Reino Medo y Persa Aqueménida
Los medos y persas eran grupos indoerupeos iriginarios de las costas del Már Báltico, que se establecieron luego en la meseta de Irán. En 1000 a. C. se dividieron en dos grupos: los medos se ubicaron al norte, entre el Mar Caspio y los montes Zagros, mientras que los persas se instalaron en la zona del Golfo Pérsico.
Lo medos viviían en aldeas independientes, sometidos por los Estados vecinos, como los asirios y los caldeos, hasta que en el siglo VII lograron unificarse y transformarse en una potencia regional. Establecieron un reinado con sede en Ecbatana, ciudad cercada a la actual capital de Irán, Teherán, y participaron en la destrucción del Imperio Asirio. También ampliaron su dominio sobre sus vecinos, los persas.
Sin embargo, los medos no constrituyeron un imperio, no realizaron conquistas militares a gran escala como sus vecinos, tampoco organizaron sus dominios en provincias, ni los sometieron al pago de tributos.
En 550a.c , los persas se rebelaron contra el dominio de los medos, bajo el mando de su Rey Ciro II y los derrotaron. A partir de allí construyeron el mayor imperio conocido hasta entonces. Ciro conquistó toda la meseta de Irán, Mesopotamia, Mediterráneo Oriental, Asia Menor y las costas occidentales de Grecia. Su hijo, Cambises II, incorporó Egipto y amplió sus dominios hasta el Río Indo.
Para mantener este gran territorio, los persas dividieron su imperio en 20 provincias o satrapías, la cual cada una estaba a cargo de un gobernador o sátrapa, quienes esran controlados por inspectores que reportaban al rey. En busqueda de una mejor comunicación desarrollaron una red de caminos que unían todas las regiones del imperios desde sus ciudades principales. Una de sus particularidades fue incorporar al gobierno aquellos funcionarios de los lugares conquistados y respetar cada tradición. Hablamos de una coerción militar con prácticas de consenso.
Tras el reinado de Darío, constructor de Persépolis, lo sucedió Jerjes, quien enfrentó diversas insurrecciones. Sus principales adversarios fueron las polis griegas que lo derrotaron en Salamina en 480 A c y a partir de allí el imperio entró en decadencia, hasta que finalmente Alejandro Magno venció a Darío III en las batallas de Issos (334 a.c) y Arbelas (331 a.c.)