Actualmente, la caza se ha calificado como un deporte, ya que se practica por 'diversión'. Lo que genera una agresión continua hacia los ecosistemas, con las graves repercusiones nuestro planeta, sumido en las acciones descontroladas en su contra, basadas en intereses de todo tipo, sin considerar las consecuencias. Los defensores de la caza aseguran que es una actividad que ayuda al control de poblaciones; pero, en España, lejos de ser una acción que ayuda al equilibrio natural, es la causa de muchos de los problemas. Se valora el efecto fuerte y negativo que esta crea en el equilibrio natural, el bienestar animal, la biodiversidad y el desarrollo rural. La principal consecuencia de la caza en España es la pérdida de la biodiversidad de las especies.
Algunas de las acciones relacionadas con la práctica y la gestión de la caza, como el uso de venenos, el uso de varios métodos para controlar depredadores o el disparo directo, han estado y están conectadas con las razones de la disminución de especies tan emblemáticas como el lobo ibérico, el oso pardo, el lince ibérico, el quebrantahuesos, el águila imperial, el águila perdicera o el milano real, todas ellas consideradas en peligro de extinción.