Al margen de su clasificación, lo cierto es que la “chilena” es el baile por excelencia característico de la región, y es un derivado de la Cueca con antecedentes de la Zamacueca.
Algunos folcloristas al referirse a los sones de esta región los denominan "Sones Guerrerenses".
A grandes rasgos, la chilena relata —por medio del canto y el baile— las fases de un cortejo amoroso. Inicia con un ritmo acompasado, luego se cantan coplas regionales, después el ritmo se acelera mientras el galán intenta alcanzar a la dama (la cual se escabulle con ligeros pasos mientras agita un pañuelo).
Los bailarines muestran su habilidad con sonoros taconeos que se conocen como “tarimero”.
La instrumentación típica de las chilenas está formada por arpa, violín, jarana, bajo sexto y requinto. Entre las más conocidas se encuentran El charco choco, La yerbabuena, Acapulqueña, El toro rabón, Atolito con el dedo, La Cirila, La sanmarqueña y El gallo plateado, muchas de las cuales son de la autoría de Álvaro Carrillo (1919-1969), famoso compositor nacido en Oaxaca y autodeclarado guerrerense.
La Costa Chica es una región que comprende parte del territorio de los estados de Guerrero y Oaxaca, en México, y allí se hace referencia al traje de la “chilena” como típico representativo, que se caracteriza por tener el cuello cerrado, bello encaje, mangas hasta la altura de los codos, largo y amplio vuelo, con franjas anchas en toda su contextura, que le distingue de los demás por estar compuesto de grecas y otras figuras de color.