El río Búrdalo es un afluente de la margen derecha del Guadiana. Nace en el centro de Extremadura, en las estribaciones montañosas del término municipal de Santa Cruz de la Sierra (Cáceres), y desemboca en las Vegas Altas del río Guadiana, en el lugar conocido como El Empajadillo y Torrecaños, en el municipio de Guareña (Badajoz).
A lo largo de sus 64 kms de longitud, el Búrdalo discurre por otras localidades como Abertura,Villamesías, Escurial, Almoharín, Miajadas, las pedanías de Conquista del Guadiana y Valdehornillos (Don Benito), Santa Amalia y la pedanía de Torrefresneda (Guareña).
Este río, de naturaleza pluvial, ha experimentado históricamente grandes crecidas -durante la otoñada y el invierno- y el estiaje en los meses de verano. Sin embargo, desde la década de los 60 del pasado siglo XX, sus tramos medio y bajo mantienen el caudal durante el período estival.
Esto es debido a los aportes artificiales de la agricultura de regadío, ya que el sobrante del agua de las parcelas se vierte a su cauce a través de los desagües.
Además, en el curso medio, entre Escurial y Almoharín, se construyó en 2010 una presa para embalsar el agua del río Búrdalo y el arroyo Burdalillo en la confluencia de ambas corrientes de agua.
Si el Duero fue cantado por Antonio Machado y Gerardo Diego; si Alberto Caeiro ensalzó al Tajo; si Jesús Delgado Valhondo y Manuel Pacheco elogiaron al Guadiana, el río Búrdalo también tiene quienes lo admiran y reconocen en él un valor que los últimos tiempos parecen haber enfangado.
Volver a dar luz a su nombre, recuperar el brillo cristalino de sus aguas y observar de nuevo los destellos de sus arenas de plata y oro es el reto que nos hemos marcado quienes participamos en este proyecto.
BÚRDALU
Brota el Búrdalu com´un regachinu
vástagu delos cielus i la sierra;
engendrau con llantina de lucerus
i paríu entre suoris pola tierra.
El´arroyu chiquininu ansía sel ríu
pa dil-mus qu´es el amu dela jesa.
Por essu, hazi el chiriveji ruíu,
brincandu com´un chivi entre las pieras.
Mas solu consigui, d´agua hech´un críu:
gorgoreal ala Luna i las estrellas;
cual hilu líquiu enrollal-si nun líu
i pintal de color verdi las yerbas.
Calmau su impulsu, reposa i recuerda
oficius qu´antañu hizu él mesmu:
Quandu hué molineru ena ribera
i triturava ena muela el centenu
que´l probi arrancava al´estéril tierra;
o trocava el trigu en frol de harina,
mutá en pan morenu en hornus de leña.
I quandu hué sufríu artolanu,
i drentu delos surcus la su sangri vertía
pa crial verduras que, por quatru perras,
en praças d´abastus pregonás vendía.
Hué pastor estanti i dela Mesta;
mayoral de vacas bravas i ovejas.
Hué, ala sombra del cañaveral,
tocaor de rabel, campanus i esquilas;
i tendíu so la grama entre junqueras,
cantor dela Cañá Real Leonesa.
Tó quea en recuerdus, viejas vivencias.
Mientras, s´ahoga su alma ena tristeza,
sumía en pozas d´oscura pena;
pós su agua, endenantis cristalina,
chorrea agora heyonda i macilenta.
Ya n´oyi el cantal delas lavanderas
que, hincás de roíllas, batían sus vidrius
refregandu la ropa enas paneras
entre bayuncus, junquinus i lirius.
De laval a Periquitu el pañuelu
l´ofrecimientu tapocu suena.
Retumba, si acasu, nun negru sueñu
el ecu de sus síes drentu dela cueva.
Chopus, álamus i fresnus le preguntan,
quién l´arrebató su antigua grandeza.
I el ríu, con tímiu rumor, contesta
que hué el ombri indolenti i la su insolencia.
El cansau Búrdalu, ancianu en leguas,
en plena vega se vierti en Guadiana.
Dolíus por sus lágrimas le consuelan
ninfas d´oru i pececinus de prata.
Eduardo Moreno García
BÚRDALO
Brota el Búrdalo como un regachino
vástago de los cielos y la sierra;
engendrado con llantina de luceros
y parido entre sudores por la tierra.
El arroyo chiquinino ansía ser río
para decirnos que es el amo de la dehesa.
Por eso, hace el chiriveje ruido,
brincando como un chivi entre las piedras.
Mas solo consigue, de agua hecho un crío:
gorgorear a la Luna y las estrellas;
cual hilo líquido enrollarse en un lío
y pintar de color verde las hierbas.
Calmado su impulso, reposa y recuerda
oficios que antaño hizo él mismo:
Cuando fue molinero en la ribera
y trituraba en la muela el centeno
que el pobre arrancaba a la estéril tierra;
o trocaba el trigo en flor de harina,
mutada en pan moreno en hornos de leña.
Y cuando fue sufrido hortelano,
y dentro de los surcos su sangre vertía
para criar verduras que, por cuatro perras,
en plazas de abastos pregonadas vendía.
Fue pastor estante y dela Mesta;
mayoral de vacas bravas y ovejas.
Fue, a la sombra del cañaveral,
tocador de rabel, campanos y esquilas;
y tendido so la grama entre junqueras,
cantor dela Cañada Real Leonesa.
Todo queda en recuerdos, viejas vivencias.
Mientras, se ahoga su alma en la tristeza,
sumida en pozas de oscura pena;
pues su agua, antes cristalina,
chorrea ahora hedionda y macilenta.
Ya no oye el cantar de las lavanderas
que, hincadas de rodillas, batían sus vidrios
refregando la ropa en las paneras
entre bayuncos, junquitos y lirios.
De lavar a Periquito el pañuelo
el ofrecimiento tampoco suena.
Retumba, si acaso, en un negro sueño
el eco de sus síes dentro de la cueva.
Chopos, álamos y fresnos le preguntan,
quién le arrebató su antigua grandeza.
Y el río, con tímido rumor, contesta
que fue el hombre indolente y su insolencia.
El cansado Búrdalo, anciano en leguas,
en plena vega se vierte en Guadiana.
Dolidos por sus lágrimas le consuelan
ninfas de oro y pececinos de plata.
Eduardo Moreno García
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