Las tradiciones de los aymaras
Mora Federica, Omerini Anita, Soso Marianna
Mora Federica, Omerini Anita, Soso Marianna
Cada montaña, cada pico tiene un nombre local que, aún hoy, se invoca para proteger la zona.
También había deidades malignas (conocidas como Anchanchu o Saxra) que habitaban el subsuelo, y también se rendía culto a deidades menores (llamadas Phuju) que habitaban en las fuentes de agua.
Los diversos pueblos pertenecientes a los aymaras veneraban numerosas divinidades locales así como cultos, muy extendidos por todo el territorio andino, vinculados a la agricultura y al culto a los muertos.
El culto a los muertos se concretó en el mundo aymara con la construcción de las chullpas, tumbas-templos cuyo tamaño era proporcional a la importancia del difunto durante su vida terrenal. Las chullpas más importantes son las de Sillustani y Cutimbo, cerca de Puno (Perú).
Las deidades locales eran a menudo montañas protectoras (llamadas Awki o Achachila).
Existe un estrecho vínculo entre la religiosidad aymara y la medicina tradicional. Esto, ligado a la naturaleza ya las invocaciones divinas, es practicado por los yatiris (sabios).
Tradicionalmente el pueblo Kallawaya, que habita la cordillera Charazani en Bolivia, es a quien pertenecen los yatiris más famosos.
Inmediatamente después de la colonización, las autoridades religiosas y políticas españolas obligaron a los aymaras a convertirse y destruyeron iconos, templos y chullpas.
Una parte no minoritaria de la Iglesia Católica asintió de este comportamiento al punto que jesuitas y franciscanos evangelizaron a los aymaras sin obligarlos a repudiar su religión tradicional y en ocasiones cristianizando a las divinidades tradicionales.
Por ejemplo Thumpa fue transformado en Apu Qullana Awki (creador del mundo) y venerado como Dios, por el cristianismo, y la Pachamama fue venerada como la Virgen María.
Desde el nacimiento de las repúblicas andinas hasta mediados del siglo XX, el sincretismo religioso se practicaba en la clandestinidad.
Hoy en día es común que se ofrezca ch'alla la Pachamama durante las fiestas católicas.
Las iglesias protestantes, en cambio, no ven con buenos ojos el sincretismo religioso y, por ello, han prohibido a los creyentes recurrir a la medicina tradicional.
Un aspecto interesante de esta mezcla entre religiosidad tradicional y cristiana radica en que los campesinos aymaras no le dan mucha importancia a la Navidad, quienes viven mucho más intensamente el carnaval, un período de florecimiento.
En las ciudades, la situación cambia a medida que se sienten menos las tradiciones agrícolas.
Actualmente para la cultura aymaras la música se mantiene mucho, como en el pasado, en los ámbitos sagrados y profanos.
Se utilizan instrumentos propios de la cultura andina como sikuris, lakitas y tambores que se han mantenido hasta hoy y a los que también se han incorporado los instrumentos europeos como: arpa y charango.
Todos estos instrumentos son tocados en particular durante la celebración de Carnaval, la música se escucha durante cuatros días y sus noches y los instrumentos más usados son los pinquillos y bandolas de dieciséis cuerdas.
El acompañamiento de estos instrumentos está formado por coplas que cantan y son coreadas por todos los presentes.
En Carnaval el pueblo de aymaras se divide en dos mitades de arriba y abajo que compiten para ver qué sector canta mejor, sin parar y más fuerte.
En la cultura musical de los aymaras muchos cantos son dedicados también a animales como los llamas y los alpacas que son fundamentales para la subsistencia del pueblo en el altiplano.
Los cantos para los animales y para los aymaras son como una declaración poética de lo que la población siente por ellos.