La Diputación Foral de Gipuzkoa, a través del Departamento de Innovación y Sociedad del Conocimiento, se ha comprometido por el desarrollo de la Inteligencia Emocional en los ámbitos: escolar, familiar, organizacional/empresarial, y, socio-comunitario. Compromiso que se traduce en promover e integrar un territorio emocionalmente inteligente y un territorio innovador: Gipuzkoa. Y, de hecho, el desarrollo de la Inteligencia Emocional constituye uno de los cuatro objetivos estratégicos del Departamento.
En este sentido, hemos querido empezar a construir la garantía de futuro desde la base: la educación de nuestras hijas e hijos en el ámbito educativo. Es decir, queremos apoyar la función educativa que desempeña el sistema educativo formal como pilar del aprendizaje a lo largo de toda la vida.
Por ello, en el ámbito educativo hemos venido promoviendo: la formación de los equipos directivos y del profesorado, a través de un itinerario formativo; acciones de sensibilización, acciones piloto en los centros, evaluaciones de impacto, etc.; y, acabamos de presentar un proyecto de “Plan de Centro” que facilite la integración de la educación emocional en el aula.
Hoy os presentamos un proyecto que, durante dos años y medio, hemos ido elaborando, creando y que queremos experimentar y mejorar con las aportaciones de los propios centros educativos. El objetivo de este proyecto es ofrecer a toda la comunidad educativa guipuzcoana, desde los 3 a los 20 años, un programa práctico y orientativo, así como transversal, para el desarrollo de la Inteligencia Emocional, desde la “acción tutorial”, con el fin de lograr que nuestras y nuestros jóvenes, al finalizar su proceso de formación académica, hayan adquirido, también, competencias emocionales que les permitan:
• Aumentar su nivel de bienestar personal.
• Convertirse en personas responsables, comprometidas y cooperadoras.
• Mejorar su calidad de vida tanto física, como emocional, en una andadura a ser más felices que las generaciones anteriores.
• Aumentar sus logros profesionales.
Hemos querido con todo este material, dar respuesta a la notoria inquietud que nos han manifestado tanto personas educadoras, como padres y madres. Este proyecto nunca podría haber alcanzado su destino si no hubiera sido por la entrega y colaboración de toda la comunidad educativa guipuzcoana implicada.
Este proyecto me lo planteo como un trabajo de competencia emocional, que ayude a formar personas más sanas, capaces de hacer frente por sí solas a sus problemas (es decir, más autónomas) y de analizar los sucesos de su vida.
Desde los estudios de Carl Ranson Rogers en los años 40 y de Daniel Goleman en 1996, la noción de inteligencia emocional y la idea de que expresar, conocer y encauzar adecuadamente las emociones es necesario y beneficioso, están plenamente aceptadas. Goleman afirma:
La investigación científica ha demostrado que la autoconciencia, la confianza en uno mismo, la empatía y la gestión más adecuada de las emociones e impulsos perturbadores no sólo mejoran la conducta del niño, sino que también inciden muy positivamente en su rendimiento académico.
Tradicionalmente, las comunidades educativas, y en general la sociedad, han priorizado la dimensión de los aprendizajes centrados en las competencias cognitivas, dejando, en segundo plano, otras competencias básicas sociales o relacionales, primordiales para el desarrollo integral del alumnado. Hoy se acepta que la inteligencia académica no es suficiente para alcanzar el éxito profesional ni garantía del éxito en nuestra vida cotidiana. En este sentido, el Programa Escolar de Desarrollo Emocional (P.E.D.E), promovido por la Consejería de Educación y Ciencia del Principado de Asturias, pretende contribuir a que el alumnado, desde edades tempranas, sepa manejar eficazmente sus emociones, para mejorar su rendimiento escolar y para lograr el éxito personal, tanto académico como social, y su desarrollo integral como persona.