Las líneas educativas básicas son los principios que permiten conectar las prácticas educativas con el modelo de persona.
Se han definido los siguientes:
Cada persona desarrolla sus propias metas en las diferentes etapas educativas, incrementando el conocimiento de sí mismo, la capacidad de decisión, la libertad, la conciencia personal, la autonomía sobre su proceso de aprendizaje y una mayor motivación.
Las experiencias que se viven en la escuela promueven que el alumnado se responsabilice y se comprometa de forma activa en su crecimiento.
El alumnado es acompañado por los educadores para que se conozca a sí mismo, descubra cómo son sus relaciones con los demás y con el entorno, y busque el máximo desarrollo de sus competencias y capacidades de acuerdo con el modelo de persona.
Los educadores son referente, apoyo y contraste. Teniendo en cuenta las necesidades personales de cada uno, orientan y ponen a su disposición los recursos más apropiados que les ayuden en la construcción de su persona.
Los alumnos se acompañan entre sí haciéndose responsables del crecimiento mutuo.
Se da a lo largo de toda la vida escolar del alumnado, tiene en cuenta su momento evolutivo y busca su desarrollo integral.
Los educadores, trabajando en equipo, diseñan y despliegan experiencias de aprendizaje significativas que tienen como horizonte el modelo de persona. Incorporan las mejores estrategias, dan las herramientas necesarias al alumnado y son responsables de crear las experiencias óptimas para desarrollar al máximo el potencial de cada uno.
Aseguran la presencia, participación y aprendizaje de todo el alumnado sea cual sea su condición personal, social o cultural.
Las experiencias educativas provocan aprendizajes significativos para el alumnado que responden a sus intereses y desafían sus capacidades.
Están conectados con la realidad que vive el alumnado, son aplicables a su vida, propician la reflexión sobre uno mismo, sus relaciones sobre las necesidades del entorno próximo y de la realidad global del mundo, contribuyendo a su mejora.
Todo lo que ocurre en la escuela es oportunidad de aprendizaje y todas las experiencias que se viven en ella ayudan al alumnado a ser autónomo, creativo y comprometido.
Las actividades de educación no formal (actividades extraescolares, pastorales, deportivas, recreo, comedor, tiempo libre, …) desarrollan y complementan, desde su ámbito concreto, los rasgos del modelo de persona y tendrán el marco educativo de referencia.
Es una herramienta para el aprendizaje y el crecimiento personal. Ayuda al alumnado a reconocer sus fortalezas y aspectos de mejora para así poder tomar decisiones y desarrollar al máximo sus capacidades, lo que le motiva para seguir avanzando.
Es un proceso participado en el que alumnado, profesorado, familias y otros profesionales educativos crean un ambiente de aprendizaje positivo que apoya el desarrollo de todo el alumnado.
El clima cercano, alegre y de confianza que se vive en nuestros colegios facilita la construcción de relaciones que ayudan a crecer. Están basadas en el respeto, la honestidad y la libertad. En este sentido, ofrecemos contextos colaborativos que desarrollan en el alumnado habilidades sociales y el descubrimiento de que junto con sus compañeros aprenden mejor.
Este ambiente favorece la participación activa del alumnado en la vida del colegio y la implicación de todas las personas siendo una comunidad educativa que se relaciona y aprende.
Familia y educadores nos comprometemos juntos a trabajar en educar a la persona en los rasgos del modelo de persona compartido.
Construimos relaciones de colaboración y confianza, basadas en una visión compartida del proyecto educativo. Favorecemos su presencia y participación en el colegio a lo largo de su vida escolar.
El alumnado construye a lo largo de sus años en la escuela un proyecto personal que le lleva a una vida plena, con sentido y le compromete con la construcción de un mundo más humano.
Las experiencias del alumnado adquieren sentido a través del cultivo de su mundo interior, del silencio como lugar de encuentro con uno mismo, con su propia historia, con sus preguntas, lo que favorece la integración emocional, el crecimiento de su dimensión espiritual y una opción personal de fe. Como consecuencia de esto, la dimensión evangelizadora está integrada en nuestro marco educativo.
La tecnología es un medio al servicio del proyecto educativo. Los educadores reflexionan y planifican su uso teniendo en cuenta las características del alumnado en cada etapa.
Facilita el acceso a los contenidos, estrategias y metodologías más adecuadas para el aprendizaje y su vida.
El alumnado aprende a hacer un uso adecuado, creativo y saludable de la tecnología presente en su vida para ser ciudadanos con responsabilidad, valores y ética en un mundo digital.
Todo tiempo y espacio son oportunidad y lugar de aprendizaje. Los recursos y la organización están al servicio del marco educativo y de la experiencia de aprendizaje del alumnado.
Se cuida la belleza, la armonía, la estética y el fin educativo de los espacios. La organización de los tiempos, los espacios, las personas… Es flexible y dinámica.
La priorización y secuenciación del currículum son fruto de un proceso reflexionado y planificado en equipo, coherente con el contexto que van a vivir los alumnos y que contribuye al desarrollo del modelo de persona. Es un medio para un aprendizaje significativo y no un fin en sí mismo.
Más allá de la dimensión práctica y utilitarista de los contenidos se busca un desarrollo armónico que proporcionan todas las áreas cuando se integran entre sí y con el modelo de persona que deseamos educar.