consolar y ver felices a sus semejantes, sean conocidos o no.
El valor del servicio se encuentra estrechamente ligado a otros valores como la espontaneidad, la empatía, la solidaridad, la devoción, el sacrificio y el amor. Una persona servicial será aquella que siempre está alerta a las necesidades de los otros, sin que nadie se lo pida. Así mismo, se destacará por ser una persona receptiva, con la que se podrá contar siempre, pues está dispuesta la mayor parte del tiempo a ayudar desinteresadamente a otros. Dentro de esta categoría, resaltan casi siempre personas ligadas a los servicios de salud, de rescate, de congregaciones religiosas, pues su misma naturaleza las lleva a buscar profesiones con vocación de servicio. Sin embargo, cualquier persona en el mundo puede poner en práctica el valor del servicio, estando atenta a las necesidades de sus familiares, compañeros de trabajo y conciudadanos, sabiendo además que si otros siguen su ejemplo se podrá crear una red de solidaridad, que beneficie a todos.
En cuanto al impacto individual que puede tener el servicio como un valor incluido en el esquema de pensamiento y acción, la Psicología ha señalado que, en la medida en que una persona sea servicial, generará en su entorno primeramente un ambiente de agradecimiento y colaboración, donde otros se sentirán impulsados a seguir su ejemplo, o al menos a devolver los favores de los cuales se han beneficiado. Así mismo, una persona servicial conseguirá en el tiempo una red de relaciones interpersonales, basadas en la amistad, la empatía, la solidaridad y el amor, que se traducirán en satisfacciones y afecto. Por último, en sintonía con su naturaleza al poder servir a los otros, se encaminará a la felicidad, la alegría y el éxito. Por otro lado, en un sentido mucho más amplio, los psicólogos han señalado que el valor del Servicio también produce un efecto social importante, pues una sociedad que cuente con miembros serviciales será una comunidad humana que establezca dinámicas de cooperación, solidaridad y altruismo, donde todos se cuiden y velen por el bienestar de otros. De esta forma, un grupo humano donde el servicio sea uno de los valores fundamentales, será un colectivo que marche unido hacia la productividad, el bienestar y el éxito.