Es el árbol representativo de la dehesa extremeña.
En Extremadura el espacio que ocupan las quercíneas es aproximadamente un 30% del total de la superficie regional.
La encina aparece en zonas de clima mediterráneo, con inviernos moderadamente húmedos y veranos muy calurosos y secos.
La encina es capaz de soportar condiciones de sequedad casi extrema, y tolera temperaturas igualmente extremas.
La poda puede realizarse para dar la forma adecuada al árbol o mantener la ya lograda (poda de formación), incrementar o mantener la producción de bellota (poda de mantenimiento), producir leña y ramón para el ganado (poda de producción) o reconstituir el follaje de árboles decrépitos (poda de rejuvenecimiento).
Sus raíces contribuyen a conservar el suelo y reducen los efectos de la erosión del mismo. La red radicular de la encina establece simbiosis con diferentes hongos, algunos tan valiosos como las trufas.
En sus ramas nidifican gran número de aves como cigüeñas, rabilargos y urracas, y los huecos de su tronco y ramas principales cobijan a pequeños mamíferos como jinetas o lirones. Su follaje también frena la fuerza de las precipitaciones y ofrece sombra que evita la excesiva evaporación de la humedad del suelo. Además, animales salvajes, como jabalíes y ciervos, y ganados domésticos como cerdos, ovejas, cabras y vacas hallan refugio bajo sus copas frente a las inclemencias meteorológicas.
Sus frutos, las bellotas, son fuente de alimento para los animales que habitan en el ecosistema de la dehesa y, antiguamente, también fueron el sustento básico de las personas en épocas de carestía.
De igual modo, nos proporciona leña y una madera muy resistente.
ZARZA DE MONTÁNCHEZ
Edad aproximada 800 años
TORRE DE SANTA MARÍA
Edad aproximada 500 años
VALDEFUENTES
Edad aproximada 500 años