¡El Señor ha resucitado! ¡Aleluya!

Los cristianos celebramos la fiesta más trascendente del año: el «paso» de Jesús de la muerte a la vida. Celebramos el misterio esencial de nuestra fe. Celebramos el triunfo de nuestro Salvador sobre la muerte y el pecado.

En este tiempo, el Señor resucita en cada uno de los enfermos que, sin la compañía de sus seres queridos, luchan por superar la enfermedad. En el personal sanitario, que con su entrega arriesga su vida por salvar la de otros, y que trasladan a los enfermos el calor de sus familias durante su convalecencia.